Tras años de rumores acerca  de la vuelta de Radiohead, hoy se confirmó que será parte del nuevo festival bautizado Soundhearts, que tendrá lugar en Argentina el 14 de abril en Tecnópolis y también se hará en Brasil, Colombia y Perú. Nos adentramos, así, en el largo camino construido de la espera.

Hace ocho años, en una intensa edición del Quilmes Rock que se traía entre manos noches deslumbrantes con Iron Maiden y Kiss, se presentaba por primera vez en Argentina Radiohead, banda de la que yo con mis torpes 17 años, poco había escuchado. Y cuando digo poco, me refiero a conocer de oído la melodía de “Creep” o “No Surprises”, algo inevitable en nuestro paso por este mundo. En esa época el Quilmes Rock, primo del Pepsi Music, pasaba por esa fase de mutación entre ser un festival que juntaba la gloria del rock nacional por módicos precios, a la élite de bandas internacionales con entradas saladas. Aunque hoy, si como yo, vos tampoco fuiste, podemos torturarnos pensando que podríamos haber visto a Radiohead por $400… porque ahora cuesta $2000.

Martes 24 de marzo de 2009, feriado nacional en conmemoración al aniversario del Golpe de Estado del 76, día de la Memoria y la Justicia. Instaurado hacía tres años solamente, se rumoreaban ciertas polémicas sobre celebrar un festival el  día de respeto a uno de los períodos más oscuros de nuestra historia, y a eso se le sumaba la propuesta de una banda inglesa convocando 36 mil personas. Prendo la radio y del otro lado anuncian a las 21:20 que Yorke y cía. se suben al escenario iluminado por estalactitas de colores, una escenografía de primer mundo -claro que después de haber visto una puesta en escena como la de Rogger Waters con The Wall, esto no tenía chance, pero para ese momento, Radiohead quebraba no solo la escena musical sino también la visual-.

Comienza a sonar “15 Step” con una impunidad increíble, con la naturaleza de quien no se da cuenta de que no solo traspasó los límites, sino que comenzó a trazar líneas nuevas en decenas de miles de cabezas.  Y ahí yo, del otro lado del parlante. Un baldazo de arte, de vanguardia, me cayó encima. En un momento del recital, quien luego una vez interiorizada en tema conocería como Ed O´Brien lee: “Hemos esperado mucho para tocar ante ustedes y esta noche es un sueño hecho realidad. Sabemos que hoy es un día importante en Argentina que marca el 33 aniversario del golpe militar y por eso queremos dedicarle la siguiente canción a todas las víctimas que sufrieron, a los que perdieron sus seres queridos, a los que fueron encarcelados y torturados y a los que desaparecieron”. Tras una gran ovación comenzamos a escuchar los primeros sonidos de “How to Dissappear Completly”. Fueron cinco minutos de público en silencio y piel erizada.

 (Photo by Matt Cardy/Getty Images)

Desde el primer hasta el último tema, Radiohead rompió con todo. Conquistó mi corazón paradójicamente a través de una transmisión de radio. Y así como vinieron y me tiraron encima una fusión de melodías y psicodelia, instauraron en mi panorama una lisergia melancólica que desde ese momento solo encuentro en sus canciones.

El lanzamiento de The king of limbs en 2011 ya me encontró siendo parte con dos años de formación “radiohística” encima. Con cierta desconfianza pude vislumbrar que el nuevo lanzamiento reavivó las ilusiones de muchos con más ganas de volver a escuchar los cortes épicos de OK computer o Pablo Honey, que un “Lotus flower” machacado por los medios. Sin embargo el murmullo fue de lo más efímero, todos sabíamos que este no sería el disco que los traería de regreso, quizá ese también era nuestro deseo. El camino de vuelta conlleva una expectativa que, de no ser cumplida, se convierte en fracaso.

Y después de cinco años de silencio y con la mechada aparición de la voz solista de Thom con  Tomorrow’s modern boxes en 2014, Radiohead nos tacleaba el alma con A moon shaped pool (2016). El cuadro estaba hecho a medida para tenerlos de vuelta. Atrás quedaron los Quilmes Rock y los Pepsi Music. El gigante Loollapalooza se erigía entonces como victorioso en la lucha por captar la masividad musical. Todo indicaba que sería dentro de ese marco que los veríamos reaparecer, los rumores eran fuertes… pero eran solamente eso, voces de fondo.  Una vez anunciada la grilla del famoso festival, el vacío se hizo presente. Volví a bajar la cabeza agotada de comentar con amigos que parecía que ahora sí, que este año venían. Cansada de buscar una oportunidad que no existía me fui haciendo la idea de que era posible que nuestro encuentro no se formalizara nunca.

Me molesta darles la razón, pero existen quienes piensan que cuando dejás de buscar algo, ese algo aparece. Hoy, habiendo descartado ya Personal Fest, BUE Festival y “Lolla”, me paralicé ante la pantalla táctil del celular: una publicación de Facebook me cortaba por un segundo la entrada de aire: “Confirmado | Radiohead: 14 de abril del 2018 en Tecnópolis, en el marco del Soundhearts Festival. Preventa exclusiva para etc., etc., etc.” Cuando recuperé la conciencia, saqué los auriculares y, ahí nomás, en la oficina, le di play a In rainbows. La manija comenzó.

No vamos a mentir, nos miramos y nos reconocemos, los cabeza de radio ya no tenemos corazón que pueda romperse y sabemos que siempre llevamos las de perder, por eso Radiohead es la banda sonora de nuestras vidas. Pero hay una cosa en la que sí creemos, alimentamos una escena posible, un triunfo: una noche fortuita, un recital, un baile convulso de nuestros cuerpos al ritmo de un hito. Esperamos otra noche de 2009, esa que le dio lugar a una escena como pocas, que nos dejó enamorados, insaciables, acariciando esperanzados la posibilidad del reencuentro.