Desde mediados de los sesenta hasta que aparecieron las plataformas digitales, el álbum fue la forma de expresión y consumo por excelencia en el rock y en el pop, por lo que el LP es, aún hoy, concebido socialmente como la pieza que mejor representa el lugar de las bandas en el mundo del rock. Cuando se evoca un período de la historia del rock, es imposible no mencionar una serie de obras que sirvan de referentes. En esta investigación, Victoria Belohlawek describe las tres etapas que conforman la realización de un disco.

Desde que una banda toma la decisión de grabar un álbum hasta que el material llega a difundirse por diferentes medios pueden pasar meses o años. Todo depende del dinero con que se cuente. Los precios son muy amplios y se podría decir que no tienen techo. ¿Cuál es el camino de un disco?

Grabación
El primer paso es la producción de los temas. Puede estar a cargo del grupo o de un productor, quien asesora a los artistas y pule las canciones a su criterio. Una vez realizado ese proceso, ya pueden grabar. Matías Tulián, músico, productor y técnico en sonido y grabación de la Universidad Nacional de Lanús, afirma que el dinero es una traba habitual: “En base al monto que el conjunto esté dispuesto a invertir se deciden diferentes cuestiones, como cuál será el estudio. En Argentina tenemos la suerte de contar con lugares de primer nivel, pero los costos por jornada suelen ser muy altos, entonces se analiza según el presupuesto dónde se realizarán las grabaciones, la mezcla y el mastering”. Y agrega: “Muchas veces no es necesario gastar un dineral para realizar una buena producción, entonces lo resuelvo en El Recinto (el estudio donde suele trabajar), la sala de ensayo de dicha banda o mi casa. Hoy en día la tecnología permite este tipo de cosas”.

Tulián realizó 22 discos de estudio desde 2011 y más de 100 registros en vivo, entre ellos a los Chevy Rockets y al ex Manal Javier Martínez. Actualmente, acaba de finalizar un single de dos temas para el trío stoner Era de Acuario. La grabación fue en Estudios ION en una sola jornada de diez horas y la mezcla en su estudio casero. Los honorarios del especialista por esta labor fueron $6000.

El grupo Aviadores lleva seis años de carrera y en 2016 grabó en Estudios el Pie, de Alejandro Lerner. “Es uno de los mejores del país. Fueron siete días y cada uno nos costó $6000. Grabamos nuestro primer álbum, que contiene 10 temas. El ingeniero de sonido fue Alejandro Zapiola (que trabajó para Botafogo) y contó con la producción de Abril Sosa de Cuentos Borgeanos. Los precios en este tipo de instalaciones se fijan según la cantidad de días que los músicos necesiten en el lugar y cuál va a ser su uso. Todo el combo, nos costó $125000”, desarrolla Mariano Alexopoulos, guitarrista de la banda, que luego de grabar envió el disco a masterizar a Los Ángeles por 400 dólares.

Burocracia
Una vez terminada la grabación, la siguiente etapa es la de los trámites y cuestiones legales. Lucas Córdoba fue vocal de la Unión de Músicos Independientes (UMI) y explica las herramientas que brinda esta agrupación: “Te enseñan cómo registrar los temas en SADAIC, cobrar por los derechos de autor y cómo hacer el registro del nombre, que se cuenta como una marca”. Cuenta, además, que “mucha información estaba oculta y no era difundida, como, por ejemplo: los músicos no sabían que si producían su material tenían derechos para cobrar por ser sus propios productores. Esto, CAPIF (Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas, que representa a intérpretes y productores) no lo comunicaba y así pasaron miles de álbumes independientes durante años y la plata que les correspondía a los artistas se la quedaban ellos”.

Una vez hechos los trámites, los músicos entran en otra costosa decisión: subir su material en plataformas digitales y/o editarlo en soporte físico. Sobre esto, Tulián aclara: “Por cuestiones económicas y facilidad de acceso, muchos optan hoy por publicar su material vía streaming, sea en páginas como Bandcamp o Soundcloud, que no representan gastos, o en Spotify, que cuesta 60 dólares. En cuanto a la fabricación de discos, las empresas habilitadas son pocas: Laserdisc, Megadisc, Optix, entre otras. El problema es que por lo general se exige un mínimo de 500 copias con un costo aproximado de $30 por disco. Una opción que se usa últimamente es lanzar el material en todos los streaming y realizar ediciones en cassette, que es mucho más económico que el disco tradicional y los fabricantes exigen un mínimo menor”. Lo complejo de decidir editar en CDR o de forma legal son algunas cuestiones técnicas: “El problema de hacerlo en un CDR, que es la forma en que se copia la información en un CD mediante cualquier computadora de forma casera, es que su contenido sólo dura 10 años en el material”. Es decir, al pasar una década desde la grabación de ese álbum, los reproductores ya no podrían leerlo.

 

 

Difusión
Sin dudas acá todavía no termina el trabajo, falta la difusión. Para esta faceta, la especialista es Celina Cassi, prensa de bandas como La Mississippi. La prensa es la encargada de hacer llegar a los distintos medios elegidos la música del artista, ya sea en formato físico o digital, y ella es la que día a día sigue el camino del disco: “El material tiene un recorrido corto, en principio, como debe ser, desde la oficina a la radio o redacción. Puede suceder que el destinatario ponga a rodar el ejemplar y quede en ese mismo medio, o lo recomiende a otros, para que pueda ser incluido en las programaciones artísticas. Hoy en día muchos de los periodistas y productores no trabajan en un sólo lugar, lo que a veces significa una ventaja para nosotros, ya que, si el álbum gusta, puede ser difundido en más de un sitio”. Saber entender las estructuras y perfiles de cada medio de comunicación es clave, plantea Cassi. “Hoy en día se lanzan materiales al mercado en diversas formas: en el caso del mainstream, sobre todo, se volvió a las ediciones en partes, comenzando por simples de difusión, como se hacía antes”, detalla la especialista. Y diferenció que, en el caso de los grupos en desarrollo, suben el álbum a las plataformas de escucha y compra digital, pero ella les pide un mínimo de materiales en formato físico para la entrega y difusión, ya que muchas veces los periodistas lo necesitan para poder ver el conjunto del producto.

Por su parte, la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual expresa en su artículo 65 que las radios “deberán emitir un mínimo de 70 % de producción nacional”. Y a su vez, tendrán que “asegurar la emisión de un 50 % de música producida en forma independiente”. Y así, este camino llega al último eslabón de la cadena para dar con quien recibe todos estos materiales que son enviados a las radios: los musicalizadores. Gonzalo Vázquez, quien inició su carrera hace diez años de la mano de Mario Pergolini en ¿Cuál Es? Al fundar Radio Vorterix, el ex CQC lo convocó para que siga desempeñándose como encargado de la música que actualmente suena en la radio: “Me llega un álbum y lo escucho. Si tengo alguna duda lo comparto con mis compañeros de equipo y lo debatimos. Y después pasaría a la rotación por la radio. No tenemos acuerdos con discográficas, ni con productoras en que tenga que sonar un tema en particular. Somos libres y me parece que todos los medios deberían ser así”, explica. Sobre el cumplimiento de la cuota de música nacional y artistas independientes, manifiesta que la emisora acata la ley: “Los artistas que no son autogestionados son contados con las dos manos. Muy pocos firman con Warner, Universal o Sony. De todas maneras, hay radios que violan la ley y no pasa nada al respecto. Todos los medios deben pasar una planilla en la cual tenemos que reportar qué usas para cortinas, qué para separadores, qué pasas de música. Se tiene que enviar constantemente. Y no creo que alguna radio haya pagado algún tipo de multa por no pasar artistas nacionales ni autogestionados”. El ya citado Lucas Córdoba hizo referencia a este tema como algo complicado: “Lo complejo era la verificación del control de las emisoras. En 2012, con la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) se firmó un convenio en conjunto para que la UMI colabore con esa tarea. Así también, se generó un banco de música independiente para que estos medios puedan descargar material de ahí, y así tenían menos excusas de dónde sacar grupos autogestionados. La UMI se encargaba de validar que el músico fuera el dueño de la obra”.

En muchas ocasiones el disco no llega al destino de ser reproducido. En cuanto a esto, el representante de la UMI reflexiona y hace una autocrítica también como músico: “Debemos ser mucho más cuidadosos de nuestro trabajo. Sabemos lo que cuesta grabar un álbum, no sólo económicamente, sino en tiempo”. Y agrega: “El músico tiene que estar muy consciente a dónde se distribuyen sus discos y del trabajo que hace el de prensa para valorar el esfuerzo, saber a quién se lo da, tener la paciencia de generar un lazo y no repartirlos porque sí. Personalmente preferiría valorar todo lo que son los medios comunitarios o independientes, que siempre tienen una predisposición increíble hacia los artistas”.

En la industria hay cada vez menos bandas dentro del mainstream y crece más el under, ya que la venta de discos dejó de ser un negocio asegurado para los sellos discográficos. A partir de la incursión de las plataformas digitales y el tráfico de datos en la web, los sellos tuvieron que cambiar el eje del comercio para subsistir y se apuntaron en el contrato conocido como 360º. Esto fue un cambio a nivel mundial, en el cual las compañías también se hacen cargo de la organización de eventos, prensa y difusión, y del merchandising de los grupos. Para finalizar, Vázquez da su opinión desde su experiencia acerca de esta situación: “Me parece que los últimos que hicieron ese cruce fueron Tan Biónica y Miranda. El tema es que, en 15 años, son solo dos bandas las que pudieron hacer “crossover” de que un tema sea cantado por los pibes de todas las clases sociales, o llamar la atención tanto del público nacional como el internacional”. Y concluye: “Un artista tarda mucho en instalarse. Creo que tiene que ver con las presiones de sellos discográficos y demás cuestiones que quieren que florezcan determinados artistas y no se reparta tal vez un poquito más todo”.