Pez edita su primer álbum casi un año después de las denuncias de abuso y acoso sexual en su contra, reflotando la pregunta que marca esta época: ¿podemos separar la obra del artista? O más importante aún: ¿Debemos?

Entendiendo la delicadeza del asunto, esta no es una reseña cualquiera: si no damos importancia al contexto, nos quedamos a mitad de camino. Por eso vamos a repasar qué pasó, cuál fue (y es) la actitud de la banda frente a esta situación, el por qué de la cancelación de su show en Lomas de Zamora –con una entrevista exclusiva de por medio-, un análisis específico del álbum y, finalmente… ¿qué hacemos con él?

Hechos concretos y un “error de comunicación”

El 20 de abril de 2018 salió el primer testimonio en el sitio “Ya No Nos Callamos Mas”, y ocho días después, el segundo. En líneas generales, los testimonios relatan en primera persona chicas que no habían dado su consentimiento para las situaciones a las que la banda las sometió (podés leer la primera acá y la segunda acá).
Después de la primera denuncia y al llegar una avalancha de repudios vía Facebook, Pez cerró su perfil en esa plataforma, su principal canal de comunicación. Dos días después de la primera denuncia, emitió un descargo que hoy no puede encontrarse en las redes, ya que la propia banda lo borró:

Esta respuesta generó aún más repudio, pero también el advenimiento de nuevos defensores de la banda. Mientras surgía el segundo testimonio, comenzaban a organizarse escraches, comunidades paralelas y los comentaristas de Facebook se mataban entre sí.
¿Y que pasaba con Pez? decidió cancelar sus shows más próximos: uno en El Amparo de Burzaco y otro en Niceto. En la erupción del conflicto, sus contactos de management se alejaron del grupo, la productora 432hz cortó vínculos y un ex-asistente de escenario declaró que fue “testigo de situaciones de abuso sexual y psicológico”; también aseguró que “lo que cuenta la denuncia es la forma en la que la banda se movía en las giras: bajar, hablar con chicas del público, llevarlas al hotel o a camarines, en pedo o drogadas”.

En pleno caos, la banda decidió dar una entrevista exclusiva a Rolling Stone. En ella, profundizan sobre las denuncias en particular, con una gran cantidad de, digámoslo así, declaraciones polémicas. En primer lugar, admiten que, a pesar de lo declarado inicialmente, sí hubo relaciones sexuales, aunque consentidas y entre adultos. También, y quizás uno de los puntos más fuertes de la entrevista, se defienden bajo el hecho de los procesos legales. Transcribimos textualmente dos párrafos:

«Consultados sobre qué pasó exactamente en ambas situaciones, los músicos se negaron a dar su versión de los hechos. “Me parece una falta de respeto a la persona que está denunciando anónimamente ponerme a contar detalles sin su consentimiento”, dijo Salvador [N: Baterista de la banda, primer denunciado]. “Me pongo a disposición de la justicia”.”

(…)

“”Hay minas cagadas a palos y violadas que van 24 horas después y no les toman la denuncia, eso lo entiendo”, dice Minimal [N: Ariel, líder de la banda]. “Pero no tengo otra forma de defenderme. Estamos en un momento en el que no podés decir que una mujer miente. Ahí se suspende el Estado de Derecho”. Todos los integrantes de la banda coinciden en que solo van a dar su versión ante la justicia, o en el caso de que la denunciante se comunique con ellos. Según Minimal, “lo que pasó es algo del ámbito privado de la gente, y siempre fue consentido y entre adultos.”

Finalmente, confiesan que el primer comunicado vía facebook fue redactado por una abogada y que en retrospectiva lo consideran un “error de comunicación” [sic].

Esta entrevista reforzó ambas posiciones “pro” y “anti” Pez, pero no fue la única variable: la banda reactivó su cuenta de Facebook poniendo como foto de portada un tatuaje del logo de la banda, lo que fue tomado como una provocación. Meses después, la banda retomó sus posteos habituales, como excusa de

Primer show de pez despues de las denuncias

recordar 25 años de carrera, con fotos y efemérides. Y aquellos posteos que solían tener 500 comentarios, sospechosamente pasaron a tener no más de 20 y todos en apoyo a la banda. No podemos probarlo en un jurado (cosa que seguramente, en términos de la banda, desapruebe lo dicho posteriormente), pero todo indica que Minimal, quien admite abiertamente hacerse cargo de las redes, se puso a filtrar comentarios por un largo tiempo.

La banda retoma sus shows periódicamente en lugares amigos (como ellos mismos los definieron) e inevitablemente compone Kung Fu, declarado oficialmente como una crónica personal de este último año.


 

 

¿Por qué hablamos de Pez?

¿Por qué significa tanto la salida de Kung Fu por encima de otras denuncias y otros casos que han brotado en el mundo del rock? Principalmente por una cuestión ideológica.
Pez no es (o era) una banda exclusivamente estética sino que era (o es) una banda ética. No es solamente un grupo de gente que toca para hacer canciones sino que trazan una línea editorial clara, una representación de valores e interpretaciones del mundo que van más allá, justamente, de lo puramente estético, de aquello que consideramos “lindo” o “feo”.
Y esto va más allá de su orientación política, donde Minimal se admite como peronista y no ha tenido problemas en compartir fotos haciendo la V a pesar de las puteadas de parte de su público. Su disco anterior, Pelea al horror, era el paso de la resistencia metafísica y cultural a la resistencia práctica: “No podemos entregarnos sin bancar la posición / Es difícil, se hace duro / pero impera darle pelea al horror”.

Por eso es tan pesado que esto ocurra.
Los que seguían a la banda, no lo hacían sólo porque tocaban bien, sino que seguir a Pez implicaba algo más. E incluso para los que no lo seguían, Pez era la insignia del rock independiente que, tenazmente y a fuerza de convicción y calidad, podía sostenerse e incluso crecer. Quien plantee que la banda solo hace canciones, no ha entendido el asunto.

3/03/18: un mes antes de la denuncia, Pez estaba «deconstruído»

En aquel show gratuito que dieron en Avellaneda, el 3 de marzo de 2018 (un mes y medio antes de la primera denuncia), Pez anunciaba que durante el #8M no iban a ensayar. Que se iban a ocupar de las tareas que sus parejas femeninas solían ocuparse habitualmente para que ellos pudieran ensayar, además de una serie de reivindicaciones sobre la lucha feminista y como los varones debemos aprender nuestro lugar en este momento. Con ese discurso, Minimal (Pez, más bien) se transformaba en el arquetipo de varón deconstruído.

Cuando ni Rolling Stone te banca en una exclusiva

Suponiendo que asesorarse con la ley en el primer comunicado fue un error cometido presa del pánico. Suponiéndolo, no para justificarlo sino para ejercitar un poco las hipótesis. La banda decide enmendar su error dándole una exclusiva al medio de rock más grande del país, dependiente del multimedio mas grande del país. O sea, probablemente el megáfono más grande que puede tener una banda a su disposición, cosa que no suena “muy Pez”, considerando el romanticismo que vivieron impregnándole a los medios alternativos de arte y comunicación.
En esta entrevista,  emiten declaraciones muy poco empáticas por sobre las víctimas de abuso. En especial, porque las acusan de mentirosas “aunque no lo hagan por maldad” [sic], relativizando y demonizando la denuncia anónima. Además, refuerzan la que será su defensa hasta el día de hoy: no hay denuncia en la justicia pero están a disposición de ella; y que, en otras palabras, que la denuncia es la única manera en la que van a decir “que pasó”.

El propio artículo de Rolling Stone cita a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que “constató que en los países de la región, la ruta que lleva a denunciar la violencia sexual es difícil y revictimizante. Además, reconoce que en la práctica puede ser difícil probar la falta de consentimiento por la ausencia de prueba directa, como marcas de violencia o testigos”, además de que el Registro Único de Casos de Violencia contra las Mujeres (RUCVM) del INDEC, registró que “entre 2013 y 2017 hubo un total de 260.000 casos que organismos públicos pudieron detectar como violencia por razones de género. El 71% buscó solo asesoramiento o asistencia por parte de otras mujeres, el 16% fue a hacer la denuncia penal, el 5% fueron a consultas en atención a la salud.”



Pez: ¿son o se hacen?

El paro del 8M, aquel que mencionaron el 3 de Marzo, fue posible gracias al crecimiento del movimiento “Ni Una Menos”, denunciando el actuar patriarcal y permisivo de la justicia frente los femicidios ocurridos en el país. El caso más grotesco es el de Lucía Perez, quien fue drogada, violada, asesinada y empalada por un grupo de hombres; si bien el fallo fue a finales de 2018, el caso se arrastraba desde 2016, y terminó sentenciando inocentes los tres implicados, ya que, entre otras cosas, el tribunal sancionó que no había pruebas para implicar que no hubiera consentimiento -a pesar de que la pericia demostraba que Lucia estaba bajo la influencia de distintas drogas. ¿Esa es la justicia que Pez dice que las chicas tienen que dirigirse? ¿La de la tapa de Rock Nacional (2016)? Hay muchos casos que podríamos haber mencionado, pero el de Lucía fue emblemático para el  “Ni Una Menos”, cuya marcha fue fundacional para lograr el 8M que Pez tanto elogió.
Esta defensa que la banda aún sigue esgrimiendo el día de hoy, que sin denuncia judicial no hay verdad en la denuncia anónima, es un desentendimiento brutal para con su público y cualquiera identificado con sus canciones.  Pez se victimiza desentendiéndose intencionalmente una y otra vez de la posición de poder que el patriarcado y el arte le han otorgado, más no sea involuntariamente.

El Pez por el Facebook muere: se intensifica la victimización.

Por septiembre del 2018, la banda hizo un nuevo comunicado que ya fue borrado de las redes. A pesar de su longitud, lo transcribimos completo:

“Hola, soy Ariel.
Necesito expresarme.
Y me cuesta.
Y me da terror.
Porque cada vez que lo hicimos, lo hicimos mal.
Y me siento muy mal cada vez que leo alguna cosa de las que nos escriben por acá.
No piensen que no las leo o que no me importa.
Es muy doloroso ver como se rompió el vínculo que teníamos entre banda y público.
Y si desaparecimos de las redes no es por hacernos los boludos.
Es porque no sabemos cómo comunicarnos con ustedes.
Aún no sé cómo pero de todos modos lo intento…
Hace cinco meses que estoy aprendiendo a entender lo que pasó.
Creo que ustedes saben que nunca me sentí una “estrella de rock”.
Es más, siempre me definí como obrero del rock.
Músico.
Esa es mi vida.
Hacer canciones, ensayarlas, grabarlas y salir a tocarlas.
Nunca me sentí arriba de un pedestal y quizás por eso mismo nunca fui capaz de entender la desigualdad entre artista y audiencia.
Nunca fui consciente de ese privilegio, de esa diferencia…
Me equivoqué en el modo de establecer vínculos con el público.
Femenino y masculino.
Desde habilitar situaciones que nunca tendrían que haber ocurrido hasta el modo de interactuar a través de las redes sociales.
Pido disculpas por eso.
Fue un error.
Sé también, y quiero dejar bien claro, que jamás forcé a nadie a hacer algo que no quiera en ningún ámbito de la vida.
Yo también me arrepiento de cosas que hice años atrás, pero me hago responsable de mis decisiones.
El concepto de abuso de privilegio es algo nuevo que tenemos que entender y aprender no sólo los músicos, sino también el público.
Nos han hecho dos escraches anónimos y este es un momento en el cual no existe modo de defenderse ni contradecir una acusación de este tipo.
Pero tampoco es justo que nos hagamos cargo de cosas que no hicimos.
Sabemos que cometimos errores pero también qué clase de gente somos.
Y si salimos a hablar como banda de modo grupal es porque estábamos todos juntos y hay cosas en las acusaciones que no se condicen con lo que nosotros vimos y vivimos.
No es porque tengamos un “pacto de machos”.
Sé lo patético y poco rockero que va a sonar esto, pero estamos haciendo una terapia grupal con una especialista en el tema.
Y ella nos explicó que esto no es una denuncia sino un escrache.
“Un llamado de atención, les tiraron un piedrazo.”
Ok.
Nos la pusieron en el medio de la cara y con los dientes rotos y la sangre chorreando nuestra sonrisa quedó bastante fulera.
Pero no podemos desaparecer.
Feos así como estamos, acá estamos.
Y si decidimos salir a tocar, no lo hacemos como un acto de soberbia.
Sino porque no sabemos hacer otra cosa.
Y no hablo de trabajo.
Estos shows que tenemos por delante sólo nos van a ocasionar unas cuantiosas pérdidas y bastantes dolores de cabeza.
No sé hacer otra cosa para seguir vivo.
No es lo que hago, es lo que soy.
Muchas personas, incluso la terapeuta, nos dijeron que ya no escribamos más nada.
Que nos retiremos por el momento de las redes.
Pero alguien que nos quiere bien y nos conoce, sabe de nuestra necesidad de expresarnos y de lo mal que lo estamos pasando en silencio.
Y me dijo “No le hables a los que sabés que te van a prender fuego de una. Hablales a aquellos que te escucharon durante todos estos años y necesitan una palabra de parte de la banda.”
Bueno.
Acá estoy.
Disculpas otra vez.
No puedo volver el tiempo atrás, pero sí puedo intentar ser mejor de acá en adelante.
Y muchas gracias a todos los que se acercaron y nos acompañaron en estos momentos de dolor.”

¿Por qué la banda terminó borrando el comunicado? Porque ya era tarde.
Por supuesto, seguían lloviéndoles repudios por doquier ya que nuevamente la banda se victimizaba y pedía empatía a un público y a un grupo de mujeres con  las cuales jamás se esforzó por empatizar. “Entiéndanme” y “gracias” no era una respuesta a la altura de esta situación. Ese alguien mencionado en el texto, que los conoce y sabe de su dolor, les recomendó: “No le hables a los que sabés que te van a prender fuego de una. Hablales a aquellos que te escucharon durante todos estos años y necesitan una palabra de parte de la banda.”
Y sin embargo, hicieron caso omiso al consejo que ellos mismos exponen: quienes necesitaban la palabra no era los fans de Pez dispuestos a defenderlos bajo cualquier condición, sino las víctimas que los denunciaron a y las víctimas de casos similares en el rock.



Forobardo para todos

A partir de allí empezó la debacle definitiva: Pez empezó a hablarle a quienes los defendían y a boludear a quienes pensaban diferente, porque borrarles los comentarios no era suficiente.

Había algunas publicaciones ocasionales donde no se filtraban (todos, suponemos) los comentarios barderos o negativos, y se contestaba chicaneando al comentarista o haciéndole la segunda al cómplice, acusando de fascistas a quienes los criticaban y demás situaciones desagradables.

Excepto por lo de borrar comentarios, Pez ya hacía esto años atrás con gente que los insultaba en público. En la revista NaN #9 (acá el link) había declarado de sus enfrentamientos con el público, y que los escuchaba más gente porque habían empezado a aparecer «los tarados», además de una serie de reflexiones sobre atacar al artista que admirás. En ese momento, acudir al forobardo era algo más bien entretenido: después de todo era algo entre él y el público sobre la música que hacía… y punto. Pero cuando se ejerce eso mismo en un tema más complejo a que le digan gordo por las fotos que sube, es una nueva prueba de desentendimiento.

PezPosting, como un chiste en un velorio

Una de las veces que más se respondió fue cuando anunciaban el título del nuevo álbum por febrero del 2019:

Inmediatamente después, un posteo declara que “La temporada de haters Nao Tem Fim”. Como si aquellos que protestaran o repudiaran la actitud de Pez hacia denuncias de violación fuera una cuestión de de criticar sin criterio. Si eso no es una provocación…

“El muro de silencio”: hermano de “la grieta” y “pasaron cosas”.

Hoy Minimal se define como preso en un “muro de silencio mediático”, a pesar de que su primer descargo mediante entrevistas fue en Rolling Stone y de que La Nación compartió una reseña increíblemente objetiva de Kung Fu, un álbum sumamente subjetivo. También denuncia ser parte de “listas negras” que lo alejan de hablar en ciertos medios o tocar en ciertos lugares. Denunciar un “muro de silencio” mientras se comparte una reseña de La Nación o durante una nota junto a Juan Di Natale en FM Cantilo, denota una victimización innecesaria. ¿Compartirían, por ejemplo, este artículo, que más adelante hace una bajada específica del álbum?


Entrevista: Pez no tocó y quizás no te enteraste

Sin embargo, este muro de silencio le ha caído bien más de una vez. Ellos fueron los únicos que mencionaron la cancelación de su fecha en el centro cultural “No Me Olvides” el 16/03/19 por «razones ajenas a la banda», pero dando entender que el lugar estaba en contra de Pez.
Lo cierto es que al comunicarnos con el centro cultural, dijeron que “un show así no les parecía lo correcto en este momento”, lo cual era mínimamente sospechoso: ¿cancelarlo un par de días antes cuando la fecha estaba organizada hace mucho más?
Había un rumor fuerte dando vueltas en la zona: un escrache planeado hacia la banda, temor infundado por los ocurridos a Baby Etchecopar, cuando se presentó en el Teatro Coliseo. Así que nos comunicamos con Sonia, integrante de la Asamblea Permanente de Mujeres y Disidencias de la Comunidad Artística Zona Sur, para preguntarles al respecto y de esto hablamos:

– Sonia: Sinceramente, el tema de Pez no tuvo mucha relevancia. En la asamblea laburamos día a día resolviendo problemáticas de nuestro territorio, de nuestros espacios y colectivos. Muchas veces respondiendo a la urgencia, charlando mucho, probando y revisando constantemente. En medio de todo eso te imaginarás que, Pez tocando en zona sur, era casi un hecho de color, por decirlo de algún modo. En especial teniendo en cuenta que lidiamos todo el año con problemas similares de bandas locales, de amigos o de colegas.

– Pero lo tenían presente.
– Sonia: nos movilizó, como cuando Baby Etchecopar vino a hacer su show al Teatro Maipú y circulaba la idea de hacer algo. Esto no fue en contexto de Asamblea, porque la Asamblea MyD se propone como un espacio de construcción donde el escrache no es el foco. Pero somos personas individuales que circulamos en muchos ámbitos, y muchas veces activamos situaciones de escrache de ese modo; es decir, no como acción orgánica de la asamblea, sino como acciones individuales o de grupos autoconvocados.
Esto lo aclaro porque no quisiera que la Asamblea quedara vinculada con ninguna acción directa de escrache, ya que no es algo que se haga como colectivo.

– ¿Habían tomado alguna decisión respecto de qué hacer antes de la cancelación?
– Hay muchas opiniones respecto a qué hacer con estos casos. Algunxs compañerxs prefieren ir a poner el cuerpo a esas situaciones porque creen que es importante visibilizar y bajar las fechas de los tipos escrachados o peligrosos para la comunidad por sus prácticas violentas, ya sea físicas o de abuso de poder; o también por los discursos que replican desde el escenario. Así que se barajaba la idea de ir a intervenir la puerta del centro y probablemente esa hubiera sido la acción. Eso fue lo que pasó con Baby: un montón de personas autoconvocadas se plantaron en la puerta del teatro después de que el dueño hiciera caso omiso a los reclamos sobre el show, intervinieron los carteles y llevaron consignas que visibilizaban su discurso misógino y violento -y por qué repudiábamos su presencia en un escenario local.

– Pez tocando en algún lugar es motivo de movilización, estamos de acuerdo. Que los motivos de movilización sean a raíz del lugar que tienen como músicos, como artistas, también estamos de acuerdo. Entonces, que el centro cultural –por los motivos que fuere- decida cancelar la fecha… ¿puede considerarse una victoria?– Yo creo que en este caso no, porque no hubo visibilización: me parece mucho más potente que se ponga en escena el conflicto. Creo que eso es lo importante en estos casos,  que se visibilicen las prácticas violentas y pronunciarse en contra de esto. Reclamarle a los espacios que se cuestionen, que entiendan y se hagan cargo del lugar de poder que tiene quien programa. Programar a un artista es una decisión política; no tener una opinión, no hacer nada al respecto, también es una posición política.
Yo no creo que haya que dejar de consumir en el ámbito de lo privado, o incluso de mantener relaciones con personas cuestionadas o escrachadas (el límite es algo que cada quien sabrá), pero sí creo que es importante entender cuándo es una decisión política que impacta en la comunidad. Como a la hora de pasar cierta música en tu bar, o programar a cierto artista. Pero entiendo y acompaño a quienes ponen el cuerpo para bajar fechas, porque también suma.

– La primer defensa de Pez frente a esto fue acusar de fascistas a quienes tomaron la decisión de bajar la fecha. Sin llegar a tales dramatizaciones, más de uno lo consideraría censura ¿Qué opinás?
– Sí, conozco quienes se quejan y hablan de censura. Si bien entiendo ese punto de vista, también creo que no están viendo el panorama más amplio. ¿Sabés cuántas personas dejan de ir a lugares porque no se sienten seguras o cómodas? ¿Porque temen encontrarse con sus golpeadores, abusadores, manipuladores? Muchos se quejan de que «las feministas» (esa especie de masa amorfa que pareciera que somos) les sacamos el trabajo, de que los silenciamos… Yo a eso respondo: bancatelá.
Si tus prácticas son abusivas, si usás tu poder mediático y escénico (porque ser «artista» en esta sociedad implica una relación de poder) para abusar, manipular y violentar… hay consecuencias. No vamos a seguir quedándonos de brazos cruzados, ¡no puede ser que sigan manejándose con tanta impunidad! Ponerle el cuerpo a esas situaciones, es ponerle un límite a ese poder ilimitado que parece que tienen los artistas, que obviamente construimos entre todxs, como comunidad. 



La actitud del inocente

En ese sentido, Ariel Minimal… o Ariel Sanzo, su verdadero apellido y como se presenta últimamente, viene adoptando la actitud de un supuesto inocente. Su defensa es bastante simple: hace lo mismo que hacía el día antes de recibir la acusación. Porque si la acusación no es verdad ¿Por qué habría de cambiar su actitud frente a las cosas? Esa es la lógica.  Contestar al Facebook como si fuese cuando la gente lo bardeaba por hacer la V peronista es una prueba de que nada ha cambiado. Su vida es componer y tocar en vivo: eso siempre estuvo claro y siempre fue abierto al respecto. Nadie sería capaz de discutir que si le sacan la música, una parte de él se perdería para siempre. ¿Sería esa una explicación de una actitud tan rígida frente a la situación? ¿La posibilidad de perder aquello que le da sentido a tu vida?
Seguro explicaría por qué Kung Fu habla de lo que habla y no es un disco temático sobre la guerra del Paraguay. Relatar lo que le pasa, les pasa, les pasó y creen que pasará, fue siempre la manera en la que Pez exorcizó demonios y creó arte; y últimamente son más pragmáticos y menos metafóricos, por lo que terminan siendo coherentes.



Escuchando el disco: Pez vs. Cordera.

Nos permitimos un paralelo con el disco Entre Las Cuerdas (2018) de Gustavo Cordera. Si bien las circunstancias judiciales de ambos artistas son diferentes -con denuncias y actos distintos- ambas pertencen a un mismo eje, que visibiliza el ejercicio de privilegios heteropatriarcales y misoginia, y donde los artistas se autoperciben como víctimas.
Es en ese plano que ambos arman un álbum al respecto.
A primera vista, la frontalidad es un punto a favor de Kung Fu. Cordera, en este caso, está a la defensiva. La gran parte de las canciones de Entre Las Cuerdas tiene un mensaje suficientemente vago para transformar cada idea en una trampa: cuando uno piensa que tal canción es en realidad una autoreivindicación de sus deplorables actitudes, esa misma pieza tiene los suficientes confusores para transformarla en otra cosa. Así, Cordera podría defenderse alegando que lo atacan, que efectivamente es una víctima de la presión social y otros etcéteras que ha dicho más de una vez. Ya desde su tapa, Entre Las Cuerdas es un anzuelo pasivo-agresivo, con el cual, a pesar de todo lo que he dicho hasta ahora, no pasó nada.

Pez adopta otra postura: se muestran convencidos de accionar y lo sostienen. Sin embargo, esto es justamente lo más destacable y lo peor del disco.

Convencidos sin retorno: un desperdicio de canciones.

La cuestión es que esta “defensa” ejercida en formato álbum contamina cada una de las posibilidades poéticas de las canciones. Es imposible tomarlas de otra manera que no sea de Pez en esta situación actual y que es Minimal quien canta en primera persona frente a lo que pasa hoy, 2019, porque así lo han querido.

Una de las estrellas del álbum, “Desde el odio”, dice:

“Quizás ya no sonrías más al escuchar mi nombre.
Sabrás porqué así ha de ser, yo no puedo evitarlo.
Si vivís del odio, para el odio, nada bueno va a pasar.
Buscás a alguien a quien culpar por todas tus frustraciones.
La mierda sobre los demás, jamás mirar adentro.
Te espero, te espero acá.»

Si fuera otro artista, poniéndose en la carne de un personaje ficticio; o bien, una canción de Pez en el 2014, lo tomaríamos distinto. Pero sabemos que es la banda cuestionando a los repudios frente a su actitud, en una manera poco más elegante de decir que “los haters nao tem fin”. ¿A quién es que espera, según la letra? ¿Dicen eso porque “están a disposición de la justicia”? Es imposible no entrar en esa sintonía. Algunos verán esta canción como una actitud valiente y otros como la provocación definitiva.

Lo mismo sucede con la gran historia que es “El sheriff”. Imposible que a más de un decepcionado de la banda no le den arcadas al oír:

“No es sólo una cuestión de percepción, a veces es negar la realidad.
Repetiste una secuencia que nunca existió y ahora ya no sabés cómo parar
esta guerra sin razón o es acaso otro motivo para odiar.
Todos arriba del monstruo a enrrostrarle su montruosidad,
pues no existe un problema peor que del problema no poder hablar.
Si te vas a defender, te convertís en lo que vos atacás.
Ya no importa la verdad, es un detalle menor, sólo hay que pedir perdón
aunque no exista razón y es tal tu decepción y tal tu indignación
que poco importa todo lo demás.
El Sheriff, ahí va… Y es que esas botas sucias le quedan tan bien…
Y aunque no exista razón, es tal tu decepción y tal tu indignación
que poco importa todo lo demás.”

Si bien en términos poéticos está lejos de los mejores momentos de Pez, hay algunos conceptos muy interesantes que estaría bueno desarrollar. Pero la banda se cansó de repetir que Kung Fu habla de lo que viven hoy, entonces sabemos que en realidad es el relato de la victimización de Minimal sobre el fantasma del auge social cegado por el odio en su contra, donde el movimiento por las los derechos de las chicas y la deconstrucción de roles patriarcales son la policía sin placa.

Esto es la vida, simple y compleja a la vez y puede fallar.

Otro gran momento arruinado es “Los amigos del campeón”, que musicalmente trae viejos tonadas de la mejor época cancionera de Pez:

“No se escuchan tantas voces como ayer y la fiesta fue apagando su color.
¿A dónde están los amigos del campeón cuando las luces se apagan?
¿A dónde van los amigos del campeón cuando el agua ya no embriaga?
Aturdido por la paliza aún y no es todo, la vergüenza aún es peor…
Todo lo que antes decía «Mirá qué grande sos»
es lo que ahora te esquiva y ya ni puede escuchar tu voz.”

La idea se extiende en “Fuego Amigo”:

“Cuando se empieza a hundir un barco
las primeras que salen rajando son las ratas
y corren exhaustas hasta que se dan cuenta que están en el medio del mar.
Yo me acuerdo cuando estaba todo bien,
fumábamos mil porros y escuchábamos los Dead
y ahora que eso ya se terminó nos preguntamos qué fue lo que pasó.
Con mentiras para hundirnos, no.
Porque cuando estás bajo fuego amigo
todo se torna ya más complicado,
ya no tenés tan claro el enemigo,
vuelan misiles desde todos lados.
Esto fue fuego amigo.”

¿Se acuerdan que alguien cercano a la banda dijo “No le hables a los que sabés que te van a prender fuego de una. Hablales a aquellos que te escucharon durante todos estos años y necesitan una palabra de parte de la banda.”? ¿Qué pasó con ese consejo del cual estaban tan orgullosos hasta borrar el posteo?

¿Se imaginan lo que habría sido hace 5 años “El puto Pulitzer”, cancion punk de solo 3 frases?

“No chequean nada, su fuente es una red social.
Del click la carnada, total qué más da…
Dénles el puto Pulitzer, dénselo ya.”

 

Un Siempreterno debajo de la manga

Hay una jugada descolocadora: la presencia de Mimí Maura.
Participa acompañando en un cover, “El Almaherida” (tema que Sanzo había compuesto para su trío Flopa, Manza, Minimal), quizás el tema más neutral en un disco con una línea tan clara.
Que Maura haga presencia es un gesto de apoyo –siendo honestos, cualquier colaboración en este disco es un gesto de apoyo-, y el hecho de que sea Maura es un doble gesto. No está colaborando León Gieco, Cordera o Calamaro. Si bien Maura ya había colaborado con Minimal en el proyecto “El Siempreterno”, su apoyo es quizás la mejor defensa que blande Kung Fu.

 



La sentencia
-de Kung Fu, a no confundir con procesos judiciales-

Hay una posición muy compleja que viene de la mano del hecho que las denuncias hacia la banda se basan en que Pez ejerció irresponsablemente el poder que la música (entre otros factores) les otorgó y que hasta hoy no hay demostraciones reales o creíbles de empatía de la banda o señas de arrepentimiento. En ese universo específico, resulta difícil decir lo siguiente: no está mal que Pez edite un disco y tampoco que edite un disco al respecto. Pero no debe soltarse así como así, sino que debe tener muchísimos “peros”.

Como Pez no tiene pelos en la lengua a la hora de dar sus por qué y su visión de lo que viven, Kung Fu es una pieza musical antropológicamente valiosa que sirve para visualizar cual es la interpretación patriarcal del cambio de paradigma que el rock está atravesando.

Sin embargo, es un juego peligroso: para Pez, las denuncias son «una moda oscura”. Si no hacemos la tarea y ejercemos la memoria, si nos transformamos en la criatura que el propio Pez describe como enemigo en “El puto Pulitzer”, habrán ganado una batalla desagradable. Porque el álbum bien puede transformarse en el manifiesto que justifica y legitima el monstruo que el movimiento de mujeres y tanta gente más intenta combatir. Citando al propio Pez, su táctica bien puede ser que “si algún día oscuro nos toca perder, que sea con una sonrisa/ así el hijo de puta se va con el culo lleno de preguntas”.

Como con cualquier declaración en plena efervescencia de la posverdad, no sirve de nada si, como público, no entendemos y estudiamos quién era Pez antes de las denuncias y quién es hoy… y cuando llegue mañana, veremos qué quedó. No sirve si no tenemos una posición al respecto -o por lo menos entendemos que la estamos buscando, que estamos a tientas en la penumbra. Una visión optimista sería que el público bien puede resignificar la obra y transformarla en algo bueno e inspirador. Pero… ¿Qué nos garantiza que el disco no le legitime a Pez un lugar en el escenario y en la sociedad que tan rápido parece olvidar todo, para que ejerzan un potencial acto de violencia?

Entonces, ¿el silencio es la respuesta? Sería a través de una justificación bastante siniestra: como la sociedad se maneja sin chequear información y sin hacer la tarea, lo que tenemos que hacer es dejar de mostrar ciertas partes de la historia. Y en actuar opuesto, existe el riesgo de caer en “la paradoja de la tolerancia” de Karl Popper: si en nombre de la tolerancia, damos espacio a los intolerantes, estos intolerantes ganarán la totalidad del espacio sin dar espacio a la tolerancia.
Sonia lo deja muy claro en un fragmento de la entrevista, cuando dice: “Creo que tenemos que llenar el espacio de nuestras voces. Dejar de ser consumidorxs pasivxs de discursos (políticos, artísticos o del tipo que sea) y empezar a poner nuestra voz en escena.” En ese aspecto, Kung Fu nos obliga al incomodísimo pero necesario rol de espíritu crítico, porque sus canciones no son canciones, sino un manifiesto.

Entonces… ¿Qué hacemos con Kung Fu?
Le preguntamos a Sonia acerca de cómo veía el futuro con respecto al ámbito artístico y el accionar de las agrupaciones, a raíz de la cancelación del show de Pez: «Supongamos que les cerramos los espacios, los echamos, los bajamos… ¿y qué pasa? Esa es una gran pregunta que nos estamos haciendo todo el tiempo hacia el interior del movimiento. Pero no quita que necesitemos accionar en respuesta a una naturalización de las prácticas abusivas que ya no puede seguir así. Y una de las cosas más importantes en todo esto, creo yo, es que cuando una persona se anima a hablar, otras muchas resuenan. Es generarle un espacio a ese nuevo discurso. Un espacio en la realidad. Como Ariell Carolina [Víctima de Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo] con su cartel de YA NO NOS CALLAMOS MÁS. Alguien tiene que empezar a hablar para que todxs empecemos a escuchar, a hacerle espacio a esas ideas. Porque lo que no se nombra no existe, tenemos que hacernos cargo de que así funciona la cultura, a través de la construcción de discursos.»

“Lo que no se nombra no existe”.
Hablemos de Pez.
Hablemos de su postura.
Kung Fu da para hablar.
Porque también existe el horror. Y para darle pelea, hay que visibilizarlo.
Y parece que a Pez, la gente le asusta.