La escena es confusa: por un lado, las grandes discográficas se replantean sus horizontes constantemente y van pegando volantazos a medida que el negocio se vuelve a configurar junto a la tecnología y las últimas tendencias estilísticas. En la vereda del frente, se da un contraste en la cantidad enorme de reediciones, lanzamientos especiales y boxsets que están apareciendo todo el tiempo en el mercado. ¿Por dónde se mueve el negocio de la música física hoy en día?

Hace ya tiempo que venimos viendo disquerías clásicas en ciudades capitales del mundo cerrando sus puertas y anunciando la bancarrota. Fue el caso de Tower Records hace algunos años y, hace poco, supimos que Amoeba Music corría la misma suerte. En Argentina, no es novedad ya ver comercios de música transformados en casas de electrodomésticos, vendiendo cada vez menos música y más electrodomésticos.

TÓCALA DE NUEVO

Por el lado de los artistas, muchos músicos y bandas pequeñas -y no tanto- ya ni se molestan en editar sus trabajos en formato físico, mientras que los artistas más clásicos despliegan constantemente cajas y reediciones de colección en forma de CDs, DVDs, Blu-Rays y hasta libros de fotografías, de a dos, tres o con discografías completas, que cuestan fortunas. En el contexto musical actual, parecería no haber lugar para llegada de estos productos. Sin embargo, se siguen reproduciendo.
Son tradicionales las reediciones de discos clásicos en ocasión de una fecha aniversario (R.E.M, Temple of the Dog y George Michael, entre otros, lanzarán pronto nuevas ediciones por el 25° aniversario de algunasuna de sus placas) pero también están los que aprovechan el hallazgo de viejas grabaciones, demos, lados B y demás rarezas para explotarlo en una nueva mercancía. “The Early Years 1965-1972”, de Pink Floyd, es una caja que contendrá registros del primer material de la banda:. 15 horas de video, 7 horas de música en vivo y siete libros, entre más sorpresas. 27 compactos en total, que verán la luz en un mundo donde podemos acceder a cualquier canción (y sí, tarde o temprano también a a este material) con un simple click y dónde el único segmento donde las ventas sí crecen es en uno menos portátil y para nada moderno: el vinilo.

CLÁSICA Y MODERNA

En los últimos cinco años, las ventas de los vinilos aumentaron aproximadamente un 800%, y se cree que al menos se duplicarán en lo que queda de esta década. Muchísimos discos nuevos se lanzan ya en este formato, mientras que viejas piezas del catálogo reflotan en las bateas en su versión LP. El secreto parece ser bastante sencillo; quizás tenga que ver con el fetichismo que rodea a comprar música. Adquirir el CD “solo para tenerlo” es una situación en la que la gente se vio envuelta en los últimos años. Es que el CD se puede oler y tocar, tiene una portada colorida y un librito con letras y dibujos, y por muchos más motivos cualquier fanático podría querer tener el disco de su banda. Pero no hay caso: a la hora de escucharlo, es más fácil abrir Spotify en el teléfono, en el televisor, en la computadora o hasta en el auto, con solo desearlo.
Ahora, la posibilidad de adquirirlo en vinilo le da otra vuelta de tuerca al asunto. Si vamos a ir al fetiche, hagámoslo bien. No hay con qué darle, la tapa del Sgt. Peppers de los Beatles no se aprecia hasta que no tenés el vinilo en tus manos. El CD había destruído mucho del amor que se solía poner en el arte de las tapas, al no poder desplegar una portada muy grande. Además, el vinilo nos trae un diseño vintage, cool para los jóvenes y nostálgico para los más grandes, y también está el no menor (pero no muy popular) asunto de la calidad del sonido, aunque hay que tener cuidado. Muchas reediciones en vinilo esconden un oscuro secreto: son simplemente álbumes ripeados desde la versión CD, y carecen de las propiedades sonoras dignas de un disco de pasta. Incluso, repiten sus mismos errores (Javier Malosetti publicó un video donde muestra como Don Lucero, de Spinetta, sigue teniendo un tema cortado).

En definitiva, el negocio de la música vive adaptándose a necesidades relacionadas a la tecnología e incluso a la moda, pero siempre encuentra una manera, atravesando brechas generacionales, franjas etarias, gustos e intenciones. Están aquellos que no pisan una disquería hace años, y también quienes compran decenas de discos compactos en una costosa caja dorada sólo para poder escuchar una vieja grabación de su banda favorita probando sonido en Seattle. Están los audiófilos que perseguirán por siempre la fidelidad de las vibraciones para cuidar sus orejas de cualquier basura, y los hay también quienes encuentren en los vinilos una bonita forma de adornar sus habitaciones. El de la música es un mercado que guarda lugares para todos.