No podemos prometer que no reseñaremos artistas pop, pero sí nos preocupamos por las nuevas figuras del rock que están emergiendo en la escena y haremos lo posible por que sigan haciendo ruido.

The Big Moon

¡Sí, The Big Moon es esa cosa indie-garage-pop-retro-punk que estabas buscando! Estas londinenses sacaron a la luz hace unos meses su debut Love in the 4th dimension y de poco están empezando a romperla. Es una típica formación de dos guitarras, bajo y batería que explotan con una crudeza fantástica, sin que esto les impida concebir canciones irresistibles y pulcros, con arreglos corales destacables incluidos. Una reciente tanda de simples acústicos, donde se evidencia mejor aún la actitud arrogante del grupo y sus habilidades vocales, las hace sonar como una versión británica de Las Taradas.

Kyle Craft

Mientras el foco hoy está puesto en las novedades del pop alternativo, una gran parte de la comunidad sigue pendiente del surgimiento de los nuevos héroes y heroínas del rock (Courtney Barnett, por ejemplo). En ese sentido, Kyle Craft, un lampiño yanqui de 28 años, vino a posicionarse como uno de los solistas a los que hay que prestarles atención. Siendo un cantautor que resucita al glam, es natural plantearlo como una mezcla entre Dylan y Bowie. Dolls of highlands, el nombre de su tremendo primer álbum, parece aludir a “Girl from the north country”, de Bob, mientras que el sonido del disco es un link directo a Ziggy Stardust. Acaba de editar un disco de covers y “Heartbeat junky”, el adelanto de su próximo trabajo, que saldrá en 2018. No lo perdamos de vista.

Sheer Mag

No dejarse llevar por el riff de apertura de Need to feel your love, el debut de Sheer Mag, porque es tan increíblemente rollinga que nos provocaría una primera impresión desacertadísima de la banda de Philadelphia. OK, no es que en el resto del disco no haya ecos stone pero es porque el sonido es deudor del hard glam de los setenta: rock guitarrero, gritón (de la mano de Tina Halladay), pegadizo y, por sobre todas las cosas, divertido. Casi todo el disco se puede bailar, y que la “bailabilidad”, que hoy es un rasgo propio de la música más bien orientada al pop, sea una característica de un álbum de rock, le da al género una frescura necesaria.

Foto: Jeremy Kale Padot