Pasando de tocar en bares de Villa María a participar de cuanto festival aparezca y telonear a los Jonas Brothers -sí-, los Rayos Láser han ilustrado a la perfección cómo es el crecimiento de una banda under (aunque ellos afirman que ese concepto ya casi no existe) la cual logra cierto éxito. Tomás, Gustavo y César se hicieron paso a base de un sonido seguro, bien propio y bien pop, con canciones difíciles de olvidar. Preparando su tercer disco, charlaron con ROCKOMOTORA sobre la actualidad de las bandas, y la evolución y el futuro de los Rayos.


Se viene un nuevo disco, ¿cómo suena? ¿Qué cambios o novedades trae respecto a los anteriores?

G: Cómo suena es algo que aún no sabemos, pero más o menos tenemos una idea de cómo queremos que suene. A diferencia de Villanueva, va a tener más guitarras, menos programación, menos sonido de teclado.


¿Y las letras? ¿De qué van? A medida que fueron creciendo, ¿fue cambiando su interés por hablar de unas u otras cosas?

T: Sí, quizás las temáticas fueron cambiando, pero nos sigue interesando también hablar de lo mismo que lo que empezamos a hablar en las primeras canciones. Más que nada el amor. Ese sería el tópico central. Lo hemos hablado de distintas maneras, más introspectivamente o más por fuera, pero el mensaje central de los Rayos me parece que es el amor.

G: Hay temas muy recurrentes en nosotros, y después van surgiendo temas por cosas que han pasado, experiencias que hemos vivido, libros que hemos leído, películas… El tema de las letras es toda una cuestión para nosotros porque es la parte que por ahí más nos cuesta hacer. Si bien estamos más interesado en lo musical, las melodías, no nos gusta descuidar la parte de las letras, y al ser canciones pop son letras cortas, y hay que tener un poder de síntesis desarrollado y también la cuestión estética de cómo suenan las palabras, la fonética; es algo que nos interesa y que nos pone quisquillosos, pero a la vez no nos sale tan fácilmente.


¿Cómo es entrar nuevamente a un estudio, están más “cancheros” al respecto?

T: Obvio que con el tiempo uno va a aprendiendo nuevas técnicas, nuevas maneras de prepararse, o empieza a limpiar los errores que cometió alguna vez. Pero siempre entrar al estudio es una etapa de aprendizaje. Yo no siento que estemos “cancheros”, no sé si es la palabra, pero sí un poco más experimentados, quizás. Es una de las etapas que más nos gusta. Poder entrar a un estudio a grabar. Siendo que siempre medio que nos valemos por nosotros mismos, y de hecho el primer disco (y te diría que el segundo [también]) lo hicimos entre nosotros, con las herramientas que teníamos. Y ahora de repente la idea es que el tercer disco se haga en un estudio-estudio, y delegando algunos procesos.

¿Y a la hora de componer, cambió algo? ¿Cómo se manejan?

G: Hay muchos cambios con respecto a cómo lo grabamos, ya que en este disco contamos con la participación de Ezequiel Kronenberg como productor. Él nos está llevando a un lugar nuevo para nosotros, que está muy bueno. Por ejemplo, en los discos anteriores los arreglos surgían al toque y los grabábamos ahí nomás, quizás sin ensayarlos. Ahora los temas los vamos ensayando, van saliendo los arreglos en vivo, tocándolos, es un laburo un poco más fino que está buenísimo.

Foto: La Voz del Interior

¿Cómo es ser una banda que comenzó desde el interior? ¿Qué tan necesario es llegar a Buenos Aires y por qué?

C: El hecho de ser una banda del interior tiene ventajas y desventajas, como todo. A nosotros nos ayudó porque quizás estar en un circuito más chico hizo que podamos conectarnos y conocer a bandas que estaban en la misma y formar como un grupo de amigos con quien de hecho hicimos un sello virtual (Discos del Bosque), que nos ayudó mucho a impulsar a todos los proyectos. Llegar a Buenos Aires es necesario en algún punto porque hay muchos más lugares para tocar y hay como una especie de movida que ya está muy armada y hay también mayor cantidad de público quizás para el estilo de música y el mercado al que apuntamos, por decirlo así. Además que siempre está bueno viajar y llevar la música a otros lugares. Ojalá también se diera en más provincias, el hecho de poder viajar y tocar en distintos lugares. En Buenos Aires se da más porque, como dije antes, es como que está ya armado todo un circo, por así decirlo, de lugares para tocar y sellos discográficos, una movida muy grande.

¿Y cómo ven la movida para las otras bandas, actualmente? ¿Cómo está el under cordobés?

C: Creo que de a poco esa cuestión del “under” va desapareciendo. No sé si existe una movida under como se entendía antes ese concepto. Como que ahora a través de las redes y los medios la llegada de las bandas está más equilibrada. También tiene que ver con que todo se industrializa, hasta las bandas emergentes y el under. Eso obviamente tiene sus pro y sus contras.


¿Cómo se manejan hoy, con viajes constantes y demás? ¿Ustedes ya lograron vivir de la música?

C: El hecho de estar en una productora como es PopArt nos ayuda muchísimo con muchas cosas, con el tema de los viajes particularmente, nos facilita mucho, y nos facilitó por ejemplo la llegada a Buenos Aires. Y sí, de alguna manera sí vivimos de la música pero no exclusivamente del proyecto Rayos Láser. Vamos haciendo cosas, yo doy clases acá en mi casa y también en este momento estoy haciendo una suplencia en un secundario. Sabemos que Rayos Láser como proyecto es muy joven, recién estamos armando nuestro tercer disco, y sabemos que poder vivir de la música o de un proyecto artístico lleva más tiempo. A Rayos Láser todavía le falta desarrollarse y crecer más y tiene todas las posibilidades de hacerlo, en muchos sentidos.


Ustedes son un trío pero en vivo los suelen acompañar más músicos. ¿Y con ellos, cómo se manejan?

C: Nosotros les pasamos lo que tienen que tocar. Al nosotros producir los temas, hacemos el arreglo de todos los instrumentos, incluyendo batería y teclados. O tocamos o los programamos. Después se los pasamos y ellos lo sacan. Igual en los ensayos va surgiendo como un intercambio y por ahí empieza a tener más preponderancia el factor humano y lo que vaya a aportar el músico que va a tocar en vivo. Pero en principio son arreglos que nosotros componemos para los temas. Y que se lo pasamos a músicos, como el baterista y el tecladista, porque mientras más músicos haya tocando en vivo es mejor, y siempre suena mejor también. Apuntamos a eso, pero tampoco tenemos la posibilidad de llevar a todos lados un show en vivo donde haya más de cinco o seis músicos. Hoy en día estamos tocando con cinco, quizás en el futuro podamos incorporar más y estaría buenísimo. Cuando digo cinco músicos incluyo a todos, a mí también. Tomás, Gustavo y César más dos músicos. Con eso cubrimos el rango de sonoridades. Pero estaría buenísimo también contar con más, porque muchos temas lo piden.

Cuéntenme sobre el “Silent Show” que hicieron en el Centro Cultural Córdoba. ¿Cómo nació la idea? ¿Cuál fue el resultado?

C: El silent show fue una experiencia que estuvo buenísima. Esto ya se ha hecho varias veces en Buenos Aires, pero tengo entendido que en Córdoba como recital de banda en vivo aún no se había hecho. Sí se había hecho en fiestas electrónicas. Por eso estos auriculares que se usan tienen tres canales y son para las personas que van a diferentes pistas y van cambiando de canal según el DJ que quieran escuchar y cosas así. Preparamos un show que estaba especialmente hecho para eso, porque el baterista por ejemplo tocó con una batería electrónica, para que suene lo menos posible en el ambiente, que no se escuche nada si te sacabas los auriculares. Si vos te los sacabas capaz escuchabas a alguien cantando al lado tuyo, desafinado o siguiendo la música. De hecho se armaba algo muy lindo con las voces de la gente. El show desde las pistas y desde las secuencias estaba armado para que se luciera el estéreo. Tenemos ganas de hacerlo de nuevo en Río Cuarto, porque queremos repetirlo, pero no es fácil montarlo. Igual el resultado fue excelente, las entradas se agotaron y a la gente y a nosotros nos encantó.


Tomás, vos solés hacer también shows solistas. ¿Cómo articulás eso con la banda? ¿De dónde surgió la necesidad de presentarte también en ese formato?

T:  Los shows solistas salen más como una necesidad de poder mostrar los otros temas, que no quedaron dentro del universo de Rayos Láser. La banda es mi prioridad, digamos, y conforme voy teniendo espacios o baches en los meses donde no tocamos o no tenemos ninguna actividad, trato de poner algún show solo. Igual son etapas, ahora no estoy tocando tanto, por ejemplo. Pero cada tanto armo algún show con Pedro Cabal o quizás también solo solo, sin nadie más, y salgo a tocar algunas canciones propias.

¿Los demás miembros tienen también actividades o proyectos paralelos?

T: Siempre hay proyectos dando vuelta alrededor de los tres, no sólamente mío, como es mi faceta solista. César toca en una banda que se llama Jam Club Bandón, que está en estado medio latente… también tiene una banda que se llama Picnic. El gringo colabora mucho con Madre Chicha, se pasea por distintas bandas. Siempre estamos tocando con otra gente.


¿Cómo fue creciendo la relación entre ustedes en estos años?

T: Somos muy amigos. Desde que formamos el proyecto, incluso antes, y hasta hoy, somos un grupo de amigos, de muy amigos; obviamente con idas y venidas, a veces roces o diferencias, pero ante todo está la amistad, el amor, el respeto que nos tenemos nosotros tres, que es lo que hace que Rayos Láser funcione.


¿Qué planes hay para el futuro cercano? ¿Cuándo tendremos novedades del disco y cómo será su presentación?

T: Por ahora los planes para el futuro cercano son simplemente entrar a grabar y terminar de producir estas nuevas canciones. Calculamos que en marzo recién saldrá el disco y en abril haremos la presentación, no sé. Eso está muy en “veremos”, todavía. Pero tenemos varios shows por delante, así que entre la grabación y la pre-producción vamos a estar tocando en vivo. Va a ser un fin de año agitado.