Un sinfín de luces blancas salpican las paredes de madera y el techo de La Tangente, un centro cultural que se autoproclama “un lugar para melómanos”; cuya lista de artistas under ha crecido notablemente en los últimos meses, convirtiéndose en un lugar ideal para tocar sin perder lo estéticamente correcto y lo socialmente cool. Así lo muestra la multitud que espera en la puerta, mostrando un público que raya en lo alterno con un toque de lo trendy del que está en la onda y quiere escuchar buena música.

La entrada exhibe en una cartelera casi tan grande como la pared los nombres y las fechas más próximas: incluye bandas como La Familia de UkelelesEl ZarBröder y Atrás Hay Truenos. Una lista que ofrece buena música con nombres nuevos y no tan nuevos, buenas puestas en escena y melodías propias del indie pop-rock.

Anunciando una hermandad completa con la frase “La Tangente es Congo, y Congo es LTangente”, la particularidad del lugar es la división entre escuchar música y tomar un buen trago a través de dos espacios distintos que, a su vez, son uno Por un lado, Congo, un bar cuya barra emula casi religiosamente el lobby de un hotel, con un fondo recubierto de plantas y mesas al aire libre, dando una opción a los que llegaron demasiado temprano para escuchar a la banda o a los que simplemente quieren disfrutar del buen beber.

Por otro lado, La Tangente, un espacio chico, pero suficientemente cómodo para bailar, con un escenario que se encuentra más cerca del público que lo usual, permitiendo ver todo lo que pasa en escena, ofreciendo familiaridad por demás y rompiendo con la separación entre el artista y su público. El sonido es muy bueno desde cualquier punto del lugar, la ambientación cálida y casi minimalista, y la iluminación ofrece un no sé qué de elegancia en un espacio que también es alternativo.

La Tangente es el lugar ideal para descubrir lo que está sonando, disfrutar buenas bandas en vivo, y bailar al ritmo de un remix electrónico de “Lisztomania”de Phoenix, salpicado de fondo con las melodías de Alma de Cerati que se entremezcla con el funk amistoso de Bruno Mars. Y todo, siempre, muy cuidado.

DIRECCIÓN: Honduras 5317, Palermo.