El mejor compositor de los Beatles que quedan vivos (te queremos Ringo, pero esta es la verdad) edita un nuevo álbum en el sello Capitol, donde dio a luz el sorprendente Chaos And Creation on The Backyard (2005). A sus 76 años de edad, Paul McCartney demuestra que hacer lo que hace le resulta inevitable.

Foto: Mike Coppola

 I’m Not Quitting While People are Crying For More

No está mal aclarar que Paul tiene 76 años. A esta altura, ya nadie le exige nada y el tipo sigue produciendo. Desde shows maratónicos de primer nivel a una renovación sonora moderada y constante, sin jamás perder su sello compositivo característico. Sí, por supuesto que tiene altibajos, pero hablamos de una carrera solista que ahora consta de diecisiete discos y una total que incluye componer, arreglar, tocar y producir EN LOS BEATLES (mayúsculas intencionales) y Wings. Cualquiera en su lugar habría colgado la guitarra y estaría disfrutando de sus nietos. Pero a Paul le gusta el show, la creación, el vértigo del tour. Cuando habla, siempre lo hace como un personaje de televisión. Le gusta la cámara y el micrófono y sabe que cualquier cosa que haga sacude el mundo musical, mas no sea un poco. Es uno de los astros del rock y la música contemporánea porque la historia gira a su alrededor: lo sabe y lo disfruta.

Komm, gib mir deine Hand

Antes que nada, tengamos en cuenta que todos los párrafos siguientes no se van a referir a la canción ‘Fuh You’; es más, después de éste, vamos a pretender que no existe. Sucede que el tema compuesto y producido junto al productor Ryan Tedder (U2, Maroon 5, Beyoncé) no obedece -por suerte- a los parámetros del resto del álbum. Es un cóctel enlatado de clichés de la música pop nº1 de los charts, sin esencia propia y cayendo en lugares comunes dentro de lo orquestal y melódico. Para colmo, es corte de difusión: inentendible desde el lugar representativo artístico y entendible desde el comercial. Porque como a Paul le gusta la música, le gusta el éxito. Es un tiburón empresarial de raza: huele sangre y hacia allí va.

El pájaro negro canta hasta morir

Lo que más sorprende es la energía de las canciones. Están interpretadas con intención, de manera que cualquiera que disfrute del formato cancionero de la vieja escuela va a estar moviendo el piecito. Su voz está más desnuda que en New (2013), haciendo que suene más tembloroso y gastado. Esto le permite sonar como un Johnny Cash de Radio Aspen en ‘Confident’, pero, obviamente, no dispone de un abanico de matices tan grande como antaño, de manera que las baladas quedan por detrás de las canciones más enérgicas. Y esto también es mérito de él, ya que más allá de la producción de Greg Kurstin en casi todos los tracks, Paul grabó todos los instrumentos y es imposible pensar que no se mete con ecualizaciones, volúmenes y demás artes de las perillas. De esa manera, el sonido gana intensidad hitera.
El álbum comienza con lo mejor en el primer tramo y las mayoría de las canciones son breves, haciendo al álbum bastante dinámico . No es poca cosa, considerando el largo de 16 tracks, que, al empezar con una seguidilla tan ganadora, baje un poco la recta de escucha (nada que un random no pueda solucionar).

 

When I’m 76

Con letras que reflexionan sobre la edad, en pasado y en futuro, hay un aire nostálgico con paisaje sonoro 2018. Las canciones suenan a algo que uno ya conoce, porque MacCartney representa el espíritu compositivo que formó la música mainstream de hoy. Por eso ‘People Want Peace’ tiene un pianito que podría incluirse en ‘Ob-ladi Ob-lada’ de los Beatles (sonido hippie para mensaje hippie) y ‘Dominoes’ tiene coros propios de los años ‘50. Podemos ir encontrando el rastro de influencias con microscopio a lo largo de todo el álbum, pero eso no significa que suene viejo. Paul no duerme en los laureles de su zona de confort y se anima a algunos inesperados, como el extenso ‘Despite Repeated Warnings’ y el extrañamente blusero ‘Hunt You Down/Naked/C-Link’, con resultados agridulces.

Foto: Amazon

¿Vale la pena?

McCartney se encuentra en un momento donde cualquier cosa que se le pudiera exigir o criticar terminaría en un “¡Pero déjenlo en paz!’. La verdad que sí, que es cuestión de aprovechar que está vivo, que es testigo de qué pasa a su alrededor y que aún puede sacar un álbum enérgico. Si te gustan las canciones, el buen momento está asegurado y probablemente repitas la escucha.
No es un álbum que brille dentro de su propia discografía (objetivo casi imposible, si miramos la competencia) y la mayoría de sus canciones probablemente resulten olvidables… pero sin duda Egypt Station está bueno para vivirlo en tiempo real. Mientras nos preguntamos si otras estrellas longevas estarán sacando su último disco, Macca nos hace pensar que está lejos de la supernova. Pero, por las dudas, aprovechémoslo.

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Escuchá el album completo:

Mirá el videoclip de ‘Back In Brazil’, el cual grabó, justamente, en un estudio de Brasil: