Como la muerte de Bowie impulsó álbumes que homenajeaban su estilo y sonido, también generó una caza de brujas que consideraba que cualquier disco después de su muerte tenía que estar relacionado con él. ¿Podría el nuevo disco de Lenny Kravitz ser el puntapié inicial de un paradigma similar con Prince en la música mainstream? Esperemos que no.

Foto: Mathieu Bitton

No culpes al Blazer

A veces resulta difícil reconocer al Lenny Kravitz que 30 años atrás editaba su debut Let Love Rule (1989), quien, con un marketing que solo aumentaría con los años, prometía ser el nuevo Hendrix, trayendo color rockero a la radiofonía de entonces. Pero, a medida que pasó el tiempo, cambió el pelo largo por el saquito blazer y su música fue perdiendo sabor progresivamente. No porque hiciera malas canciones, ya que es un mundo que tiene dominado, sino porque sus piezas empezaron a preferir cierta corrección de hit por sobre la esencia artística. Alguno dirá “eso es todo un estilo en sí mismo”, y quizás tenga razón, pero eso no lo hace más sustancioso. Pasa que 30 años son casi dos vidas para un artista y Raise Vibration se edita hoy en 2018, era anti-trump, post-prince y con el rock (otra vez) en crisis.

Lenny = White; Carl = Black

Este álbum no es la excepción al mal que aqueja a la obra de Kravitz en los últimos tiempos. El disco es súper prolijo, lo cual no sería un problema si no pecara de un exceso de prolijidad, haciendo que el sonido se presente lavado, descolorido y que los instrumentos vayan perdiendo personalidad a medida que avanza. La gran cantidad de ritmos programados lo invita a caer en clichés, los cuales combate elegantemente con algunas ideas salvadoras como los tiempos “imperfectos” de ‘Raise Vibrations’, saxofones atrevidos y eventuales invitaciones a hacer palmas. En la única canción que arriesga un poco y decide abandonar la zona de canciones prefabricadas es en ‘Who Really Are The Monsters?’, donde el esfuerzo vale la pena aunque el resultado sea ambiguo. Su voz e interpretación están bien… Y punto. Genera algún clima, pero quizás uno solo y no transmite nada.

La pausa son 5 minutos

Muchas de las falencias que Raise Vibration posee, se ven magnificadas por un simple factor que atraviesa todo el álbum: la duración de las canciones. Con un promedio de 5 minutos y pico por track, la escucha se hace repetitiva y distraída, llegamos agotados al final y un random puede conducir a la catástrofe.
Ahora, el problema no es la duración per se: no hay nada de malo en que una canción dure lo que tiene que durar. El problema es que a cada una de ellas le sobran un par de minutos, siendo repetitivas y apenas modificando algunos patrones, sin demasiado para ofrecer. Entonces, lo que bien empieza mal se estira. Si las canciones fueran más breves o al menos concisas, estaríamos hablando de un disco diferente; porque tampoco parece que haya mucho material para ofrecerle a estas duraciones.

Don’t matter if you’re black or white

Cual dato de Wikipedia, Kravitz sampleó el clásico grito de Michael Jackson para incluirlo en los coros de ‘Low’ ¿Que aporta? Un párrafo extra a las reseñas.

Foto: Mathieu Bitton

¿Vale la pena?

Hay algo de mentiroso en la introducción de esta reseña y es que, si bien Raise Vibrations es comparable con la obra de Prince, remite a sus momentos menos iluminados. En la conclusión vale repetir que este álbum no está necesariamente mal, pero tampoco pareciera merecer  nuestro tiempo para escucharlo dos veces (y apenas una).
Lo que el disco hace, ya se ha hecho y mejor. Incluso Lenny ha hecho cosas mucho mejores. Como candidato a ser una de las estrellas del Lollapalooza 2019, esperemos que (en caso de venir) Raise Vibrations no ocupe mucho espacio en su setlist.

Recomendados: Who Really Are The The Monsters?, Raise Vibrations, It’s Enough!
Escuchá el álbum completo:

Mirá el videoclip de ‘Low’: