Desde que Charly saltó desde un noveno piso a una piscina hasta la detención de Ricardo Iorio, hace unas semanas, luego de un altercado con un policía, podemos afirmar que las figuras del rock se ganaron una etiqueta social relacionada a la transgresión de las normas. ¿Es, esta transgresión, una respuesta anti-sistema al sistema relacionada, por ejemplo, con la  histórica actitud contestataria en las letras de las canciones? ¿Qué significa romper todo?

 

 

“Rompan todo.”
Anónimo.
Luna Park, 1972.

Históricamente, encontramos paralelismos entre la cultura rock y la confrontación con lo imperante. Esto no es exclusivo de nuestro país: en The Wall, por ejemplo, Floyd critica al sistema educativo británico, contemplado como una “fábrica de moldear alumnos” que, en realidad, generaba una “no educación”. Las letras del rock argentino, desde Pedro y Pablo hasta Las Manos de Filippi y pasando por los Redondos, han hecho foco especialmente en ir en contra de las estructuras.  Hasta ahí, podríamos ver esta actitud como enmarcada dentro de una ideología política de izquierda, pero entonces no tendría sentido que Iorio, que no es precisamente conocido por ser un militante zurdo, sea también un referente del ámbito no solo famoso por su obra sino también por las polémicas que su actitud suscita en los medios. Y, por supuesto, el ex Hermética no es una excepción. Entonces, si no es una cuestión de ideologías políticas, ¿la transgresión es simplemente inherente al rock?

En 1976 comenzaba la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Esto, sumado al clima proveniente del todavía entonces presente Mayo Francés de 1968, generaba una amplia resistencia en el público joven que no se encontraba para nada identificado con el régimen de la época. Este alboroto, entonces, encontraba su representatividad en diversos artistas musicales, como Charly o Spinetta. El rock nacional mismo estaba semi-censurado, encontrándose prohibidas algunas canciones como “Me gusta ese tajo”, de Pescado Rabioso o “Viernes 3 AM”, de Serú Girán. Por su parte, “Canción de Alicia en el país”, de Serú Girán, logró pasar el filtro de la dictadura gracias a la metáfora con Alicia en el País de las Maravillas:

Quién sabe Alicia éste país
no estuvo hecho porque sí.
Te vas a ir, vas a salir
pero te quedas,
¿dónde más vas a ir? 

Y es que aquí, sabes
el trabalenguas traba lenguas,
el asesino te asesina,
y es mucho para ti.
Se acabó ese juego que te hacía feliz. 

 No cuentes lo que viste en los jardines, el sueño acabó.
Ya no hay morsas ni tortugas
Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie
juegan cricket bajo la luna
Estamos en la tierra de nadie, pero es mía
Los inocentes son los culpables, dice su señoría, el Rey de espadas. 

 No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo, no tendrás poder
ni abogados, ni testigos.
Enciende los candiles que los brujos piensan en volver
a nublarnos el camino. 

Estamos en la tierra de todos, en la vida.
Sobre el pasado y sobre el futuro, ruinas sobre ruinas, querida Alicia.

Se acabó ese juego que te hacía feliz.

Todo este espíritu de rebelión se intensificó con el advenimiento de la democracia en 1983. A partir de ese momento, la juventud se sintió liberada de aquellas trabas estatales que atentaban contra las libertades individuales, y comenzaron a surgir eventos multitudinarios de bandas transgresoras, símbolos de rechazo a una época que no querían volver a vivir jamás. Entre los ejemplos más paradigmáticos, tenemos el recital de Charly García en Ferro en diciembre de 1982, un ciclo de recitales en el Luna Park de Joan Manuel Serrat en 1983, o la presentación de Los Abuelos de la Nada en el Ópera en 1985.

Por aquellos años surgió la figura de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda también contestataria pero que no focalizó sus críticas a un gobierno contemporáneo sino al sistema en sí mismo: la estructura capitalista. Lo que caracterizaba a Los Redondos era su alusión en las letras al rechazo estructural de la organización de la sociedad. Por ejemplo, hilando fino (ya que las canciones de esta banda contienen muchas metáforas, donde pueden ocurrir interpretaciones dispares), se puede suponer que en “Todo preso es político”, el punto de vista del Indio Solari implica que nada ni nadie debería tener el poder de restringir las libertades individuales, así como también destaca lo inservible del sistema penal.

Si esta cárcel sigue así,
todo preso es político.
Un común va a pestañear
si tu preso es político. 

Obligados a escapar,
somos presos políticos,
reos de la propiedad,
los esclavos políticos. 

 El ascensor ya sube
(tu confesión ya sube)
¡deténganme!
¡deténganos! 

Quince años pagó ayer
con tres bucos políticos,
todos esquivándole,
temerosos políticos.

 En una entrevista que La Nación le realizó al sociólogo Pablo Alabarces sobre la cultura del aguante, este se pregunta: “¿qué significa sistema? No sé ni me importa. Pero uno tiene que estar del lado del antisistema. Si el rock tradicionalmente buscaba ese lugar, en el caso argentino eso está en franca decadencia desde los 90. Salvo por el Indio: esa posición aparece fuertemente encarnada en él”. Pero ese rechazo al sistema no es exclusivamente propio de una banda con alto compromiso social como los Redondos. Bandas que respondían a un público distinto al de la banda de Solari, como Soda Stereo, también: desde la ironía de “¿Por qué no puedo ser del Jet Set?” a la alusión a las drogas (“Un misil en mi placard”), el salto a lo prohibido, como provocación, está siempre presente más allá de lo explícitamente político.

 No existe una única razón que explique la rebeldía que suscita el ambiente del rock. Podemos tomar el caso de la pelea de Ricardo Iorio como un símbolo de rebeldía contra las fuerzas policiales, pero también como un simple hecho sin contexto, donde únicamente surgió un altercado con un policía: el sistema también se encarga de fijar estereotipos, entre los que define al rockero como insurrecto, entonces cualquier acción estará mediada por su supuesta insumisión, por su desafío constante hacia las reglas fijadas en la sociedad. Y como para criticar un sistema se debe estar dentro de él, el rockero es el primero que toma la condición impuesta como propia. Por eso, también, elige la transgresión en alguna de sus formas: canciones de protesta, incitación al quilombo, pelo largo o no soñar con convertirse en gerente de una multinacional. Al fin y al cabo, “la libertad no es fantástica, no es tormenta mental que da el prestigio loco”.