The Strokes es una banda que, gracias a sus primeros discos, ha logrado (con mérito) que el reflector esté sobre sus integrantes por  el resto de sus días, hagan lo que sea que hagan. Mientras su guitarrista Albert Hammond Jr. sacó un nuevo disco solista en marzo, su cantante Julian Casablancas retoma su proyecto paralelo The Voidz y quita su nombre del título (antes se autodenominaban Julian Casablancas + The Voidz) para solidificar lo presentado en su primer disco. El resultado es algo confuso y con apreciaciones extremadamente disímiles, generando un álbum provocador y polémico.

Foto: Sony Music Press

The Voice

Lo principal para tener en cuenta en un álbum tan esquizofrénico es que, pase lo que pase, es mucho más interesante que el desganado Future Past Present EP (2016) de The Strokes. Porque, aunque haya sacado su nombre del título, The Voidz sigue siendo (y así será durante un rato) el proyecto paralelo de Julian Casablancas, incluso con el baterista de Wolfmother en sus filas. Y siendo una reseña desde Argentina, no es un dato menor: Julian tiene un gran trato con el público argentino, ha venido varias veces e incluso The Strokes dio el show más grande de su historia en nuestro país durante el Lollapalooza 2017, dato que a priori pareciera disminuir el logro… pero sabemos muy bien que cuando el público argentino no quiere ver algo, se va. Por lo tanto, el fanatismo estará servido en la mesa y es probable que se le perdone todo por ser Julian o se demonice al álbum porque no es The Strokes. Paciencia.

Con 15 pesos me hago alto disco

Paciencia es la palabra clave, porque la principal característica del álbum es el rejunte de cosas que componen, necesitando varias escuchas para conseguir claridad. Erróneamente comparado por su eclecticismo con Boarding Reach House, el último álbum de Jack White, cada canción parece sacada de un disco diferente, lo que presenta alegrías e inconvenientes.
Este guiso estilístico ofrece un viaje ruidoso que va desde los estribillos pegadizos de Ed Sheeran a  las guitarras disonantes y ritmos trabados de The Mars Volta; del industrial ruidoso de Pigface al peso y oscuridad de los Arctic Monkeys; de la tecnología avant-garde de Daft Punk y el sonido (claramente asaltado) de Mac de Marco, al sonido (claramente asaltado, pero esta vez con derecho) de The Strokes. Sin embargo, no se trata de una fusión sincrética, cual color blanco compuesto por todos los demás colores, sino que es un vaivén de influencias y géneros que bien pueden vivirse como una montaña rusa emocionante o como un colectivo a 120 km/h por una calle bacheada. De todas maneras, el oyente está sometido a un viaje movido.

The Boys

Eso en sí mismo no es un problema ni mucho menos, ¿qué más podemos pedirle a un artista, sino que no sea conformista y nos sacuda un poco? Pero aquí comienzan ciertas subjetividades que tiñen el concepto general. La verdad es que, desde una mirada abarcativa, realmente no suenan convencidos de lo que están haciendo. Si bien el “estilo desganado” de Julian Casablancas es marca registrada, hay algo en el sentido de la música que se siente como poner todos los ingredientes juntos y no necesariamente ver qué es lo que realmente funciona, encontrar eso que realmente los identifica por sobre el resto de los demás. En diversas entrevistas la banda envía mensajes crípticos y confusos sobre el significado del álbum y terminan concluyendo que les importa un carajo qué puede pensar el oyente, así que es probable que tampoco les importe mucho el resultado sino simplemente hacer un nuevo disco. Para bien o para mal, se nota.

Un argentino en Nueva York

No neguemos que nos encanta saber cuándo hay algún argentino involucrado en algún evento internacional. En este caso, la tapa es una obra del 2015 de Felipe Pantone, quien comparte nacionalidad española.

Foto: Sony Press

¿Vale la pena?

En lo que sin duda es un disco que dividirá opiniones por doquier, queda claro que se trata de un álbum extremadamente desparejo que no termina de explotar las mejores facetas del grupo. De todas maneras, el juego es tan amplio que sería muy raro que no odies o ames alguna canción. El random propone una dinámica muy distinta cada vez que le damos play al álbum, en un disco que probablemente el tiempo transforme en una rareza y nada más.

Todavía falta para que The Voidz se consolide como grupo, pero sería una lástima que abandonen la búsqueda. El camino es fértil, el talento está, las ideas existen… solo falta un poco de enfoque y podemos tener en manos una banda asertivamente artística y no solo agresiva.

Recomendados: All wordz are made up, Pyramid of bones, We’re Where We Were

Mira el videoclip de ‘All wordz are made up’ aquí: