Mientras el rock como concepto empieza a cambiar, nos preguntamos cómo será en su futuro. El último disco de Gorillaz nos da un par de ideas al respecto.

SYDNEY, AUSTRALIA - DECEMBER 16: Damon Albarn of Gorillaz performs on stage at the Sydney Entertainment Centre on December 16, 2010 in Sydney, Australia. (Photo by Mark Metcalfe/Getty Images)

 

¿Se dieron cuenta de que no hay discos buenos últimamente? Lo digo así, en general. Obvio, claro, hay muchos discos buenos todavía. Pero miremos del 2010 en adelante y hagamos un recuento de los discos que valieron la pena, que son pilares de algo, que expanden los horizontes y que hayan recibido una difusión mínima. ¿Cuántos contamos? ¿Una mano? No sé si llegamos a dos. Ahora, hagamos esa misma ecuación de 1970 a 1977 y llenaremos una estantería. Perdón por las molestias, pero no digo nada nuevo: el rock viene viviendo una lenta desaceleración, un avejentamiento de farándula, resistiéndose a morir, cada vez más débil, pero todavía de gala y sonrisa.

Hay veces que me pregunto cuánto durará, en qué se convertirá. Veamos el ejemplo de la música clásica: aunque a nuestros ojos suene algo tan compacto y definido, estamos hablando de música con cientos de años de distancia, periodos diferentes que van desde el renacimiento hasta nuestros días, sonidos que enmarcan una época. Hoy en día es difícil hablar de verdaderas composiciones de música clásica contemporánea que no intenten mantener con vida esa tradición o quede encasillada en soundtracks de películas. Así como la música popular fue decisiva para el fin de la clásica, como todo, el rock no será rey para siempre y algo lo terminará por superar; triste pero real. Será un sonido para nosotros nuevo, que las generaciones jóvenes abrazarán ¿Es inminente este cambio? Lo es aunque no lo queramos ¿Ya  estamos en ese punto? Todavía no, pero la carretera no es larga. La pregunta que nos debería dejar pensando antes de irnos a acostar es: “¿Cuál será el futuro de la música?”.

Gorillaz acaba de lanzar su último disco, Humanz, y redobla la apuesta que alguna vez se hizo a fines del siglo pasado: experimentar desde el concepto mismo de lo que concebimos como música moderna. Así fue como desde el 2001 seguimos a 2D, Russell, Noodles y Murdoc en las aventuras animadas de ser la primera banda virtual, dirigida por el genio musical de Damon Albarn, cantante de Blur, y Jamie Hewlett, dibujante inglés de cómics. El éxito del proyecto fue rápido y seguro, porque Gorillaz ya tenía preparada una ofensiva multimedia lista para atacar todos los medios de comunicación, buscando explotar al máximo los recursos multimedia del internet, pero infectando tanto radios como televisores con sus canciones pegadizas y sus increíbles videoclips.

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Combinando estilos musicales sin ningún tipo de restricción y con artistas invitados de todos los ámbitos y géneros, la discografía de Gorillaz nos viene hablando de buscar, de descubrir, de llevar el concepto de música más allá de lo que es. La tecnología, la crítica social, el ritmo de las caderas, todo debe confluir en un producto masivo pero inteligente, extraño pero de calidad. Hay tres pilares en la música de estos monos y son la energía del rock, la cadencia del rap, y el dinamismo de la música electrónica. En este cielo oscuro, un cohete apuntando alto, su último disco Humanz, busca seguir innovando.

La primera señal de novedad la dio el vídeo del single ‘Saturn Bartz’, una experiencia en Realidad Virtual para todos los que tengan dicha tecnología, donde puede uno sumergirse con los protagonistas de la banda al interior una casa abandonada entre monstruos y lisérgicas secuencias espaciales. Así, Gorillaz se posiciona como uno de los primeros en el uso de este recurso para que desde casa “cualquiera” pueda disfrutarlo. La siguiente noticia que nos dieron fue la Gorillaz House Party, un evento internacional que se llevó a cabo el 21, 22 y 23 de Abril, donde bajando una aplicación de su página web podíamos recibir coordenadas para escuchar el nuevo material. La cosa era así: como si fuese el Pokemon Go, con el GPS activado, nos acercábamos a uno de los 500 puntos dispersos por el mundo (Argentina incluido) y activábamos la cámara para descubrir a la casa de ‘Saturn Bartz’ con el disco entero reproduciéndose, listo para escuchar sin pagar ningún tipo de costo. Una increíble movida publicitaria para una generación que no compra un disco sin haberlo escuchado antes.

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¿Y qué pasa con la música en sí? Eso también es interesante, porque antes hablábamos de cuál sería el sonido del futuro, y yo creo que Damon Albarn ha apostado de lleno a la música electrónica. Ya se lo veía coqueteando en Demon Days y Plastic Beach, para lanzarse de cabeza en ese álbum-experimento que fue The Fall, grabado totalmente en un iPad. Pero Humanz es diferente, porque se asemeja a una orquesta dance de sonidos computarizados, donde cada tema tiene un trasfondo de al menos diez capas de ritmos y melodías electrónicas. A eso hay que sumarle los coros vocales que se asemejan al góspel y aquellos efectos que nos alejan de cualquier intención de banda de rock moderna. Colaboradores jóvenes e ídolos de antaño como Grace Jones o Mavis Staples se fusionan como marcando el futuro y el pasado unidos. Es un disco que puede gustar o disgustar, donde muchos fans tal vez no logren encontrarse con los viejos sonidos de la banda pero que, por encima de eso, se nota que la composición y la intención son experimentar. Más allá de los gustos, es indudablemente una gran apuesta sonora.

¿Tomarán los conjuntos del futuro los trayectos que Gorillaz comenzó a marcar?  ¿Habrá más bandas virtuales? ¿Podrán combinarse de manera exitosa las nuevas tecnologías que no dejan de surgir? y sobre todo ¿Es la electrónica el camino? Ninguna de estas cuestiones pueden resolverse ahora, pero algo es un hecho y es que Gorillaz se ha dedicado a ser la banda mainstream que expande los límites de nuestra relación con la música, con ideas, recursos y calidad. Con su carrera ya hecha y su reputación por las nubes, podrían haber optado al camino fácil y seguir comiendo uvas en su trono, haciendo lo que antes funcionó, como tantos hacen en estos tiempos. Pero no. Porque en un momento donde el rock se aferra a las bandas que “nos recuerdan a…”, es importante no olvidar que todavía hay un futuro por velar.