Luego del 22 de diciembre de 1987, fecha de la desaparición física de Luca Prodan, las calles de Buenos Aires se llenaron de graffitis con la leyenda “Luca Not Dead”. Con el paso del tiempo las pintadas se gastaron, pero los movimientos sociales y culturales convirtieron al italiano en un mesías del rock. A casi 31 años de su muerte la compañía más popular de comunicación digital de Argentina convoca a clientes a celebrar la obra de Sumo en una grilla encabezada por Las Pelotas y Massacre y la completan referentes de la escena actual que sostienen a Prodan como brújula musical. El futuro no hizo más que darle la razón en todo y la industria de la música continúa fagocitando el lucro con su imagen ¿Cuántas generaciones más resiste el legado y la ofrenda Luca en el público argentino?

Las fotos de Instagram de ese sábado pudieron ser del Lollapalooza o de Un sol para los chicos, lo mismo da, el contexto visual era igual. En el pasto de los bosques de Palermo, sobre una manta con dibujos animé, un papá y una nena de unos siete años se sacan selfies mientras la música de fondo es amigable. En el escenario, Callate Mark, la banda liderada por Florian Fernández Capello, toca un repertorio propio y, entre tema y tema, algunos de los integrantes gritan “Aguante Sumo”. Cuando el set llega casi al final, avisan y disparan una serie de covers de la banda de Luca Prodan. Todas las canciones suenan sobre la base de “Crua Chan”, la canción que el italiano escribió inspirado en las gaitas que solía escuchar en el colegio de élite al que asistió en Escocia. El suelo del #MovistarFriMusic de pronto se mueve. Chicos con remeras de Sumo, chicas vestidas a la moda, familias numerosas, parejas varias y todo el amplio abanico etario y socioeconómico que compone el público cantan de memoria los clásicos de una banda que no existe desde hace 30 años. El Festival tiene dos promesas concretas: entrada gratis (para clientes Movistar y hasta 3 invitados) y celebrar la obra de Sumo. Camiones de comida, puestos de marketing de la marca que invita, un mini anfiteatro en el que se proyecta Luca, el documental de Rodrigo Espina y banderas con la leyenda “Macri Gato”. Mientras cae el sol en pleno pulmón verde de Buenos Aires, suena la cuarta banda del día y aún faltan los platos fuertes.

«En el rock no existen los referentes adultos ni ancianos. Solo hay nuevos, consagrados e inmortales.»

En el país de las grietas, pocas cosas parecen resistir a todas las divisiones sociales y culturales de las ultimas tres generaciones. Si el rock fuese una religión, son muy pocos los dioses que no poseen ateos. A decir verdad, el rock en español, a pesar de las misas y de las procesiones, no es una religión, pero sí es un resguardo moral y ético en tiempos de convulsión. Un estilo de música se convierte así en un lugar seguro en el que no hay afuera, un círculo cerrado para pocos, o, por lo menos, eso es lo que creen sus fieles. En los libros sagrados no escritos de un género que tiene su fundación y vigencia más activa en Argentina, hay un espacio especial reservado para los mitos y las leyendas. Las historias que se reproducen a través de la narrativa oral y escrita son el alimento de una masa de consumidores que se renueva década a década y generación tras generación. Porque en el rock no existen los referentes adultos ni ancianos. Solo hay nuevos, consagrados e inmortales. Y del tercer grupo, de los que tienen más vida después de muertos que durante su paso por la tierra, hay solo un mesías indiscutido: Luca Prodan, el profeta del rock argentino que se niega a morir.

El #MovistarFriMusic se realiza todos los años desde 2010 en Buenos Aires y también tiene ediciones en otras importantes ciudades del país como Rosario, cuna de buena parte del rock argentino. Durante cada una de sus ediciones las bandas y solistas convocados siempre fueron top of mind, músicos locales o internaciones de primerísima línea. Exitosos, vendedores, llenadores de estadios seriales y muy fotografiables. La pregunta, caprichosa pero razonable, es porqué en el particular año 2018 la propuesta es celebrar a Sumo. En plena crisis, matizada por inflación y recesión sin techos, se impone una hipótesis cínica: ante la imposibilidad de importar figuras internacionales, las marcas entonces deben recurrir a un milagro argentino. Pero, hay que decirlo, pudieron ser otros los muertos celebres, incluso llorados de manera más recientes, invocados para suplir el glamour foráneo. Sin embargo, no es solo una cuestión necrológica, a pesar de la intensa afición argentina por los obituarios. Hay una coyuntura sensible de fondo que requiere táctica y estrategia. Para olvidar, aunque sea por unas horas, el mal momento, solo un sentimiento muy fuerte vivido de forma colectiva y eufórica puede causar el mismo efecto que Ringo Starr o Jane’s Addiction en vivo de los ciclos anteriores. Se trata de mucho más que de una invitación al homenaje multibanda de la carrera de alguien que ya no está. Es una convocatoria a una experiencia para vivir las emociones más profundas con el fervor que implica un festival masivo. En esa decisión, en la que convergen el marketing y el arte a la vez, la apuesta es a todo o nada. Una inyección de recuerdo y fantasía en simultáneo que ayuden a experimentar lo que no se pudo. Viajar gratis en el tiempo que ya no volverá y así sublimar en grupo la necesidad de sostener el mundo que se extinguió. Lo que se escurrió como agua entre los dedos vuelve, por una noche, en un idilio de muchedumbre. Y la única figura, mitad mito y mitad fantasma en la tierra, que puede encarnar semejante alucinación fantástica es Luca Prodan.

Si bien es verdad que fue muy emotiva la celebración de Sumo el 27 de octubre, el convite partió de Movistar, empresa de comunicación devenida en cuasi monopolio. Resulta imposible, entonces, para los admiradores de Prodan y lectores de las muy buenas biografías que se escribieron en su nombre, no recordar su ideología. Qué sería de Luca hoy, en medio de la cultura de consumo digital y el surgimiento compulsivo de influencers, es difícil saberlo. Qué diría el italiano resistente a todos los archivos de esta realidad moldeada en formato trend topic y de la enajenación por la inmediatez, nadie lo sabe. Lo que sí resulta muy interesante es pensar a Prodan en relación a algunos de los tópicos sociales más disruptivos. Feminismo, igualdad, inclusión, auto gestión, respeto animal, empoderamiento de las minorías y búsquedas profundas en los márgenes sociales son luchas en las que es fácil visualizarlo. Luca, así proyectado en nuestro tiempo, tal como decían las paredes de Buenos Aires en los 80, está más vivo que nunca. Luca vive en los pañuelos verdes y naranjas, en los espacios auto gestionados, en las ferias de productores independientes, en los discos financiados por desconocidos y hasta en las fiestas de glitter. Parece que la mezcla de tribus urbanas con disparidad de gustos y aspiraciones que confluyeron al predio de Palermo para aullar “Fuck You” todos juntos al final no son tan distintos. Había un sentido, que bien podría llamarse legado, en todas esas personas que, aún crecidas tan lejos de los sótanos en los que tocó Sumo, necesitaron celebrar juntos. Un hilo conductor sí, un enlace invisible que perdura en el tiempo y que, más de tres décadas después, aún hipnotiza. Porque si Luca viviera, sería uno de los nuestros.