…en la vida en general hay ciertos accidentes y enfermedades que marcan y ponen obstáculos en la existencia de las personas. El mundo de la música no es la excepción.

Si de accidentes hablamos, no podemos dejar de mencionarlo. Hay casos extremos como el de Richard John Cyril Allen, baterista del grupo inglés Deff Lepard, quien en el año 1984 sufrió un accidente automovilístico en la víspera de año nuevo, producto de lo cual le tuvieron que amputar su brazo izquierdo en forma íntegra. Sin embargo, eso no lo detuvo a continuar con su profesión y siguió al frente de los tambores de la banda, con la ayuda de especialistas que acondicionaron su batería para ese fin.

Siguiendo los desafortunados casos de percusionistas, otra víctima de accidente de tránsito fue el baterista Andrew Tkaczyk de la agrupación The Ghost Inside, que en Septiembre del año pasado perdió su pierna derecha cuando se encontraba a bordo del colectivo que transportaba a toda la banda -suceso en el cual falleció el conductor.  Actualmente, se encuentra en plena etapa de recuperación y adaptación para volver a los escenarios: el mismo músico subió en las redes sociales videos en los cuales se lo ve en sus primeros ensayos superando este nuevo desafío que tiene por delante.

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Moviéndonos a ejemplos de mayor repercusión, tenemos el de Bruce Dickinson, vocalista del eterno grupo Iron Maiden (entre otros de sus diversos oficios) el cual contrajo cáncer de lengua a principios del año 2015. Este, gracias a que los médicos atacaron el tumor en una etapa temprana, se logró extirpar por completo. El frontman de la doncella de hierro volvió más fuerte que nunca, evidenciándose en el espectáculo que lo trajo de vuelta a estos pagos por duplicado en el mes de marzo; cualquier adjetivo queda chico al momento de detallar su actuación en público. Sin ser ningún especialista, puedo afirmar que el arduo tratamiento al que se sometió no dejó secuela alguna en su voz ni en su estado físico, ya que se lo escuchó en su total plenitud, volviéndonos a acostumbrar a sus desfiles por las pasarelas montadas sobre el escenario, el cual esta vez se tiñó de pirámides mayas. Otra victoria para la música.

Como los casos citados hay muchos otros, lo cual nos lleva a reflexionar acerca del valor que debemos otorgar, como espectadores y consumidores de este arte, a la fuerza que tuvieron los afectados de estas diversas contrariedades para continuar haciendo lo que más les gusta: música.