¿Qué pasa si alguna gloria del metal y el hard-rock con 45 años de carrera decide editar su decimoctavo disco mientras el guitarrista principal se retira de las giras por parkinson avanzado y las cifras de la industria parecen indicar que el vulgo ha abandonado al género? Lo que es el prólogo de una catástrofe para cualquier grupo, apenas inmuta a Judas Priest. O, al menos, así nos lo hacen sentir.

Foto: Travis Shinn

Metal Gods

Si algún lector tuvo la suerte de ver a Judas en vivo en sus dos últimas presentaciones en el país, sabe que la banda se encuentra en perfectas condiciones. Incluso en 2015, cuando la gira del Monsters of Rock los trajo a Sudamérica, tocaron hora y media en las dos fechas que se realizaban en Brasil e incluso alargaron su set media hora más cuando Motorhead canceló a último momento por un malestar estomacal de Lemmy. Nada mal para unos tipos de 65 años.
Es así que realizar una retrospectiva de las irregularidades de su larga carrera (que comenzó en 1974 con Rocka Rolla) nos despistaría del enfoque inicial que Firepower merece; el cual debe centrarse en la cantidad de adversidades que la banda ha tenido que atravesar a lo largo del tiempo y su capacidad de reinventarse continuamente sin importar el paradigma. Los Judas son una banda en un gran momento que ha crecido a la par del heavy metal -e incluso puede considerarse que son parte de los fundadores y moldeadores del género- para hacerlo parte de quienes son.

No Surrender

Judas Priest son palabras mayores y Firepower está a la altura de la figura que han sabido construirse: es bueno en serio y en términos de lo que uno esperaría de ellos. Quizás sea exagerado subirse a la ola de entusiasmo generalizado y decir que es su mejor trabajo desde Painkiller (1990), pero es cierto que hace rato largo que no se los escuchaba con tanta energía y eso genera una alegría implícita.
El repertorio es clásico en el mejor sentido de la palabra: no en el que implica una banda jugando a la segura, sino en términos de cómo deben hacerse las cosas, algo merecedor de ser expuesto en un museo sonoro para que, cuando las nuevas generaciones se acerquen, se les explique que el rock “es así”. Obviamente, esto implica que no vamos a tener un disco experimental ni mucho menos: todo va a sonar familiar y fresco simultáneamente.

 

Vientos de Poder

Esta actitud “vieja escuela” del heavy metal cercano al hard-rock (y algo de trash, para quien quiera ponerse quirúrgico) es un revival de la esencia clásica de Judas. Y este logro es gracias a los productores Andy Sneap (Saxon, Accept) y Tom Allon (que trabajó con los Judas en British Steel de 1980, entre otros), quienes colaboraron a conseguir que la banda suene ajustada y potente, en una cabalgata de riffs constante y de color épico. Allon es proclive al estilo de trabajo de décadas pasadas, mientras que Sneap es considerado uno de los grandes productores del sonido del metal moderno, por lo que su trabajo en conjunto consigue un buen equilibrio sonoro que remite a los mejores tiempos de la discografía de Judas sin desentonar con la música del 2018, algo que no debió ser un trabajo fácil.
Halford canta con autoridad, como si el micrófono fuera el cetro de un emperador de pecho inflado. Al parecer, le hicieron sudar la gota gorda hasta conseguir las tomas definitivas, pero el resultado valió la pena: si bien su voz empieza a tener limitaciones propias de la edad, las canciones se dedican a explotar sus virtudes una por una. El terrible frontman que es en vivo se plasma en estudio con una banda que avanza cuales jinetes del apocalipsis dando forma a su discurso, coronada con solos épicos de guitarra por doquier.

Foto: Guido Adler

¿Vale la pena?

Firepower es todo lo que podemos esperar de una de las mejores y más importantes bandas de la historia del metal: lo cual es bastante. Los metaleros de cepa van a disfrutarlo sin duda alguna y los rockeros van a apreciar su potencia; incluso el álbum logra hacerse respetar en audiencias de otros géneros.
La esencia es esa: el álbum impone respeto.
Puede ser que Judas ya no asuste a conservadores, viejos y niños, pero lo que colaboraron a construir trasciende su rebeldía inicial. Hoy día, el heavy metal no se perturba con cambios de era y distancias geográficas; por ende, no resulta extraño que revitalicen el género sonando más clásicos que nunca.
Judas está a la altura de los más grandes.
Judas es puro acero británico inoxidable.

Recomendados: Traitors Gate, Necromancer, Firepower
Escuchá el álbum completo aquí:

Mirá el videoclip de ‘No Surrender’: