Angus Young dijo alguna vez que la música clásica lo desesperaba porque siempre estaba esperando a que entre la batería. Enorme piropo para la importancia del instrumento en el rock.

Conocemos grandes bateristas y los tenemos en nuestra mente, como John Bonham, Mike Portnoy,  Stuart Copeland o Lars Ulrich (que, grande o no, es reconocido). Pero ¿qué hay de aquellos que cumplen un gran trabajo y no reciben el reconocimiento merecido? Hoy vamos a concentrarnos en bateristas de alto perfil que tienen cierto grado de reconocimiento, pero (creemos que) no el suficiente. Y, como siempre, un ejemplo para defendernos.

5 – Ringo Starr (The Beatles, solista)

Pobre Ringo. No hace falta decir que ser el “menos brillante” de los Beatles en el vox populi es suficiente para originar miles de chistes y bastardeos. Lo cierto es que el estilo de Ringo es muy difícil de imitar debido a que él lo construyó en base a sus limitaciones y dificultades, y lo canalizó hasta transformarlo en una escuela de la batería, siempre más musical que el resto pero menos espectacular. En el fondo, es cierto que Ringo tuvo suerte de ser parte de los Beatles porque si no, nadie le habría prestado atención a su peculiar modo de frasear con palillos en mano y quizás nos lo habríamos perdido.

Pero ocupa el puesto nº 5 porque más de uno prefiere defenderlo por las dudas, ya que haber participado de ‘Ticket to Ride’ te da cierta invulnerabilidad que los demás no tienen.

La historia del “dame un Ringo”, cuando los grandes están grabando


 

4- Michael Miley (Rival Sons)

¿Quién? Michael Miley ¿Quién?
Claro, al lado de los demás que integran esta lista, este muchacho parece un don nadie salido de ningún lugar, pero es víctima de un terrible blindaje mediático. Su banda, Rival Sons, vivió opacada por el silencio de grandes medios que preferían promocionar otras bandas. Pero lo cierto es que él recibió públicamente el reconocimiento de muchos colegas, como Mike Portnoy, Ian Pace, Jason Bonham, Taylor Hawkins, Tommy Clufetos, Chad Smith y tantos otros que no son necesariamente bateristas. Es el verdadero heredero del estilo de John Bonham y  cada vez que se sienta detrás de la batería, la rompe; y probablemente sea el mejor baterista que esta década dio lugar en términos discográficos.
¿Quién?

Aquí haciendo un tutorial de una de sus canciones icónicas


3 – Chad Smith (Red Hot Chili Peppers, Bombastic Meatbats)


Es verdad que Chad recibe cariño de parte de los fanáticos de los Red Hot, pero también es cierto que para la gran mayoría, al menos hasta la llegada de Klinghoffer, era el Red Hot “menos preferido” en actividad.
Y hay una dura verdad que afrontar ante esto.
Chad es, al menos desde la época de By The Way (2002) donde el camino de la banda se volvió menos funky y más pop, quien mantiene sólido el sonido de los Red Hot; y aunque en vivo sea quien menos morisquetas haga, es el verdadero artífice de las dinámicas, quien pone orden y dinamiza a la banda, en una época donde Flea y Kiedis se han edulcorado mucho en términos musicales, tomándose con seriedad una serie de asuntos que quizás no debieran.
Y si esto les parece polémico o inadecuado, agárrense: sin Chad Smith, Flea no sería de los bajistas más importantes de los últimos 30 años. Sí señor, los Red Hot encuentran su verdadero sonido con la llegada de Smith y Frusciante en Mother’s Milk (1989), pero la verdadera posta es cuando en Blood Sugar Sex Magik (1991), los grooves de Chad y Flea empiezan a fundirse en una sección rítmica que hasta el día de hoy suena fresca, incomparable e imbatible. El álbum The Getaway (2016) es así de flojo porque Chad no tiene espacio, no le dan lugar para guiar a la banda, aunque sea eso lo que los sostiene en vivo.
Está bien: recibe amor. Pero los Red Hot no serían lo que son ni lo que fueron sin él.
Y Flea, tampoco. Si no, escúchenlo en sus proyectos paralelos.
Ya está, lo dije.

Adiviná quien es el que mantiene la magia de esta canción


2- Meg White (The White Stripes)

Voy a hacer un esfuerzo inhumano por no mezclar el hecho de que gran parte del bastardeo hacia Meg se debe al hecho de que es una mujer y voy a concentrarme exclusivamente en lo musical.
Meg será básica como un pong, pero también es igual de efectiva. La simpleza de los White Stripes tiene su belleza propia y su estilo en la batería permite que la canción se desarrolle y para que Jack derroche su esplendor artístico. Hasta ahí sería solamente entender su lugar en la banda y hacer exactamente lo necesario por el bien de la canción -algo bastante más complicado de lo que parece cuando se trata un dúo-, pero la posta de su virtud se luce en vivo.
Mientras Jack se descontrola hasta límites que lo hacen desafinar constante e intencionalmente, las canciones empiezan a deformarse hasta volverse irreconocibles. Sin Meg, Jack se transforma en una especie de artista del noise, más cerca de Sonic Youth o la no-wave de Nueva York. Pero ahí está ella, sosteniendo los límites con oficio, manejando las velocidades y en perfecta sincronía musical con su compañero. Incluso podría decirse que, en vivo, ella era la que mejor tocaba –pero eso ya es una opinión demasiado controversial.
Puede que en cualquier otro proyecto, a pesar de su potencia y constancia, no hubiera pinchado ni cortado; pero estuvo donde estuvo haciendo lo que hizo. Y nadie va a negar que Meg es probablemente la más insultada, despreciada y menos defendida de la toda la lista

Humille Meg


1 – Oscar Moro (Los Gatos, Color Humano, La máquina de hacer pájaros, PorSuiGieco, Serú Girán, Riff y otros)


Que complicado, ¿no? Un tipo con terrible currículum que, hoy día, vivimos con su reconocimiento post-mortem. Sin embargo, antes de Julio del 2006, Moro había dejado la música hacía más de 15 años porque las drogas y el alcohol le comieron la salud. Para el año de su muerte estaba abandonadísimo y entregado al fatalismo, hasta que una úlcera lo liquidó. Tenía solamente 58 años.
A ver… ponerse a hacer retrospectiva en una situación tan delicada y con una serie de complejidades que no da a lugar en este espacio, es incómodo y algo morboso (y probablemente esté mal traerlas a colación), pero hablamos de alguien que, al menos cuando tocaba en Serú Girán a los 30 años de edad, no dejaba dudas en ser el mejor baterista de la historia del rock nacional –y si no el mejor, el más importante. Pero cuando empezó su debacle personal, las noticias y el show -si se acordaban que Moro existía- giraban alrededor de sus vicios y penas, y no de su importancia musical, dejando lugar en portada a otros cracks de la batería. Aquí, una gran crónica de Cristian Vitale, para quien le interese.
La pregunta morbosa y sin respuesta es ¿Por qué hubo que esperar una tragedia anunciada para hacerle los reconocimientos en vida que se merecía alguien de la talla de Moro? Cuando viene “el día del baterista argentino”, cada 11 de Julio, recordando el fallecimiento de Oscar Moro –y no el nacimiento, Dios nos libre de que la efeméride sea por eso- y se felicita a los bateristas que de alguna manera compartieron vida con él o su legado, se enojan y piden que se retire la felicitación. Que es casi una broma de mal gusto.

Tocate algo, Oscarcito