Me encontré en el lugar donde las distancias no mandan y si lo hace la pasión por la música. Allí hubo rock.
La noche del sábado 3/10, en el Roxy Quilmes se guareció una de las bandas más icónicas del metal argentino, tocaba Rata Blanca. Un conjunto que sigue haciendo historia.
Con un gran equipo de sonido, una perfecta iluminación y buena escenografía, Rata se dio el gusto – una vez más – de hacer un espectáculo a su altura. La voz de Adrián sigue escalando notas, llegando con plena potencia a cada una de ellas. Una formidable batería en manos de Fernando, y los siempre correctos Dani y Guille en los teclados y el bajo respectivamente. ¿Qué decir de Walter? Cuando este tipo de música le sienta como si lo hubiese tocado desde la cuna. Con una excelente noche, grandes punteos y una muy buena química con el público, hizo saltar a todo el boliche.
El setlist de esta noche recorrió parte del nuevo material de «Tormenta Eléctrica», canciones como la homónima del álbum y “Los Chicos Quieren Rock” sonaron con el volumen justo -al palo-, y viejos himnos como “Volviendo a Casa” que emocionaron y excitaron  a toda la audiencia, provocando una marea de personas agolpándose contra el escenario. Una gran empatía del público con su banda, al ver a los dos frontman  bailando, gesticulando y haciéndolos sonreír con los solos de guitarra del que esta noche estuvo vestido con un remera de Batman.
La noche terminó con las siempre legendarias “Mujer Amante” y “La Leyenda del Hada y el Mago” para ponerle un sello a este show. Sin dudarlo mucho, una banda que se debe a su público, regalando púas, fotos y besos a sus seguidores. Buenas personas, enormes músicos, hacen que Rata Blanca sea una leyenda que sigue haciendo historia en esta tierra de hadas y magos.