El Post-punk, más allá del género, remite a una escena cada vez más añorada por los melómanos. El vínculo entre el rock y el sintetizador está más vigente que nunca y entre los jóvenes de un mundo gobernado por la derecha neoliberal reina el descontento, por lo que suena tentador refugiarse en la oscuridad estética del estilo que delineó los ochenta. Ahora, ¿existió el post-punk nacional? Si bien no fue conocido con ese nombre, Iván Melink dice que sí.

Existe una lectura fundamental para entender uno de los géneros más rupturistas de finales de los setenta y principios de los ochenta: Post-punk: Romperlo todo y volver a empezar de Simon Reynolds. Allí, el periodista inglés realiza una investigación sobre un movimiento que muchas veces es desconsiderado dentro de la historia del rock, pero que rompió barreras tanto musicales como estéticas. En su vasto catálogo de ramificaciones, podemos encontrarnos con acercamientos no sólo a otros géneros musicales, sino también a otras experiencias artísticas y corrientes vanguardistas.

Dentro del post-punk nada estaba prohibido y se permitía experimentar en diferentes ámbitos con tal de encontrar un discurso contracultural que respondiera a una incipiente época de consumo y capitalismo deshumanizado. Influencias del movimiento situacionista, ciencia ficción, literatura beat, dadaísmo y otras expresiones podían convivir dentro de un colectivo de músicos que mantenían el hambre contestataria del punk, pero con ansias de modernizarse.

El libro, a través de recopilaciones de anécdotas, declaraciones, datos y hechos, se introduce en la vida de una serie de bandas que supieron renovar la esencia revolucionaria del punk, que a finales de los setenta consideraban estancado en un signo vacío reglamentado por las normas del mercado.  Pero más allá de lo genial e interesante que es el libro estaría bueno preguntarnos cuáles son las experiencias locales dentro del género. Desde el vamos, Reynolds aclara en la introducción que sólo realizó su trabajo teniendo en cuenta bandas estadounidenses, inglesas y, en menor medida, australianas. Lo que nos lleva a la pregunta ¿cuáles son las bandas que encajaron dentro de este movimiento en nuestro país? ¿Qué agrupaciones argentinas tuvieron la misma inquietud por mantener el discurso estético y antisistema del punk, pero actualizándolo con otros sonidos como la electrónica, el reggae o incluso el jazz? ¿Qué peso tuvieron otros artistas locales de corrientes alternativas sobre el rock argentino?

Por un lado, vale aclarar de antemano que el Post-punk, según Reynolds, abarca muchos aspectos y por eso el libro tiene capítulos que engloban bandas desde Joy Division a Madness, pasando por Public Image Ltd., Talking Heads, Gang of Four e incluso la primera etapa de U2. En el caso de nuestras pampas, creo que es imposible no arrancar nombrando a Sumo como nexo fundamental entre los dos mundos, ya que Luca vivió en el Reino Unido y experimentó en carne propia la efervescencia de los tiempos en los que surgía la tendencia. Las guitarras reverberadas, los ritmos tomados del reggae, dub y funk -pero despojados de la técnica en su condición estricta y obligatoria para ser reducidos al gesto esencial- son algunos de los elementos que Sumo compartía con las bandas de Inglaterra. En la figura y en la voz del italo-escocés se encarna el mito y la visceralidad de un frontman británico de punk pero devenido en estas tierras por circunstancias del destino. No hay duda alguna de que Sumo rompió con todo lo conocido en el Rock Nacional y volvió a empezar. Luca abrió la cabeza de los músicos argentinos y, a partir de ahí, ya nada fue igual.

Otra agrupación que supo, al menos en sus inicios, acercarse al estilo fue Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Y sí, Los Redondos tuvieron una etapa que puede calificarse como post-punk; aunque el tiempo haya distorsionado un poco la percepción del público, quienes los enmarcaron, sin desearlo, en el legado rollinga de las bandas tributo o inspiradas en ellos. Aún así, es innegable que el ostracismo, la estética sombría de las canciones, esos viejos rocanroles derretidos y las letras llenas de mística del indio sostienen el gesto performático del post-punk. Es cierto que los redondos, luego expandieron su identidad incorporando nuevos sonidos para definir un estilo totalmente propio, pero la hibridación y la búsqueda de otras formas de expresión fue siempre un mandamiento dentro del género. Además, su cercanía en los comienzos con un escritor como Enrique Symns, influenciado por el movimiento beat, también los acerca a bandas como, por ejemplo, Joy Division, quienes basaban algunas de sus letras en escritores como Burroughs. El género era un terreno fértil para que la música se combine con la libertad que hace rato surgía desde la literatura y la poesía; es por eso que no es casual que se encontraran colaboraciones u homenajes a artistas que transformaron otras ramas del arte.

Un espacio es fundamental para el desarrollo o al menos la gestación de una escena. Tanto Sumo como Los Redondos supieron recorrer el escenario del Parakultural, sitio que compartían bandas musicales, actores, poetas y humoristas de vertientes más ligadas a lo experimental y la performance. En este lugar también se presentaba otro grupo importante, pero con menos reconocimiento como Don Cornelio y La Zona. Liderados por Palo Pandolfo –quien luego integró Los Visitantes– sacaron un disco homónimo de gran éxito que exploró la canción desde una corriente new wave, pero con una entrega salida desde la entrañas y letras poéticas acerca de la autosatisfacción, lo edípico, lo lisérgico o místico. Su segundo disco, Patria o muerte, fue una forja de experimentación y visceralidad cargada de fuerza política en tiempos de alzamientos carapintadas contra el primer gobierno democrático de este período. Por el Parakultural también pasó Todos tus Muertos, que reflejaba todo este período con sus letras contestatarias combinadas con agresividad hardcore y el reggae. Para poder continuar, es necesario aclarar que estas bandas en su momento no eran consideradas post-punk porque el término escapaba durante esa época, pero en un análisis posterior podemos encontrar características que las ligan con sus variantes anglosajonas.

Palo Pandolfo

Asimismo, se puede señalar que hasta Soda Stereo coqueteó con el género; aunque su sonido siempre haya estado ligado más al pop de la new wave, tuvo ciertas similitudes desde lo estético. Como The Cure en Inglaterra, Soda coindice en algunos aspectos con la denominación, pero no por completo. Fue su amigo y frecuente colaborador Daniel Melero quien, a través de Los Encargados, suplió la cuota local de electrónica que también transitaron bandas como The Human League, New Order, Heaven 17, entre otros. Aquí podemos ver que el sonido pop también se puede encarar de una forma transformadora, sobre todo cuando juega con la liberación sexual en auge durante esos tiempos. La salida de la censura del proceso permitió el surgimiento de nuevos discursos y la caída de varios tabúes en una sociedad tan conservadora como la argentina.

Richard Coleman –colaborador de Soda– lideró la banda Fricción, que en sus discos Consumación y consumo y Para terminar asimiló sonidos cercanos a Talking Heads, pero con gran influencia de Roxy Music, banda glam que sirvió de puente esencial para el post-punk. En su repertorio se despliegan bases rítmicas bailables combinadas con arreglos funky de saxo y guitarra y voces histriónicas que por momentos recuerdan a David Byrne. Las letras de la banda exploraban paisajes urbanos, industriales y de alienación en una sociedad en marcha a la modernización. Todo esto sumergido en una hipnótica danza musical. Abriendo aún más el panorama, podemos encontrarnos con que otra banda de la época como Virus en Superficies de Placer se acerca a esta concepción estética en varios pasajes y canciones, además de utilizar la ya mencionada temática de la liberación sexual. Por esta apuesta a un sonido que desde el underground refrescaba la escena musical argentina es fundamental el trabajo de Coleman que luego continúo su esencia desde Los 7 Delfines con una transición al rock alternativo más tradicional, pero sin perder el deconstruccionismo, sobre todo desde las letras.

Antes de pasar a la siguiente época vale nombrar a una serie de bandas que, si bien no dispusieron de tanta repercusión ni tanto material para analizar, también formaron parte del mismo movimiento: Duna, El Corte, Los Corrosivos –producidos por Daniel Melero-, Los pillos, La sobrecarga, entre otros. Los escenarios independientes están llenos de grupos que dejaron una marca en sus coetáneos sin haber trascendido.

Avanzando a los noventa, no podemos ver el post-punk de forma tan directa, pero sí podemos ver su influencia musical y estética en las movidas sónicas y punk. En bandas del llamado Nuevo Rock Argentino como Los Brujos, Babasónicos, El Otro Yo y Peligrosos Gorriones pueden hallarse restos de una tendencia que si bien nunca fue oficializada por sus propios miembros funcionó de forma diseminada y sembró crédito en las generaciones venideras. Por otros lados, bandas punk como Cienfuegos, integrada por miembros de Los Fabulosos Cadillacs –otra banda que en sus inicios compartió influencias y espacios con los artistas ya mencionados- esbozan características de esos años de sonidos perdidos en la oscuridad del under.

El post-punk fue una corriente fundamental de la historia de la música muchas veces olvidada o con su importancia restada. Sin embargo, es difícil no ver como muchos de sus artistas en el plano anglosajón trazaron surcos dentro de bandas alternativas de los noventa y dos mil. Ni hablar de grupos del llamado Post-punk revival como Franz Ferdinand y The Rapture que toman muchos elementos de Gang of Four. En nuestro país, es posible reconocer las marcas que dejaron Luca, Pandolfo, Coleman y otros tantos en bandas contemporáneas o de principio de siglo. El indie y la escena alternativa actual debe mucho a estas eclécticas bandas tanto en lo musical como en la construcción de su mística y puesta en escena. Una semilla de todo lo aquí nombrado en el plano nacional e internacional puede sentirse en Viva Elástico, Robot Zonda, Los Rusos HDP, Peces Raros y hasta incluso en el despojado estilo de El Mató. En fin, otros lenguajes y otra era, pero hay ciertos gestos que cambian el paradigma y se reproducen a través del tiempo.