El boliche no pierde nunca, por lo que la regla general en el circuito emergente es que sean las bandas quienes asuman los riesgos económicos de una fecha. Iván Melink, quien además de escribir también hace música, investigó los distintos tipos de acuerdos monetarios entre artistas y lugares.

Atención: los nombres de bandas, festivales, localidades y espacios utilizados en esta nota son ficticios; no así las situaciones descriptas, que son un común denominador dentro de la escena under.

Hace poco me contaron que una conocida banda de cumbia cobró una importante suma en dólares por tocar en el Festival del Chorizo Colorado en Villa Las Palmas en Andaasaberdónde y casi entré en shock por la distancia sideral que tenía ese trato con los arreglos desvencijados que se dan en el under y no tan under local. Así que me decidí a escribir un pequeño anecdotario de esos tratos tan entreverados productos del amateurismo musical, la situación económica, la mala predisposición de los dueños de los espacios y el escaso interés o compromiso del público con la movida.

El under de los unders
Festival Autogestivo Anticareta por la Liberación Musical con entrada popular. Lo recaudado se reparte entre las bandas y otros –un montón– artistas de otras disciplinas que acompañan la fecha. Quedan para cada artista/banda aproximadamente cincuenta pesos porque no sólo casi no hubo difusión sino que además, más de la mitad de la fecha no hubo nadie cobrando entrada en la puerta… qué se le va hace’.

El under de los unders contraataca
Es exactamente igual al anterior, pero es a la gorra y pueden pasar dos cosas: la gorra nunca pasa o se llena de billetes de veinte, diez y cinco pesos que vivieron una eternidad confinados en el ecosistema existente en el bolsillo de un punky.

Rendime y después vemos
La banda Xilofón Maligno, con una base de 700 seguidores en Instagram, recibe invitación para tocar en Festival Rejunte de Bandas. Debe rendir el precio equivalente a diez entradas anticipadas y a partir de la entrada once se reparte 70/30 entre el lugar y el artista. A veces, el dinero de base lo piden por anticipado. El día de la fecha ninguna de las bandas cruza palabra con sus colegas ni se interesa por su obra. Su público tampoco y mucho menos el organizador, que sólo da la cara al inicio y al final de la noche.

Rendime y después vemos II (con carta de presentación)
Banda “Ya no me verás comer en tu mesa”, con unos 500 likes en Facebook, recibe una oferta similar a la anterior,  solo que con un condimento más. Aparece «Pili» vía Whatsapp con mucha buena onda y les ofrece tocar en el lugar. Los chicos de Yanomeverás (así les dicen sus cinco seguidores más acérrimos y el tío que insiste en que cambien de nombre porque dice haber leído sobre marketing) aceptan y cuando le preguntan a Pili cómo es el arreglo ella elude la pregunta diciendo que de eso encarga “Cachito”. Pili tira un “me re copa la banda :)” y continua vendiendo un poco más la fecha con  más frases positivas y muchos más emoticones; luego, pone en contacto a la banda con su misterioso socio. “Cachito” aparece luego de un par de días con un mensaje de voz, carrasposo y sin anestesia, en el que explica el mismo trato que en el ítem anterior. Pili desaparece del mapa.

Conurbar
Bar de Cerveza Artesanal de Zona Oeste –lleno de motitos, pin up girls, colores y buena onda estilo palermo- paga mil quinientos pesos a las bandas locales que van a tocar. El lugar se llena y la entrada es libre consumiendo algo. Muy lindo, pero sucede cuando cancela la banda tributo a Queen que iba a tocar por un precio tres veces mayor al que le ofrecieron a la a banda local.

La exprimidora
El Solista Jaime Bonachón, que convoca entre 30 y 50 personas como mínimo por show, acuerda con Mazmorras de un típico Bar de Cerveza Artesanal de San Telmo (que tiene lugar para cien localidades) pagarle $8000 de seguro de sala y un 70/30 en entradas.

The Ratas
Termitas C.C.de Flores ofrece su espacio para tocar gratis a la gorra. El arreglo no ofrece consumiciones a menos que vayan diez personas mínimo. Chocolate Zeta de Zona Norte toca una noche y lleva siete personas. Al final de la fecha, su baterista pregunta si pueden darle dos latas de cerveza en reiteradas oportunidades. Los dueños se niegan a tal sacrificio descomunal como si este alterara el orden y la economía del lugar y menosprecian a la banda tratándolos de vagos que vienen a hacer ruidito. Se pudre todo y el resto la historia es fácilmente imaginable.

Combo básico Indie
Banda de 28 mil me gustas en Facebook cobra entre 15 mil y 20 mil pesos por presentación en El Recoveco de Caseros. Debe pagarle al sonidista, al manager y al prensa, además de la nafta que les llevó moverse desde su guarida en algún lugar de Palermo hasta el Centro Cultural sensación en la zona noroeste del Conurbano Bonaerense. Por otro lado, los muchachos de El Recoveco refuerzan la convocatoria de la fecha invitando a tocar a Kapos del Oeste y Reptindie; ambas bandas locales que llenan el lugar de amigos por el módico precio de mil quinientos pesos.

Resurgiendo
Mariano Reptil nos envía un mail invitándonos a participar de la cartelera de Espacio Escamas en los alrededores del Abasto. En su mensaje nos ofrece abonar un seguro de sala de $2500 para tocar tanto viernes como sábado. A cambio, nosotros nos quedaremos con el 100% de la recaudación de la fecha. En el mismo mensaje nos cuenta que hasta marzo ofrecían el típico arreglo setentatreinta pero la crisis los llevó a tomar esta decisión tan ort… complicada.

Entrando en la maquinaria
Este no es tan under pero demuestra como la cosa sigue aún en estratos más altos. A la banda Suspiro Ciego, con más de 15 mil likes en Facebook, le llega la oportunidad de su vida: tocar en el festival internacional Platomerluza. ¿El horario? Una del mediodía. Y bueh. Probablemente no los vea nadie, pero qué importa, si el nombre de la banda va aparecer por todo Instagram, Twitter, Facebook, en los carteles de todas las autopistas, en la tele, etcétera.

Hay otro pequeño detalle y es que al CEO de Platomerluza no le cierra la idea de los derechos de autor y toda la movida sindical así que les acerca un papelito a firmar en el que renuncian al porcentaje de la recaudación que les corresponde por tocar sus composiciones propias. Dicho porcentaje puede parecer mínimo nominalmente, pero dada la convocatoria enorme del festival la suma toma otro color. Suspiro Ciego pone en la balanza el supuesto renombre que les va a dar el festival y renuncia a sus derechos. Dicho trato no es legal pero ese es otro tema ¿O no?

En resumen, el rock under destaca por su falta de profesionalidad y la eterna lucha entre dos formas de moverse en el ambiente: renunciar a tus derechos por espacios que bastantes veces no cumplen su parte del sacrificio que exigen; o seguir el rumbo de la autogestión en el que abundan colegas sin la misma predisposición o compromiso por proponer y bancar un modelo de trabajo que difiera del más consolidado.