A veces, es difícil asimilar la edad de trabajos clásicos como éste: medio siglo de antigüedad hace que el disco parezca un vejestorio y, al mismo tiempo, no fue hace tanto que sonó por primera vez. Así es que The Beatles (El Álbum Blanco, para los amigos) se reedita con una enorme cantidad de extras, cuyo valor y necesidad requieren una disección concienzuda si queremos encontrarle un sentido más amplio a que McCartney quiere cambiar el auto.

Birthday

Este no es el lugar para hablar del sinfín de anécdotas y efemérides que el álbum generó: hay suficiente bibliografía especializada que puede contárselos de un modo más detallado y agradable que el espacio dedicado a la reedición de su 50 aniversario.
Pero sí hay algunos datos a tener en cuenta (o al menos para refrescar) que colaboran a entender lo que vamos a oír: los Beatles venían muy decepcionados de su viaje con el Maharishi, al cual habían ido a buscar paz espiritual; se internarían en estudio 73 días, un tiempo récord para cualquier artista hasta el momento; el último trabajo editado era Magical Mistery Tour (1967), el cual había sido bastardeado y vivido como un fracaso tanto musical como fílmico; Yoko Ono estaría presente durante todas las grabaciones e incluso llegaría a grabar coros; y tanto buenas como malas lenguas, aseguraron que el clima interno era terrible, a tal punto que Ringo llegó a renunciar a la banda y desaparecer por semanas.

 

Everybody’s Got Something To Remaster

Con las remasterizaciones de álbumes clásicos como éste, inevitablemente nos preguntamos cuán necesario era. Ni siquiera nos referimos a una limpieza sonora que quite los «ruidos» de grabación, sino a la vieja argumentación de que el sonido “ahora es más cristalino” y “se escuchan cosas que antes no se escuchaban”. Es cierto, pero ¿No sería a propósito que en su momento los Beatles no querían que se escuchen nítidamente? Como ellos siempre fueron alquimistas sonoros que transformaban las imperfecciones de grabación y la falta de recursos en herramientas intencionales, es difícil saberlo. Sí, está verificada… por Ringo (cuyo criterio musical por fuera de la batería vive cuestionado), Paul (que sabemos cuánto le gusta ganar un poco más de plata) y Giles Martin, hijo de George Martin, que por mejores intenciones que tenga, no vivió en carne propia el espíritu de grabación del álbum original. También es cierto que los audios originales hoy resultan difíciles de escuchar para las nuevas generaciones, pero ya teníamos las detallistas remasterizaciones del 2009. ¿Entonces? La remasterización de los tracks originales debe servir como complemento del original y jamás sustituirlo. Nos ayuda a entender mejor qué pasaba en el estudio, qué instrumento golpearon y con qué intensidad, como una luz detrás del telón del teatro negro, teniendo en cuenta que no nos acercará bajo ninguna circunstancia a lo que los Beatles querían que los oyentes escuchemos. Realmente: ¿va el remaster a lograr alguna diferencia sobre la provocación artística que fue ‘Revolution 9’? Por favor…

 

Back in the U.K.

La verdadera estrella de esta reedición, es una pieza de colección catalogada como Esher Demos. Sucede que al regresar de su viaje con el Maharishi, los Beatles se reúnen en la casa de George Harrison en Mayo de 1968 y se ponen a grabar con una Ampex de cinta.
En términos musicales, no hay mucho más que versiones acústicas, algunos coros y percusiones improvisadas. Pero sabemos de antemano que se trata de versiones primitivas de canciones que integrarían álbumes posteriores, sonando crudas y absolutamente catárticas, con ideas que irían mutando con el tiempo y el aura de alegría que tiene una canción recién concebida.
Muchas canciones como ‘Glass Onion’ o ‘Happiness is a Warm Gun’, no tienen una letra final y son reemplazados por tarareos improvisados; ‘Cry Baby Cry’ se siente mucho más íntima y cariñosa que la versión de estudio; ‘While My Guitar Gently Weeps’ está a miles de kilómetros de distancia de la versión final, a tal punto que todo indicaba que sería un tema folk de la banda, o quizás uno de esos con influencias desérticas que Harrison solía traer. La versión de ‘The Continuing Story of Buffalo Bill’ es la que encuentra a la banda con un espíritu más lúdico, donde golpean las mesas y hacen ruidos de animales para estimular la canción.
Muchas canciones no integrarían el álbum blanco, como ‘Polytheme Pam’ o ‘Mean Mr Mustard’, y algunas ni siquiera la discografía de los Beatles: ‘Junk’ aparecería en el debut solista de Paul McCartney (1970) y ‘Child Of Nature’ sufriría suficientes cambios para convertirse en ‘Jealous Guy’, que se edita por primera vez en Imagine (1971) de Lennon.
Los Esher Demos circulaban en formato pirata bajo el nombre Kinfauns Demos (ambos títulos en relación al nombre de la casa de Harrison) con una calidad… digamos mala, solo para ser generosos con la época. Así que, en este caso, la remasterización rinde sus frutos y nos permite tenerlos cantando al lado de nuestros oídos.

Why Don’t We Do it in Abbey Road

El titánico contenido continúa con 50 tomas y descartes ordenados cronológicamente.
Todo arranca con una larguísima versión de ‘Revolution 1 (Take 18)’ llena de improvisaciones, que cierra con Yoko recitando poesía y riendo. Se la escucha preguntando tímida pero alegremente “¿fue demasiado?”, acompañada de felicitaciones y risas.
Las versiones desnudas de ‘Good Night’ la vuelven una de las canciones más beneficiadas con estas tomas alternativas, ya que sin las orquestaciones de fondo su personalidad cambia por completo: aquellos que prefieren el formato banda al de orquesta, sentirán que la canción está mucho mejor ahora. Algo parecido pasa con ‘Martha My Dear (Without Brass and Strings)’ que si bien está llena de espacios vacíos permite una reinterpretación de la pieza.
‘Cry Baby Cry (Unnumbered Rehearsal)’ presenta una versión mucho más oscura y blusera que la original, con una interpretación de Lennon que pide ser acompañada con un martini. ‘Sexy Sadie (Take 3)’, pierde dramatismo vocal, avanzando lenta y pesadamente, acercándola un poco más a ‘Karma Police’ de Radiohead (a su manera, claro está).
‘Ob-La-Di, Ob-La-Da (Take 3)’ está acelerada y sin piano, mucho más cerca al Esher Demo que a la versión final que aún hoy día circula en algunas radios. Suena menos cumbiera (lo que más de uno sentirá como un alivio), pero resulta fácil entender que, para ese entonces, pasaría inadvertida en su catálogo y que necesitaba distinguirse del resto.
‘Helter Skelter (First Version ; Take 2)’ es un mantra monocorde de 13 minutos que suena a un ritual pagano destinado a invocar la inspiración. Estaba la idea, estaba la melodía, pero faltaban la ferocidad y los riffs. Para ‘Helter Skelter (Second Version; Take 17)’ ya sabían a donde iban, y a Paul le gustó tanto que pide al micrófono que guarden la toma y la marquen como favorita. Sucede que Paul está en modo rockstar, no solo rompiéndola en la segunda versión de ‘Helter Skelter’, sino pelando terribles notas en ‘Hey Jude (Take 1)’ y siendo la envidia de Little Richard en ‘Why Don’t we do it On The Road (Take 5)’. La voz no lo es todo cuando hablamos de él: su ausencia en ‘Dear Prudence (Vocal, Guitar & Drums)’ muestra por omisión la importancia de su rol de bajista.
‘While My Guitar Gently Weeps (Acoustic Version ; Take 2)’ parece más una canción de cuna que otra cosa y –nuevamente- sorprenden las mutaciones que sufrió para terminar siendo otro tema que aún rota en radios actuales.
Es gracioso escuchar que en ‘Happiness Is a Warm Gun (Take 19)’ Lennon habla con el control buscando una manera más fácil de organizar una de las canciones más complicadas de su catálogo, sino la más. Y como ‘Happiness…’ lo es de una manera obvia, asombra que en ‘Julia (Two Rehearsals)’ se queje al grito de “¡es muy difícil de cantar!”.

 

Happiness is a Warm Gun

En términos generales, siempre hay algún juego con eco de risa para encontrar en los recovecos de los tracks. Es así que lo más agradable es la seguidilla de 6 tracks con zapadas y versiones fallidas que van desde ‘I Will (Take 13)’ a ‘Can You Take Me Back (Take 1)’, con el grupo boludeando, riéndose y disfrutando. También sucede en ‘Lady Madonna (Backing Vocals from Take 3)’ o en la íntima versión de ‘Long, Long, Long (Take 44)’.

 

En busca del pifie perdido

Si leyeron el artículo Pifies Increíbles Que Quedaron En Los Discos (y si no, hagan click, y léanlo ahora) notarán que no estábamos del todo seguros si la intro “corrida” de ‘Everybody Got Something To Hide Except For Me And My Monkey’ era un pifie o un arreglo adrede y que las versiones alternativas no nos daban respuestas. Por supuesto, creímos que tanto el Esher Demo y el Unnumbered Rehearsal de esta canción iban a proporcionarnos alguna.
No fue así.
Que el misterio prosiga.

 

¿Vale la Pena?

Lo dijimos alguna vez y lo repetimos: escuchar a los Beatles es como leer a Borges o ver a Hitchcock. Sin discusión alguna, éste es un álbum que debe ser escuchado al menos una vez, entendiendo que es probablemente de los trabajos más difíciles de digerir del cuarteto.
Los extras nos acercan más al artista y aquello que pasaba. En términos exclusivamente musicales, va a gustarle más a aquellos que disfrutan el formato clásico de rock y las interpretaciones crudas. En términos de utilidad, son un gran tesoro para el coleccionista o arqueólogo musical, aunque quizás tal cantidad de material prometía más rarezas que las que dejó.
Como síntesis, el valor que quizás verdaderamente deje es que, a pesar de ser uno de los momentos más tensos de la historia de la banda, la música los reunía y revitalizaba de alguna manera. Y devuelve un poco ese cariño que tenemos por el arte.

Recomendados: Los Paranoias (Studio Jam), Good Night (Take 10 with a Guitar Part from Take 5), While My Guitar Gently Weeps (Esher Demo), Sexy Sadie (Take 3), Cry Baby Cry (Esher Demo)
Escuchá el álbum completo aquí (¡sí, está completo!):

Hay algo de material en Youtube. Espialo si Spotify te abruma: