Tres hermanos adolescentes arman un grupito de rock con un amigo y resulta que suenan muy parecido a Led Zeppelin. Eso les alcanzó para ser la nueva sensación la escena del rock y es con esto a cuestas que editan su primer LP, cumpliendo las expectativas. Aunque parece que no las de todo el mundo.

Foto: Prensa

Lo que es y lo que nunca debería ser

Algo indispensable para poder escuchar a Greta Van Fleet en general, es sacarse de encima el asunto de “le roban a Zeppelin”. Supongamos que si: démosle esa forma discursiva a las similitudes musicales. ¿Hay realmente un problema en eso? No le están robando a cualquier banda mediocre, ¡es Zeppelin! ¿Y qué pasa con el humano que hoy, en 2018, disfruta música con estilo zeppelinero? ¿Está condenado a solo escuchar bandas con sonido moderno en vivo y entonces recurrir a discos o bandas tributos para poder sentir lo que le gusta en carne propia? No es justo.
Caso cerrado.

Tontos bajo la lluvia

Lo primero que haríamos bien en preguntarnos es por qué los Greta han armado tanto revuelo, teniendo en cuenta que está lleno de bandas con empresas similares con color de revival, como Rival Sons, The Darkness, Wolfmother, The Struts e incluso Ron Gallo, por mencionar unos pocos.
Uno de los motivos que pudo explicar su explosión es la edad de los integrantes. En su debut, los hermanos Kaszka apenas rodeaban los 22 años y ya habían logrado clonar estilísticamente a Led Zeppelin, tanto visual como sonoramente, pero llevado a un mundo menos virtuoso.
Generan una empatía con su propia generación imposible de imitar por un rockero cuarentón,  y esto puede sacudirle la estantería a más de uno de la vieja escuela: ¿Una de las bandas más grandes de la historia se transformó en un juego para niños? Bueno, no para cualquier niño, pero parece que sí. Y no está mal. Ante todo, hay que recordar que para los muchachos la música es salir a jugar en familia y que todo lo que se construye alrededor del escenario y las canciones viene de yapa. ¿Qué más le podemos pedir a la Sub-23?

Se levanta el humo negro

Sin embargo, la respuesta fácil a su crecimiento 2017 es que la banda está vinculada a Universal Records (y antes lo estaba a Atlantic), proporcionándole una inmensa infraestructura mediática desde sus inicios. Esto propició una cobertura por parte de medios especializados que los presentaba como la nueva esperanza del rock, la banda que le hablaba a una nueva generación, los nuevos Zeppelin y tantos otros slogans. Todavía se habla de su trabajo discográfico anterior como “su doble EP”, cuando en realidad From The Fires (2017) fue la republicación de su EP original Black Smoke Rising (2017) con temas extra que no habían sido elegidos entonces (eso en mi barrio es un LP), permitiéndole a la prensa referirse a Anthem Of The Peaceful Army como el “álbum debut” de Greta Van Fleet. Así y todo, lo que en 2017 fue motivo de orgullo, en 2018 parece ser motivo de vergüenza: mientras la gran parte de la crítica  arroja piedras a su nuevo álbum, otros adornan su disco con tantos elogios que resulta sospechoso. ¿Qué carajo pasó?

La canción sigue siendo la misma

Con todo eso en mente, Anthem… es un disco entretenido que presenta prácticamente las mismas virtudes y falencias de su álbum (bueno, está bien: doble EP) anterior. Las canciones son crudas y compactas, con una voz que deambula entre lo nasal y los alaridos de Geddy Lee (Rush), con una cabalgata sonora sabor a década del 70. Es difícil creer que la banda es estadounidense, ya que gran parte de las comparaciones con Zeppelin se deben al lenguaje armónico y melódico utilizado, que a veces pareciera apoyarse en la música de juglares, con guitarra en lugar de laúd.
Como Greta Van Fleet logra agitar en los temas más arriba, se muestra floja a la hora de hacer baladas con melodías serias, con pocas ideas y donde su obra toma perfil enlatado. La fórmula para componer se repite constantemente a lo largo del álbum haciéndolo repetitivo, y sorprende de sobremanera que la producción no haya intervenido para elaborar matices, hacer más contundente el audio o agregar algún coro (¡aunque sea uno!) para dar color al viaje y que no se trate solamente de una banda tocando en estudio.

Foto: Tyler Macey

¿Vale la Pena?

No es culpa de los Greta que la industria los haya hecho crecer al trote de un caballo de humo. No es culpa de los Greta que el público masivo busque la novedad constante con la instantaneidad de un scroll de Instagram en el celular. Ellos hicieron lo mismo que los llevó a la cima el año pasado, donde llegaron, en gran parte, gracias a un público conservador que los criticaba, uno que celebraba la vuelta a las raíces y el indeciso que no terminaba de decidir qué hacer con su música.
La verdad es que los Greta Van Fleet son buenos pero no le van a cambiar la vida a nadie… aún. Tienen todo el tiempo del mundo y está muy bien que sigan jugando con esta seriedad. Pero si la industria piensa armarles una escalera al cielo construida de billetes para quemarla apenas hagan exactamente lo mismo que los llevo ahí, que ni se metan: aquí lo que falta es un productor artístico que, sin hacerles perder el espíritu lúdico y rockero, les ilumine el camino a la construcción del verdadero himno. Porque la pasta, la tienen.

Recomendados: When The Curtain Falls, Lover, Leaver (Taker, Believer), The Cold Wind
Escuchá el álbum completo aquí:

Mira el videoclip de ‘When The Curtain Falls’: