Treinta años ininterrumpidos tras los instrumentos no se logran sin aplausos ni abucheos.

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Ya todos conocemos a la banda de californianos liderados por Billie Joe Armstrong. A lo largo de su historia el trío se hizo ganar la simpatía y el odio de la gente en varias ocasiones, incluso de parte de quienes conforman su público. Hoy, en pleno 2017, nadie puede decir que nunca escuchó el nombre Green Day. ¿Estamos, después de The Ramones y los Sex Pistols, hablando de la banda punk más popular de la música? Veremos.

Sea ese título merecido o no, es indudable que Green Day tiene detrás de sí un catálogo de triunfos y fracasos que, como a toda gran banda, los llevaron a ser lo que hoy son. Qué mejor entonces, para amenizar la manija tras la bomba de hoy de ROCKOMOTORA acerca de la llegada de la banda al país el 10 de noviembre, que recuperar tres de cada uno para darnos una idea de que nadie llega lejos sin tropezar unas cuantas veces.

LAS MALAS

El fiasco de ventas de Warning

El nuevo milenio no fue bueno para el punk. Las computadoras no se habían revelado contra la humanidad ni un cataclismo destruyó la civilización, pero los Green Day ya se sentían viejos. No es que lo fueran, rondaban -en promedio- los veintisiete (edad suculenta para ser rockero y morirse), pero había algo adentro suyo que los hacía parecer cansados después de cinco discos, tres de los cuales los pusieron en la órbita de las bandas del momento. Aparecía la inquietud de cómo continuar, si seguir haciendo el mismo sonido para un público que como ellos crecían o abrirse a un nuevo horizonte musical lleno de incertidumbres.

El resultado de una época intranquila para la banda se tradujo en 12 temas y en el peor disco del grupo hablando de números en el mercado. Warning fue un fracaso tanto en críticas como en ventas. El álbum dispone un sonido más calmo, por momentos con inyecciones acústicas notorias. Las guitarras distorsionadas dieron un paso atrás para dar más lugar a la melodía de un Billie Joe que venía de llenarse los oídos con Bob Dylan. Bien por él pero mal para los fans, que no lograron comprender los cambios. Ninguno de sus temas logró mucho afecto en la hinchada. La imagen tampoco ayuda, con una caratula que no atrae por ningún lado. ¿Habrán creído que poner una foto en blanco y negro de los integrantes caminando en una calle sería una idea original?. Green Day, que había sabido tener tapas con distintivos dibujos e interesante collages caía en un cliché del rock.

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La ironía es que así y todo Warning es un gran disco, de esos incomprendidos en su época. No supo ser recibido por el público ni ser comercializado correctamente. A pesar de ser un gran fracaso económico, el tiempo lo ha convertido en una joya musical de la banda, un trabajo experimental que nos abre las puertas a una veta de la banda que no se ha vuelto a repetir.

Todos creían que Green Day no daba para más y esperaban una separación inminente, o un lento olvido. Lo que realmente pasó fue todo lo contrario y lo veremos más delante.

Las críticas de los fans y las acusaciones de venderse

Si hay algo que resuena mucho cuando se habla de Green Day es que son unos vendidos. Pocas son las bandas que se salvan de ese karma cuando se empieza a vender discos, hacer giras, aparecer en revistas, programas de televisión y a ver su logo en tantas remeras como se pueda. Si hay algo que puede estampar la dignidad de una banda contra el suelo es un aluvión de fans que alguna vez les fueron fieles y hoy los apuntan con el dedo gritando “traidores”. No hace falta decir que se pueden equivocar, o que un contrato discográfico y una mayor visualización no significan siempre una peor banda, pero cargar con ese estigma y salir adelante puede ser difícil.

Lo más interesante, y la razón de que este punto este aquí, es que Green Day debe tener en su haber dos o tres grandes ocasiones donde los pintaron de vendidos. La primera se remonta a sus épocas más juveniles, cuando firmaron con Reprise Records, una subsidiara de la Warner Music Group. Para ese entonces ya habían lanzado dos discos y el último, Kerplunk! se vendía como pan caliente dentro del under. Pero desde que pusieron sus nombres en el contrato discográfico, llovieron críticas de todos los ángulos. Tan grande fue la cosa que el lugar donde ellos tocaban y eran habitué los prohibió, en el 924 Gilman Street, el más grande antro punk de California. Pronto llenaron sus paredes de frases al estilo “¡Maten a Green Day!”. La banda no tenía retorno y si fallaban en este emprendimiento mejor se cambiaban de profesión. No fue así: Dookie! fue un éxito musical y en ventas, catapultando a la banda a un estrato más alto.

America-Idiot-green-day-1645647-320-240No sería este el único público que les daría la espalda. Caía el 2004 y los muchachos californianos lanzaban una nueva bomba, American Idiot. Fue el quiebre con muchos antiguos punks que desde 1994 o antes los seguían. Para nada representados por la nueva dirección que la banda había tomado, regresaron las críticas. Pero ya en ese entonces Green Day estaba acostumbrado, y no le importaba. Ahora se apuntaba a otro tipo de seguidor, algo nuevo y por venir.

El fracaso de la trilogía Uno!, Dos!, Tré!

Todo era rosas de nuevo para Green Day, en la cumbre de su estrellato. 21st Century Breakdown salió en el 2009 y había sido recibido con aplausos y premios. Pasado tres años, ya era hora de sacar un disco nuevo. ¿Por qué no hacer tres en vez de uno? ¿Y si en vez de publicarlos todos juntos lo hacemos con un mes de diferencia? Una genialidad, siempre y cuando la banda este a la altura. Y Green Day no lo estuvo.

Mostró que le era más fácil rellenar que elaborar, y que la trilogía no era otra cosa que un rejunte de temas a la mitad de gas que no marchaban hacia ninguna dirección. Las ventas fueron peor de lo esperado y ninguna canción caló hondo en la audiencia ni en los rankings. La banda aceptaría el fracaso y Armstrong diría tiempo después que no había una dirección certera y que solo se trataba de ser prolífico. Con treinta y siete canciones, dos horas de música en total, es fácil darse cuenta que existen momentos donde “más es menos”. Los temas más rescatables, esos con los que podemos decir que están buenos pero no son lo mejor que puede dar la banda, se encuentran principalmente en Uno!, y lo demás anda desgranado entre los discos restantes. Mejor idea hubiera sido juntar una docena de temas buenos de todo ese desparramo y sacar un álbum más compacto.

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Esta trilogía de infortunios finaliza con un escándalo durante un festival, cuando los organizadores buscaban recortarle tiempo a la banda para que le siguiera el show de Usher. Billie Joe estalló en rabia, con más que la razón, y a puro grito terminó el show destruyendo su guitarra al mejor estilo The Who. Los medios etiquetaron el suceso como consecuencia del abuso de drogas y el cantante debió ser puesto en rehabilitación. Luego de su segundo periodo de éxito, su llegada global y la producción en masa de su estilo, Green Day cerraba otra etapa en silencio y con la cabeza gacha.

LAS BUENAS

American Idiot y el momento de reinventarse

Lo venimos anticipando y es que es imposible de eludir, estamos frente al disco que de alguna manera revolucionó su momento.

Hablamos ya de lo mal que la pasaba la banda por principio del milenio. Después de varios recopilatorios y pocas ideas se embarcaron en un disco que ni llegó a terminarse, ya que todo el material fue robado. Sin embargo, el amargo suceso sirvió de milagro para replantearse lo que querían, y se dieron cuenta de que era la hora de reinventarse. Green Day hizo el camino contrario a las otras bandas de su época, que empezaban a frenar la caravana y a madurar. En cambio Billie, Mike y Tré se enfundaron en las ropas de una generación más joven, con el negro como bandera, base blanca y delineador, pelo planchado sobre los ojos, camisas ajustadas, corbatas rojas y detalles en rosa. De repente los punks ya entrados en los treinta se convirtieron en una imaginación de Tim Burton. El rumbo musical cambió buscando explorar la narratividad del disco, e inventaron el concepto de “Opera Punk Rock”, contándonos, a través de los temas, la historia de Jesus of Suburbia. Canciones de nueve minutos, subdivididas, y con un contenido político y social al que la banda nunca había llegado, atacando de lleno a la administración Bush y al modo de vida americano.

La jugada les salió muy, pero muy bien. Un nuevo público los abrazó fuerte: eran los jóvenes del 2000 con sus celulares, su internet, su gusto por el consumismo y la sentimentalidad melancólica. Éxito total en ventas, una cantidad descomunal de merchandising y una repisa de premios. El punto más alto de la experiencia American Idiot es, a mi parecer, el videoclip de ‘Wake Me Up When September Ends’, un intento de trasgredir el formato clásico de vídeo musical dándole un aspecto mucho más cinematográfico, contándonos la historia de una pareja separada por la guerra de Irak.

El disco los coronó como la banda punk de la década, sin más vueltas. Hasta dio a luz a un musical en Broadway. Se podría discutir  la calidad, la autenticidad, o la estética, pero era un hecho el que ya todos tenían una opinión formada sobre el grupo. Ya sea para alabanza o para repudio, Green Day estaba en boca de todos.

Revolution Radio, un soplo de aire fresco en punks viejos

Es difícil hablar tan bien de material tan nuevo, pero la realidad es que el último disco de la banda vuelve a ponerlos del lado del sonido más espeso. No es un cambio dramático como lo han hecho antes, sino que es una demostración sobria de que Green Day todavía puede salir de lo esperable sin la necesidad de dinamitarse. Es una especie de marcha atrás de una banda que ya nadie sabía cuál era el siguiente paso. Pero es un regreso que reúne la intensidad de esos muchachos que cantaban ‘Basket Case’ y el aprendizaje musical que les dejó toda la experiencia de la ópera rock y el siglo XXI. El contenido político se pone más puntiagudo, directo y apunta a la proliferación de armas, la violencia racial, las redes sociales y el presidente Donald Trump. Es más, el nuevo ocupante de la sala oval tiene su aparición en el vídeo de ‘Troubled Times’, con una interesante animación que parece sacada de un fanzine punk en movimiento.

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Revolution Radio es un signo de madurez, un regreso con fuerza pero sin inflar ese espíritu de adolescente rebelde que venían vistiendo los últimos discos. No deja de ser el Green Day de siempre, ese que se reconoce con solo levantar la oreja y que de alguna manera inevitable nos retrotrae a una escuela secundaria en Estados Unidos, como las que veíamos en las películas. ¿Además, qué serían si no fuera una banda de alma juvenil? Yo no le exijo peras al olmo y lo digo sin querer ofender: su último trabajo se merece un aplauso, porque sin ser una exploración musical como fue Warning, logra que diferentes fans de la banda puedan reencontrarse y llevarse algo. Te hace levantar las cejas y creer que todavía hay una oportunidad para que nos sorprendan, aunque nos deja preguntándonos: “¿Qué vendrá después? ¿Cuál será la nueva dirección de la banda?”. Eso dependerá de si el grupo aun ve un horizonte a alcanzar o planea sobrevivir a través de la nostalgia de sus viejos éxitos.

¿La más famosa y longeva banda de punk que hayamos visto? Exactamente

Treinta años es un logro que pocas bandas de punk han logrado. The Ramones, los dioses del género, duraron unos veinte años; otras como Misfist, Dead Kennedys o Bad Religion se separaron y volvieron a reunir con otros integrantes. Pero Green Day mantiene sus miembros fijos desde su segundo álbum, y si bien hubo años donde no salieron de gira ni grabaron, nunca se separaron. Si a ese coctel de longevidad le sumamos la popularidad que alcanzaron a partir de Dookie!, y luego con American Idol, podemos pronunciar con certeza de que no ha habido banda punk con picos tan altos de fama.

No significa que sean los mejores ni los mayores exponentes. Podríamos argumentar que la fama y la vejez son tópicos que se llevan mal con el auténtico espíritu punk. Pero ¿Cuántos jóvenes llegaron a abrazar las crestas y el smoosh gracias a Green Day? La influencia que ejercieron en la juventud es innegable. Lograron la fama que pocos supieron mantener, remaron el bote cuando todos lanzaban flechas incendiarias, tuvieron la iniciativa y la flexibilidad para adaptarse, y fueron estratégicos con el panorama musical. Por encima de cualquier reproche que se les pueda hacer ¿No son estos logros reales y concretos?

Ya se ha dicho en esta nota y es pertinente volverlo a repetir para cerrar este concepto: No se puede hablar del punk de los noventa sin nombrar a Green Day, como no se puede hablar de punk en los dos mil sin verlos protagonistas de nuevo. Están ahí, lo quieras o no, con sus macanas y sus grandezas, con la formula efectista o experimentando en el sonido, con el pelo de colores o planchado, simplemente están ahí. Con tanta agua bajo el puente de algo debemos estar seguros, y es que los muchachos de California ya no están verdes, para nada verdes.

Texto: Riku López

Corrección: Eliana Solís y Belén de la Paz Sobral

Edición: Belén de la Paz Sobral