Por tercera vez llegó al país una banda que hace más de 10 años no para de crecer exponencialmente a nivel mundial. Era una fría noche primaveral, sin embargo lo que nos aguardaba dentro del Asbury Music Club valía la pena.

Fotos: Serena Rozen
Reseña: Stefano Ranieri

Con una gran frescura, mucho poder y un buen sonido, Silverstein hizo bailar a todo el público, interpretando canciones como ‘Smashed Into Pieces’ del disco When Broken Is Easily Fixed, pasando por ‘Call It Karma’ de Discovering the Waterfront y ‘On Brave Mountains We Conquer’ del álbum This Is How the Wind Shifts, hasta ‘Face Of TheEarth’ de su último disco I Am Alive in Everything I Touch. El show no se caracterizó –precisamente- por un gran despliegue de luces o una pantalla cautivante, en todo momento prevaleció la potencia de la música.

La voz de Shane Told no estuvo en su mejor versión, más aun así lo estuvo su actitud. Las guitarras de Paul Marc Rousseau y Josh Bradford sonaron como si se escuchase un disco; Billy Hamilton tocando el bajo fue muy correcto y Paul Koehler arrasó en baterías. Sin dudas, un buen espectáculo.

El momento más esperado de la noche llegó sobre el cierre. Cuando Josh y Paul comenzaron a tocar los primeros acordes de ‘My Heroin’ se generó una marea de desesperación de los admiradores por estar cerca del guitarrista.

El único reproche de la noche fue el tiempo que duró el espectáculo, el cual fue corto. Sólo 17 canciones interpretó la banda canadiense, dejando a los espectadores sedientos por escuchar más. En Argentina hay un público fiel y movilizado, que espera -casi con urgencia- una nueva visita de Silverstein.