Fue una de las mujeres más populares en la historia del Blues. Pese a las marcadas raíces rurales que dejó plasmadas en sus primeras grabaciones, logró transformar su sonido al compás de las modas que el blues y que ella misma iban imponiendo. Dejó sentadas las bases no sólo para los bluesmen en general, sino para las demás mujeres, en un campo extremadamente machista como lo era la música popular. Hoy, cada mujer que sube a un escenario empuñando una guitarra y canta blues o rock, lleva algo de Memphis Minnie dentro de sí.

En las décadas del ‘20 y del ‘30, pese al auge comercial del country blues, eran pocos los que podían ganarse la vida sólo como músicos. Los años ‘40 vieron trasladarse al blues de los campos hacia las grandes ciudades. El paso del sonido acústico a la amplificación con instrumentos eléctricos se convirtió en una nueva barrera que no todos pudieron vencer para adaptarse.

Uno de esos artistas que logró trascender y hacer del blues una forma de vida, no era hombre ni llevaba los pantalones largos; por el contrario, fue una muchacha talentosa, dueña de una voz extraordinaria. Escribía los textos más osados y tocaba la guitarra –tal como rezaba el machismo de la época-  como un hombre, o en verdad, mejor que la mayoría de ellos: Memphis Minnie.

Lizzie Douglas, tal era su verdadero se nombre, había nacido un 3 de junio de 1897, en Algiers, Louisiana, aunque pasó su infancia en una pequeña granja en Walls, Mississippi, cercana a la gran ciudad de Memphis, Tennessee, donde los Douglas se habían mudado cerca de 1910. Era la mayor de trece hermanos y, como muchos de los habitantes de las áreas rurales, su vida estaba destinada al trabajo familiar en el campo; pero, para la joven Lizzie, la granja no representaba un atractivo.

Al conseguir su primera guitarra, dedicó cada vez más tiempo a practicar y viajo, con frecuencia, a la cercana Memphis para recorrer la célebre calle Beale, epicentro de la vida comercial de los afroamericanos de la ciudad. Durante los años 20’, el ambiente musical estaba en plena ebullición con músicos que eran la atracción local de los que ella recibió enormes influencias: Frank Stokes, Furry Lewis, Memphis Jug Band, Cannon Jug Stompers, Leroy Carr, Robert Wilkins y tantos más.

Sin embargo, la vida en Beale Street era competitiva y muy dura por las noches. La ciudad era por entonces llamada “La capital de los asesinatos”. Alli, Kid –tal como ella misma se había apodado- se forjó esa personalidad dura y recia que la caracterizaría por siempre.

Los años previos al inicio de su carrera comercial, en 1929, mientras alternaba sus estadías entre la granja y la ciudad, Kid Douglas tenía por costumbre emprender viajes hacía el litoral del Delta del Mississippi. Visitaba, en la plantación de Bedford, a Willie Brown para aprender los secretos del country blues. Brown era, por entonces, un afamado músico local y compañero de ruta de Son House y Charlie Patton, las máximas figuras de esa época.

En uno de esos viajes conoció, en Memphis,  no sólo a uno de sus maridos, sino al hombre que la inició en el mundo de las grabaciones: Joe McCoy. Comenzaron a tocar juntos y una tarde,  durante la primavera de 1929, un cazatalentos de la Columbia Records escuchó a la pareja en una barbería sobre Beale Street. Deslumbrado, hizo rápidos arreglos para una primera sesión  -que tuvo lugar un 18 de junio- en los estudios de la casa matriz de la compañía, en Nueva york. El resultado fueron seis grabaciones, de las cuales tres –una a dúo-  fueron cantadas por ella. El éxito no tardó en llegar. En una segunda sesión, el 20 de febrero del año siguiente, grabaron un blues cadencioso con una letra de alto contenido sexual ‘Bumble Bee’.

En ese instante, el jefe ejecutivo de la compañía, Mayo Williams decidió asegurarse un largo contrato de grabación para sus “mayores estrellas”, como calificó al dúo. Resolvió, además, trasladar la base de operaciones desde Memphis hacia Chicago, donde continuaron los registros discográficos de manera ininterrumpida, hasta 1935.

En aquellos años, la joven Douglas fue bautizada con el nombre que le daría fama eterna: Memphis Minnie. Las décadas siguientes tocó y grabó junto a  los más importantes de la época como la Memphis Jug Band,  Jed Davenport Beale Street Jug Band,  Casey Bill Weldon (hay certezas sobre que estuvieron casados) y  Little Walter. Dejó una herencia musical que se vio plasmada  en infinidad de versiones de sus temas grabados por artistas tan diversos como Eddie Lee Jone (‘Im Talking ‘bout you’), Muddy Watters (‘What’s the matter with the mill’) o incluso Led Zeppelin (‘When the leeve breaks’).

Para mediados de la década de los 30’, Minnie firmó contrato con Bluebird/Vocalio y dejó su antigua compañía. Los renovados aires contractuales coincidieron con un cambio estilístico. La crisis y las modas la convencieron para dejar atrás su  acento rural por un nuevo sonido. Entonces, se hizo acompañar por un piano y contrabajo.

Escucha parte de su trabajo acá: