¿Cómo hace una banda desconocida para inventar un tour "falso" por Europa y salirse con la suya?

«Un fantasma recorre Europa.»
Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista

 

¿Cuál es el sueño de un músico? Hay una variedad de respuestas, pero una de ellas, la más trillada, podría ser: “Tener una banda exitosa y conquistar el mundo con una gira inolvidable”. Un deseo que seguramente haya pasado por la cabeza de toda persona que alguna vez incursionó en el difícil e injusto universo de la música profesional. Hasta aquí, no hay ningún problema a la vista, nada que indique la posible existencia de un conflicto; uno que puede aparecer cuando se intenta hackear al sistema, algo que intentó hacer –con bastante más éxito del imaginado– una ignota banda norteamericana llamada Threatin.

Hace unos meses comenzamos a hacernos eco de una noticia bizarra y divertida –“Un desconocido conjunto norteamericano de heavy metal toca en locales vacíos en los principales países de Europa”– que terminaría por exhibir aristas mucho más complejas que las que estaban al alcance de los ojos.

¿Por qué colocamos como marco de este relato a la naturaleza injusta de la industria musical? No es raro que un artista, buscando atención, exagere la cantidad de entradas que vendió en un show. Ahora bien, ¿qué sucede cuando esa mentira, en apariencia inocente, esconde una gran estafa? Tal fue el caso de Threatin y su “Breaking the World Tour”, que los llevó a girar por Europa a fines del año pasado. Un grupo sin vuelo comercial que desde Los Ángeles logró gestionar una gira internacional sin tener ninguna entrada vendida ni una base de fanáticos a nivel local que justificase su presencia en el viejo continente.

Ante las dificultades para romper un techo impuesto por la mano invisible de la industria, Jered «Threatin» Eames, su líder y cantante, se hizo pasar por una agencia inexistente (“Stageright Bookings”) y utilizó imágenes y videos ajenos de recitales repletos en Estados Unidos para convencer a los lugares en Europa de que valía la pena contratarlos. También compró 38 mil likes en su fanpage de Facebook, clicks en el botón “Asistiré” de eventos también falsos y centenares de vistas y comentarios en publicaciones de YouTube. Como si todo esto fuese poco, este personaje también mintió acerca del número de entradas vendidas con anticipación, elemento clave para entender el engaño a los locales europeos.

Así fue la promo de la gira de Threatin:

La primera presentación del tour fue el primero de noviembre del año pasado en The Underworld, un pequeño local en Camden, al noroeste de Londres. Esa misma noche comenzó a derrumbarse toda la precaria estructura sobre la que se sostenía su estafa: de las 291 personas que supuestamente habían comprado su ticket, solo aparecieron tres en el recinto, generando un gran malestar en sus dueños, que denunciaron lo sucedido en sus redes sociales, alertando a otras posibles víctimas.

El coletazo llegó en pocas horas a los dueños de The Exchange, en Bristol, quienes luego de tener confirmadas 180 entradas, se encontraron con que solamente pasaran por las puertas de su local algunos invitados que estaban anotados en la lista de la banda soporte. No les llevó demasiado trabajo averiguar que el supuesto “manager” de Threatin se encontraba en Los Ángeles, que ellos no habían vendido ninguna entrada y que las personas que habían confirmado su asistencia en el evento de Facebook eran todos residentes de Brasil. El show se llevó adelante luego de que le exigiesen a Jered que pagase todos los costos. Luego, la gira fue cancelada y la banda deapareció del universo virtual, salvo por un breve y sugerente posteo en el que se preguntan “¿Qué son las noticias falsas?”.

“Stageright Bookings”, además de ser una agencia de mentira, tenía en su sitio web una extensa lista de bandas inexistentes como Newport, Michael Nicolas, Catalyst, Sunrise Station, The Remedy, Decline y Landing Priority. Además de la agencia, Eames también creó un sello discográfico falso llamado “Superlative Music Recordings”, nombre que desde el vamos es un pésimo chiste y que, casualmente, también tenía contratados a los artistas nombrados. Una agencia de prensa bajo el nombre de “Top Rock Press” también aparece en esta red de mentiras, con un sitio web que es una colección de plagios de notas a grandes bandas publicadas por los medios especializados más importantes del mundo y el premio al “Artista del año” entregado por la revista ni más ni menos que a…!Threatin!

La realidad es que un músico que tenía 43 oyentes en Spotify logró convertir un tour falso en una noticia de interés global, es decir, ejecutó una movida publicitaria y delictiva insólita. La imposibilidad de conseguir el éxito “por derecha”, es decir, apegándose a las reglas de la industria lo llevó a intentar una jugada muy audaz y bastante lógica si se analiza el contexto.

Eames creció en la remota localidad de Moberly en Missouri, sin mayores expectativas que escapar lo más pronto posible de un lugar que estaba condenado al olvido. Aprovechando el gusto de su padre por el heavy metal, Jered aprendió a tocar la guitarra y formó Saetith junto a su hermano Scott, sorprendiendo a los locales con una andada de riffs veloces y letras que hacían del satanismo su ley.

Para el lamento de Scott, la atención recibida fue demasiado para nuestro protagonista, disparando su ego hasta los cielos y haciéndole creer que era una verdadera estrella de rock. Se mudó a Los Ángeles a los 17 años con una certeza: si con Saetith había intentado crecer por todos los medios habituales y había fracasado a pesar de tener buen material, esta vez buscaría otra manera de cumplir el sueño del rockstar.

Más de setenta canciones grabadas íntegramente por él, diez mil dólares y una masterización a cargo del legendario Greg Calbi dieron como resultado un disco que, según explicó el mismo Calbi a la Rolling Stone, posee un sonido entre cursi y pop de los ochentas. Esto fue la antesala del desastre: imitando a íconos como Alice Cooper y Marilyn Manson, eligió vestirse de diablo y erigirse como el “salvador del rock and roll”, un género que por su historia y vigencia tiene tantos (falsos) profetas como tan poca necesidad de ser rescatado.

La historia de Threatin terminó siendo una combinación entre las delirantes tramas de The Room (2003), Almost Famous (2000) e I’m Still Here (2010). En su mundo fue una estrella inigualable, pero dejó tras de sí un tendal de enojo y decepción que, sorpresivamente, no estaban dentro de sus cálculos; tanto sus compañeros de banda como sus colegas que fueron convocados para ser teloneros, en un acto de cordura, nunca observaron los hechos desde el enloquecido prisma de Jered Eames. Narcisismo clínico, delirios de grandeza y una inconsciencia difíciles de olvidar.

Tal cual el resurrecto Tommy Wiseau, en estos momentos las otrora víctimas del engaño de Jered Threatin pretenden que regrese a tocar a sus bares y discotecas. Eames terminó su propio cuento siendo la prueba concreta de que es imposible escaparle a las reglas de una industria que siempre entorna sus puertas en el momento justo: todos ellos saben a ciencia cierta que, luego de esta sobreexposición mediática («Toda publicidad es buena publicidad») cualquier presentación suya sería un sold-out exitoso lleno de ganancias para ellos.