Marilina Bertoldi edita su tercer LP como solista con una popularidad que se dispara progresivamente y consolidándose nuevamente en la escena. Esta vez su música pasa por un camino diferente que promete más fertilidad para el éxito, dejando atrás aquellos inicios de Marilina Connor Questa.

Foto: Rocio Frigerio

Ay, como les duele comerse el viaje

Por suerte para Marilina, cada vez menos gente la define como “la hermana menor de la cantante de Eruca Sativa”. Esto no fue nada fácil, ya que su hermana Lula alcanzó antes la popularidad y lo hizo a caballo de un cambio de paradigma patriarcal en la escena del rock. Sus inicios eran constantemente comparados con la obra de Eruca; y, para colmo de males, también despertó sospechas de si su éxito no habrá sido por acomodos generados debido a ser de la familia, por lo que crecer artísticamente bajo esa sombra de prejuicios no fue un trabajo fácil. Hoy, siete años después de su debut discográfico con Connor Questa en 2011, intenta alejar esos fantasmas con Prender un Fuego, construyendo una faceta menos artesanal y guitarrera.

Light my fire

La voz de Marilina suena como una Julieta Venegas rabiosa con arrebatos a lo Boom Boom Kid, con una interpretación libidinosa (‘La casa de A’ es un clarísimo homenaje a ‘Make it Chu’ de Queens of The Stone Age, o al menos eso elegimos creer) que la encuentra distorsionando en casi todos los tracks.
La atmósfera se siente íntima y con piel involucrada incluso cuando rompe la ecualización, logrando la interpretación más orgánica que nos ha dado en toda su carrera. Esto es, en parte, gracias a una poesía bastante más relajada que, si bien no pareciera legar ninguna frase o estrofa inmortal, es gratamente menos ostentosa que antaño. Casi siempre narradas en segunda persona, increpan al oyente o alguien presente en la narrativa de la canción, fortaleciendo la idea del personaje empoderado que Marilina encarna a lo largo del disco.

 

Te fuiste a dormir, ¿o no?

Uno de los problemas que afronta el álbum es que los patrones se repiten constantemente a lo largo del disco y dentro de los propios temas, haciéndolos confundibles. Es por eso que las canciones que tienen alguna modificación armónica en el estribillo explotan de notoriedad por sobre las demás, como ‘Remis’ o ‘Tito volvé’, mientras que el resto flota sobre un motivo continuo. Pero lo que las canciones no tienen en elaboración, lo ganan en producción: el tratamiento sonoro y ambiental de los temas es tal que resulta difícil creer que el álbum fue trabajado a contrarreloj debido a un desperfecto técnico que les hizo perder los masters originales.
Menos guitarrera que de costumbre, Marilina coquetea con la nueva ola de hip-hop y el R&B de cajas de ritmo (quizá de ahí la idea del patrón repetitivo), con guitarras características del indie actual. El álbum es oscuro y nocturno, irrumpido por una batería sucia cuya calidad sonora sería la envidia de Perras on the Beach. Por supuesto, ante tal protagonismo de sonidos procesados con sabor a automático, la gran pregunta es cómo sonarán en vivo y si se adaptarán al sonido rockero característico de Marilina o viceversa.

Bonus Track

RACAT, el single de promoción del álbum, no fue incluido en la lista final de Prender un Fuego. Y es una lástima, porque le habría venido genial, así que vale la pena buscarlo por separado.

Foto: Gonzalo Alipaz

¿Vale la pena?

Marilina sigue siendo un personaje que no abandona la búsqueda y tiene todo lo necesario para hacer un buraco y meterse en la historia del rock. Pero la lucidez, energía y astucia que tan rápido le florecen en persona y entrevistas, apenas asoman en sus trabajos de estudio. Prender un fuego no está mal, aunque se vuelve algo soporífero para la escucha profunda y la repetición: quizá un poco de valentía y audacia extra por parte de su compositora y productora habrían marcado la diferencia.
El concepto del álbum pareciera centrarse más en conformar el personaje de Marilina que en construir canciones sustanciosas que generen un disco capaz de sacudir la percepción del oyente. Son decisiones, claro está, pero hace que nos preguntemos ¿Quién debería ser la estrella cuando escuchamos música? ¿Cuál es el fuego que debería prenderse?

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Escuchá el disco completo:

Mirá el videoclip de ‘Fumar de Día’: