Este grupo de jóvenes ingleses radicados en EE.UU, vienen de telonear a los Rolling Stones gracias a sus aplastantes shows en vivo. Ahora, para su segundo álbum, se toman muy en serio el voto de confianza que la industria les otorgó y quieren sonar en todos los parlantes. Y tienen con qué.

Foto: Catie Laffoon

Show Must Go On

Resulta duro admitirlo, pero siempre es útil que haya una (buena) banda más o menos rockera y productora de hits capaces de competirle a las estrellas pop, hip-hop y electrónicas en los charts para que el rock sostenga un interés en el mainstream empresarial y así mantenerse rentable y estable en el inconsciente colectivo. Ya lo hicieron Bruce Springsteen, Guns n’ Roses, Aerosmith, Lenny Kravitz y tantos otros; y aunque Dave Grohl se las arregla para ser noticia todas las semanas, no sabemos cuánto le queda con sus Foo Fighters. The Struts promete ocupar ese espacio en los tiempos que vienen, en un disco consagratorio con hits de estadio.

Let Me Entertain you

Las canciones son hijas de un pop-rock guitarrero británico y fiestero que ondula en un peligroso equilibrio entre Queen, Robbie Williams y Franz Ferdinand, y, en menor medida, entre The Darkness e Imagine Dragons. Con cada nueva escucha, el disco parece un poco menos rockero que antes, porque su nuevo productor, Butch Walker (Panic At The Disco, Fall Out Boy), organizó las canciones maquiavélicamente para enganchar a su audiencia: empieza con lo más rockero para ir descendiendo lentamente hacia un mundo más cercano al cliché pop, para que cuando el oyente que se enganchó con las primeras canciones empiece a incomodarse, se levante la intensidad progresivamente (cortesía del doblete ganador ‘Tatler Magazine’ y ‘Do It So Well’), logrando que los dos extremos sean lo más disfrutable del álbum.
Viejo truco: nos quedan las dos sensaciones más agradables en los momentos más críticos de la escucha, pero los temas que venden son los del medio. Esta idea de apostar a una escucha del disco de principio a fin en 2018 es arriesgada, ya que un random puede cambiar radicalmente el perfil de escucha: quedan advertidos. La intervención de Walker también explicaría los cambios estructurales de las canciones a aquellos que disfrutaron el primer álbum de la banda, Everybody Wants (2014).

I Do it So Well

Que la banda sea comparada con Queen en más de una ocasión, no se debe solo a cuestiones de vestuario: hay una manera de organizar las canciones y combinar el rock con el pop que presenta deliciosas similitudes con la banda de la reina, al igual que su voz principal. No se dejen engañar: su cantante, Luke Spiller, es cosa seria. Más allá del intencional autotuner en momentos claves, su voz recorre lugares que ni siquiera pueden plantearse como “homenaje” a Freddy Mercury, porque aquellos que llegan allí merecen desplegarlo sin que se los acuse de nada. Los coros tienen un estilo más moderno, con color a MTV de los 2000 (seguramente de la mano de Walker), y la guitarra se permite chorear a Brian May en diversas ocasiones sin temor a exagerarlo. También se supone que hay una batería y un bajo.

I Believe in a Thing Called Rock

Así es que suenan casi en simultaneidad una guitarra rockera de finales de los ’80 con el bombo y palmas que alguna vez perteneció a ‘We Will Rock You’, pero que ahora son parte del manual del hit millenial. La primera postura que pueden tomarse frente a este sonido es que están pervirtiendo al rock y vendiéndolo más que colaborando (sin necesidad de hacerlo intencionalmente) a mantenerlo vigente.
Pero la esperanza está en el aparentemente innecesario bonus track de ‘Body Talks’ junto a la superestrella pop Ke$ha. Sin duda alguna, esta versión va a generar muchísima mayor circulación de dinero que la original y no solo por la participación de Ke$ha, sino por sus guitarras y beats más edulcorados, blandos y amigables para el mercado mundial. ¿Por qué ésta versión es la esperanza, entonces? Porque a pesar de tener esa bomba comercial a su disposición, deciden colocarla como bonus track y abrir el disco con su propia versión, indiscutiblemente más rockera. Con esto, The Struts demuestra que tiene las herramientas y la infraestructura necesarias para hacer un éxito de manual, pero aún así decide seguir apostando al rock y la mística que exhuda. Les gusta, les sienta bien y los representa. Y esta buenísimo que así sea.

Foto: Danny Clinch

¿Vale la Pena?

Siempre al borde de ser el soundtrack del caretaje, The Struts plantea una táctica de supervivencia para el rock que implica adaptarse a ciertos patrones del pop millenial sin perder la mística rockera de antaño. Nada que Mtv no hubiese hecho en sus años mozos.
Si nos ponemos en rockeros ortodoxos, hay un millón de cosas polémicas y otro millón para cuestionarles. Pero cuando la fiesta suena tan arriba, sofoca cualquier rezongo.
Quizás algún día deban tomar una decisión entre estos dos mundos que hoy fusionan, pero eso caerá por su propio peso y el tiempo lo demostrará: mientras tanto, esto está pasando.

Recomendados: Do It So Well, Body Talks, Tatler Magazine

Escuchá el álbum completo aquí:

Mirá el videoclip de ‘Body Talks’…

…y seamos honestos: ¿No se los ve mucho más incómodos en esta versión?