Los pibitos de Stranger things moviéndose al ritmo de “Should I stay or should I go”, Charlize Theron mata con New Order de fondo y las luces de neón inundan el mundo del diseño. ¿Por qué volvieron los 80? ¿Acaso no hay novedades interesantes?

Allá por los 80, el pop (y, por lo tanto, también el rock) experimentó un cambio radical. Lejos de las guitarras, rompiendo con los 70, los beats electrónicos y los sintetizadores se alzaron al cielo para copar el mainstream. Aparecieron entonces Prince, Madonna, Michael Jackson, Depeche Mode o New Order, artistas que engloban ese término vulgar llamado “música ochentosa”, que años después tuvo un hijo llamado “electropop”, un género que conjugó pop, electrónica y guitarras y protagonizó la escena de los últimos años. Los 80 son, también, la década que vio nacer al revolucionario MTV, que tuvo su auge con sus unpluggeds, rankings de videoclips y dibujos animados para freaks, pero terminó convirtiéndose en un extraño menú de programas tipo The real world (1992): si, como decían los Buggles, el video había matado a la estrella radial, ¿los reality shows mataron al videoclip? ¿O solo murió MTV?

Si bien los 80 ya pasaron y no podemos pretender que hoy aparezca otro “Jump” porque Van Halen hubo uno sólo, muchos parecen no estar del todo convencidos. La actualidad muestra una incesante búsqueda por revivir esa década en muchos aspectos. Musicalmente, los sintetizadores volvieron definitivamente al pop, al R&B e incluso al rock, poniendo en jaque a los puristas del género. Una playlist actual inspirada en aquellos años podría incluir “Shut Up and Dance” de Walk The Moon, algún que otro tema de St. Lucia, “Nightcall” de Kavinsky, otro poco de HAIM, por qué no “Everything is embarassing” de Sky Ferreyra, lo nuevo de Arcade Fire y los Killers, y hasta el recién salido del horno “Little dark age” de MGMT. Si del plano local se trata, no hace falta ir demasiado lejos para encontrar la influencia ochentosa: desde bandas ya establecidas como Barco (quienes hacen un gran cover de “Mirada Speed”) hasta exponentes de nuestro indie como Gativideo emanan un sonido ochentoso por donde se las escuche.


Y los 80 no solo se hacen presentes en el universo discográfico: en un aspecto masivo, es en las películas y series donde se hizo más notorio este revival. Las series de Netflix Glow y Stranger things, por ejemplo, además de situarse temporalmente en la década en cuestión, incluyen en sus bandas sonoras clásicos de Bon Jovi, Beastie Boys y Smiths (“Should I stay or should I go” es, de hecho, recurrente en las aventuras de los niños de Hawkins). El film Atomic blonde, por su parte, pretender tocar esa fibra emocional desde el principio con “Blue Monday” de New Order y sigue con un soundtrack repleto de Bowie,  Clash y Duran Duran.

Ahora bien,  ¿por qué volvimos a los ochenta? Como siempre, la música es un enorme respaldo ante los problemas coyunturales de una sociedad (“Y todo el mundo saltando contento, porque allá afuera te espera el país”, rezaba Ciro Martínez). Así, en los 80, las tensiones de la Guerra Fría, las amenazas nucleares, Reagan y Thatcher en Estados Unidos y el Reino Unido respectivamente haciendo realidad la promesa neoliberal y sus catástrofes colaterales podían desaparecer mágicamente con una buena canción pop. Hoy no tenemos a Reagan ni al muro de Berlín pero las problemáticas sociales, las brechas económicas y la división del mundo han seguido un hilo bastante recto desde 1980, solo desviado por ese gran cisne negro llamado Internet. Bombardeados por likes, follows, relaciones virtuales, nuestra realidad se ha vuelto mediada por una pantalla. Ante este sacudón, en un mundo en el cual estamos cada vez más cerca pero cada vez más solos, la música de los 80 provee un regocijo y produce una empatía difícil de conseguir con otro género porque es la que activa los sensores de la nostalgia en la famosa generación X.


La nostalgia, que apareció hacia fines de los 90, se transformó en negocio y nunca desapareció. Esto se evidencia en diversos planos que trascienden lo musical o el entretenimiento, como la moda reencarnada en colecciones que retoman elementos del ochenta como los arcades, My Little Pony o las camperas abombadas con colores chillones, o el plano del diseño con la vuelta a las luces de neón. Y como si esto fuera poco, el año que viene se volvería a fabricar el auto DeLorean, un símbolo de la época que recobró popularidad. Volviendo a un plano artístico, existen géneros emergentes como  el “vaporwave” y emprendimientos como NewRetroWave dedicados a mostrar la producción actual influida por la estética ochentosa.

Quizá nos pasa, justamente, porque somos hijos de la generación X, que esta música nos provee de una satisfacción que, aunque nos canse, nos saca una sonrisa. Así, eludir un momento bajón es más fácil si de fondo suenan los Clash con “Rock the Casbah” o Aerosmith con “Let the music do the talking” y se puede hacer con un paso firme y estilo. Por eso un buen tema ochentoso levanta cualquier fiesta, cualquier escena es mejor si suena Prince y quizá sea cierto que todo lo que hace Lady Gaga ya lo inventó Madonna. Pero también es verdad que la actualidad tiene su encanto, pese a lo tumultuoso de los tiempos, y quizá sea hora de ponerle un parate al back to the past y prestarle atención a lo nuevo. Al fin y al cabo, Marty McFly no viajó al futuro para escuchar lo que ya estaba escuchando.