Desde hace ocho años la Fundación Isla Maciel trabaja en territorio con niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Desde 2019 una historia cambió el destino de un grupo de menores que, sin dudas, por el resto de sus vidas creerá en los milagros: Una importante donación, en parte anónima, de instrumentos musicales fue el inicio del comienzo de una nueva vida. El martes 10 de Septiembre la Orquesta La Pandilla cumplió un año y el colectivo de musicas que lucha por la ley de cupo celebraron su cumpleaños juntes.

Nadie sabe cuando ni como comienza una historia de amor y este es el caso. En Isla Maciel, tal vez, y de forma injusta, en uno de las zonas menos esperadas del Gran Buenos Aires, hace poco más de un año comenzó un cuento de fantasía para un grupo de niñes a quienes el arte les cambió la vida. La Fundación Isla Maciel, cuyo rostro visible más popular y mediático es el Padre Paco, recibió un importante lote de instrumentos para la formación de una orquesta. El plan fue tan sencillo como mágico a la vez y consistió en colocar los instrumentos en un gran galpón, convocar a los protagonistas, e invitarlos a elegir su elemento con el cual aprenderían un nuevo oficio. Entonces cada uno de les chiques, casi por intuición, con la sabiduría amorosa de la infancia, fueron directo al instrumento que aprendieron a tocar y los acompaña hasta hoy. El procedimiento sencillo, intuitivo y emocionante a la vez podría ser el inicio de una carrera artística con el apadrinamiento de grandes figuras locales Un año después, el proyecto está más vibrante que nunca y se llama Orquesta la Pandilla.

Para celebrar el primer aniversario de esta experiencia inspiradora, dar visibilización al grupo y también con ánimo de inspirar nuevas propuestas, el colectivo de musicas argentinas inició la convocatoria de celebración. Celsa Mel Gowland, voz cantante de destacada trayectoria del rock nacional, es la gran responsable del resultado de esta fecha memorable. El espacio elegido fue el Teatro Roma de Avellaneda que, más aún, aportó a la tarde-noche un marco de belleza visual a la altura de las circunstancias. La cartelera anunciaba algunas de las figuras femeninas más importantes de la escena nacional como Patricia Sosa, Eruca Sativa, Hilda Lizarazu acompañada de su hija Mía Folino, Sandra Mihanovich, Mavi Diaz y las Folkies, Silvia Gers, Las Paisanas, la Bruja Salguero y más. Sin embargo, la atmósfera en el hall del teatro no olía al típico concierto de rock convencional sino a una adorable mezcla de familia, infancia, amigues y mucha pero mucha luz.

Mientras el escenario era una tormenta de clásicos del rock y el folclore nacional disparados por grosas de verdad, les niñes en primera fila esperaban su turno que sería el gran cierre. Eruca volvió a telonear, Patricia regresó a la época de mitad de festival como en sus años de La Torre, Hilda fue parte de un gran comienzo, Mavi como desde Viudas hasta hoy junto a los grandes momentos de la música de este país. Una sorpresa fuera de programa fue la presencia de Sandra Mihanovich que cantó “Es la vida que me alcanza” y no fue dato menor. La cantante tiene más de 40 años de pisada firme en la música popular con la bandera de la inclusión y la diversidad en sus manos. Una impactante Silvia Gers fue presentada por les organizadores como “La pionera del rock pesado de Argentina” y dejó en claro porque lo es. Al marco de leyendas del rock nacional se le sumaron grandes figuras del folclore que, desde siempre, coquetean y se suman con el género. Paisanas con un set poderoso y la Bruja Salguero como invitada de los Sativa la rompieron con potencia sonora y presencia escénica de sobra. Pero no fue todo, Mavi Diaz se encuentra embarcada en un gran proyecto llamado La Folkies, con staff completo femenino, un sonido más que interesante que demuestra aquí también la bella fusión de folclore y rock. Además, Patricia presentó los temas del clásico repertorio folk argentino que prepara para su nuevo disco titulado como su nombre. Muy digna representante de las nuevas generaciones, Mía Folino dio arranque acústico, íntimo y emotivo a la seguidilla de Pandillistas. Mientras tanto, adultes volvían a su juventud y niñas, niñes y adolescentes con una inocencia envidiable disfrutaban de este agasajo en su honor.

Cuando el telón se cerró por primera vez y las luces de la sala se encendieron por unos minutos, los celulares y cámaras de fotos de padres y amigues se aprontaban. El director de la Orquesta La Pandilla fue quien contó todo el proceso creativo que durante un año completo atravesaron para llegar hasta aquí. Predecible pero igual emocionante y necesario en el final subieron todes. Rockeros y rockeras, folkloristas, organizadores, profesores y referentes de la Fundación Isla Maciel y la Pandilla. Para volver a casa con swing y alegría la elegida fue “Oye como va” de Santana. Orquesta más celebridades cantaron, hicieron palmas, sacaron selfies que les niñes un día volverán a ver y tomarán conciencia de la magnitud de esas imágenes y no faltaron las lágrimas. La foto perfecta de porque la música cura y la importancia de la inserción social a través del arte quedó enmarcada sobre el escenario de uno de los teatros más lindos del privado y relegado conurbano bonaerense.

Cuando el rock es todo lo que está bien, la inclusión es una realidad. Y no se trata solo de la incorporación de personas en situación de vulnerabilidad, minorías y disidencias como parte de eventos del género. El rock, como cultura instalada y aceptada, tiene la obligación de salir de su zona de confort y comenzar a hacer historia, porque su larga tradición hetero patriarcal va camino a su fin. Nadie sabe cuando y como comienza una historia de amor, como no lo supieron les niñes de Isla Maciel aquel día en que se abrió esa puerta abría hacia los instrumentos que le cambiarían la vida. Así como el rock un día no supo pero igual pudo comenzar el camino desde el pacto de machos, la misoginia y la homofobia hacia la revolución.

Equipo foto periodístico: Fergie Santágata y Julián Melone

Agradecimientos: Celsa Mel Gowland y Fundación Isla Maciel