¿Qué se puede decir de Rush? Mucho, demasiado. Principalmente, que todavía no se ha dicho suficiente.

¿Qué es lo que hace una banda con 48 años tocando, aclamada por su calidad, con veintena de discos y muchos galardones, todavía a un costado de la foto? Es la historia de Rush, una de las mejores bandas que nos dio el rock, pero que la encontramos siempre alejada de los otros grupos de su nivel. Un nivel elevado, casi de la talla de Led Zeppelin, Pink Floyd, Los Doors o Los Who. Bandas que ya sonaban o empezaban a sonar allá por el ’68. De esas agrupaciones sí se habla, mucho, todo el tiempo; y está perfecto porque son otras grandes joyas que el rock nos otorgó. Pero hoy vamos a hablar de Rush, a ver si podemos integrarlo a la fotografía.

La verdad es que cuando comencé a escribir esta nota no sabía con qué empezar. Pensaba repasar lo de siempre, que Rush está compuesta por Alex Lifeson, Geddy Lee y Neil Peart, que el primero de sus diecinueve álbumes de estudio salió en 1974 y que hicieron muchos más géneros de los que se les recuerda, como hard rock y progresivo. En otras palabras, pensaba mandar mucho bla bla bla con lo que todos podemos chequear en Wikipedia. Pero lo medité bastante, y creo que Rush se merece más que eso. Un poquito más, por lo menos hoy. Para que nos preguntemos por qué es tan buena banda, y por qué suele pasar tan por alto. ¿Deberíamos? No queda otra.

Un detalle: en los setenta no había muchas bandas de rock que vinieran de Canadá. La mayoría salía de los dos grandes polos musicales: Reino Unido y Estados Unidos. Pero allá iban, unos pibitos de veinte años nacidos en Toronto que sacaron un solo disco y ya se embarcan en una enorme gira por su país vecino. Son medio nerds, no hablan del amor o las chicas en sus canciones, sino del compromiso con el arte, la literatura y otros tópicos complejos, mucha más que los que retumban por la radio. Tampoco hacen juerga en los hoteles, ni cuando acompañan a la Rockanroll all night Kiss en su época más disfrazada. Son pibitos que laburan de su música, hacen como 200 recitales al año y componen en la ruta, viajando de ciudad en ciudad, luego una semana instalados en el estudio y ya está, cocinado el nuevo álbum.

El bajista canta, el baterista escribe las letras y el guitarrista le mete punteos rabiosos que parecen de Deep Purple. Después se van a meter los sintetizadores, que Geddy Lee va a tocar haciendo malabares entre el bajo y el micrófono. Y la batería va a terminar teniendo tantas cosas que parece una choza hecha de percusión. Son locos los cambios, en especial las mutaciones que van a ocurrir en sus primeros años, porque de un sonido duro, que mezcla todo el hard rock, el sonido glam y hasta retazos que parecen anticipar la ola metalera de los años venideros; los muchachos se van a ir a un progresivo bien marcado. Temas de veinte minutos o más, tan complejos que hay que trazar mapas con la estructura, discos conceptuales que narran historias épicas o de ciencia ficción, la música que sube y baja como un reloj bien programado. No es raro escucharlos y entender que vieron bandas como Dream Theatre de esta época.

Y van a pasar los años y Rush seguirá tocando, sin mover la formación, mutando, volviendo a las estructuras más tradicionales, de temas más cortos pero con un sonido más popero. En la década de los ‘80, mientras la música se tira al metal y muchos cantantes copian el tono de Geddy Lee en la costas californianas, Rush se mete con los sintes. Y aunque suenan bien, al público el cambio le disgusta, a ellos mismos les incomoda el rumbo que están tomando. ¿Qué hacen? Vuelven a cambiar a lo Zelig de Woody Allen. Y así siguen, sacando discos, improvisando nuevos géneros.

Aunque habría que aclarar que la música no es todo para Rush, porque como muchas otras bandas con sentido social, la caridad y las obras benéficas no son extrañas en ellos. Desde los primeros años se asociaron con el Toronto Food Bank para ayudar con alimento a los necesitados. Tienen una larga lista de recitales a beneficio, donaron $100.000 al Museo de los Derechos Humanos de Canadá, ayudaron a varias organizaciones que apoyan el desarrollo musical en niños. Y me estoy quedando corto, no estoy nombrando los miles que donaron a los Médicos sin Frontera, a la Cruz Roja o a las victimas del huracan Katrina. Y me sigo quedando corto, pero eso es lo importante de una buena banda filantrópica, que todo lo que haces no entra en un párrafo.

Es la historia de una banda que recién en 2013 fue incluida en el Rock and Roll Hall of Fame (para comparar, Led Zeppelin fue incluida en 1995, The Police en 2003, U2 en 2005). Una banda con veinticuatro discos de oro y catorce de platino. Una banda que en su trayectoria solo hizo un alto por cuatro años, una banda que sigue tocando (aunque este año anunció que por problemas de salud le dirán adiós a las giras mundiales). Una banda que le dedico todo a la música y a la cultura rock.

Voy por mi barrio, San Martín, y pasan los pibes que salen de la escuela. Hay mucho punky, mucho metalero, o estilos más nuevos con bandas igual de nuevas. Está buenísimo, porque muchos llevan remeras, buzos, parches y pines de grupos emblemáticos. Pasan algunos con logos de Los Ramones, Zeppelin, Metallica, Bob Marley, Maiden, Floyd, los Sex Pistols o Los Beatles. Son los pibes que llevan la tradición de un hermano más grande, los primos, papá o mamá, o un amigo importante que les hizo conocer esas bandas. Pero pocos son los pibes a los que les llega Rush. ¿Qué pasó ahí? ¿Por qué Rush sigue siendo dejada de lado? ¿A dónde irá a parar el nombre de una de las mejores bandas que podemos escuchar? Sin ser tan apocalíptico, Rush aun no termina, y aunque no podemos esperar de ellos otros cuarenta años de carrera, su música, su legado y su historia viven en nosotros. O mejor dicho, viven en la web, donde todo se puede recuperar. Así que a dejarnos de embromar, escuchar más de Rush, a descubrir más de Rush, a hablar más de Rush. Y si despues les tiramos flores o puteadas, es otra historia. Lo importante es que la gente sepa que hubo y hay una banda llamada Rush.

Solo me queda cerrar con lo que dijo Billy Corgan, el pelado de los Smashing Pumpkins, que me quedó rebotando en la cabeza al momento de ponerme a escribir. Me pareció que no podía faltar.

Cuando la gente retrocede en el tiempo y analiza cuáles fueron las bandas verdaderamente buenas, Rush es una de ellas, pero, por alguna razón, no tuvieron suficiente fama y cuando se habla de las mejores bandas de todos los tiempos no se los incluye. Se ha hablado demasiado sobre el resto de las bandas. Por ejemplo, se ha hablado mucho de Led Zeppelin, se ha hablado mucho de Los Beatles, y ellos no son toda la historia. Podrías preguntarte ‘¿Por qué marginaron a esta banda? ¿Qué pasó?’. No interesa. En algún punto, ellos están ahí. Y alguien tiene que hablar de por qué están ahí.

¿Seremos nosotros ese alguien? Ojalá.