Al pueblo indie: hay que irse a vivir a Canadá. Definitivamente. Acá tenemos una banda más que justificaría esa aventura.

Alvvays editó su único disco, homónimo, en 2014 y la próxima semana vendrá el segundo, que ya cuenta con tres cortes de difusión y anda más o menos filtrado por las redes. De a poco van encontrando su lugar en la escena: ya pasaron por el Glastonbury y el Coachella, este año tocaron en el Lollapalooza de Chicago y por estos días se presentaron en el festival inglés End of the Road junto a figuras de renombre como Mac Demarco, Father John Misty y the Jesus & Mary Chain.

Con sus 32 minutos en nueve canciones dulces y amables, Alvvays es lo que quiere ser: el debut de un grupo humilde (que es sinónimo de canadiense, salvo por Arcade Fire) que podría ser la banda sonora de un viaje en bici de una persona enamorada de la vida. Se trata de un LP que queda rockero y dosmiloso al lado de Antisocialites, el nuevo álbum, que es un poco más ochentoso y etéreo: un dream pop que remite tanto a los mencionados Jesús y María Cadena como a los Smashing Pumpkins. O sea, es ideal para otro viaje en bici, pero habiendo incorporado algún alucinógeno a la experiencia.

La escena canadiense está, evidentemente, pegando fuerte, pues varios de sus referentes tocan cotidianamente en los festivales más importantes del mundo. Lo que pasa es que, como no son tapa de revista, no se entera nadie. Pero porque de eso se trata el universo indie: permanecer en el anonimato a propósito. La intensidad radica en ese submundo como totalidad y no en la individualidad de un artista revolucionario. Vamos, las bandas, rajen del cielo.

Escuchá un par de temas, guachín: