Paul McCartney, uno de los grandes músicos de la historia, se presentó el 17 y 19 de mayo de 2016 en el Estadio Único de La Plata. ROCKOMOTORA estuvo presente el 19 y así se vivió:

Se apagaron las luces, dejó de sonar la música de fondo y salió al escenario la viva leyenda de la música: Sir Paul McCartney apareció para dar un show de los suyos, de esos que hacen valer cada bendito centavo del costo de la entrada.

Con un Estadio Único lleno, el inglés deleitó al público con casi cuarenta temas, yendo de la locura a la emoción, desde hits incomparables de los Beatles y Wings hasta temas de su último álbum, New.

La mejor forma de describirlo es aclarar, antes que nada, que fue una fiesta desde cualquier punto del estadio y que el Beatle no paró un mísero segundo, dando un show que fue, para muchos, sin precedentes.

Comenzando con ‘A Hard Day’s Night’, un pogo increíble para la situación nació en el campo y se contagió al resto de los sectores. Luego fue el momento de ‘Save Us’, seguidita y con el mismo sentimiento de reencuentro con el público.

Una vez terminados los dos primeros temas, Paul habló en español, diciendo que intentaría mantener el idioma, cosa que no pudo cumplir a la perfección, pero que causó gracia a todos los presentes, incluyéndolo a él mismo.

 Los momentos emotivos fueron varios. Distinto de otros recitales –en los que se hace una tanda de temas lentos y bajón todos juntos- él fue intercalándolos, lo que generaba que el ambiente de fiesta no se terminase de diluir nunca. El primer momento fue cuando tocó su canción ‘My Valentine’, dedicada  a su actual mujer, Nancy. Posterior a esa vinieron ‘Nineteen Hundred and Eighty Nine’ y el hit beatle ‘Here, There and Everywhere’, que volvió a inducir ese aire melancólico. Todo ésto armó un gran preparativo para lo que fue un momento absolutamente fuerte y emotivo: ‘Maybe I’m Amazed’, canción dedicada a Linda McCartney, el eterno amor de su vida. Momento perfecto para chapar y/o llorar de amor –dos cosas que mucha gente hizo-.

 Los momentos mágicos de la noche fueron las canciones dedicadas a John Lennon y Geroge Harrison: ‘Here Today’ y ‘Something’ respectivamente. Ambas canciones resultaron absolutamente emocionantes.

Entre interrupciones divertidas para bailar, menear arriba del escenario, y comentarios divertidos haciendo alusión a cuando estudiaba español de chico, Paul hasta improvisó un tema en vivo, con los gritos de la gente.

 Siguiendo su rito de cada recital, McCarney subió al escenario a tres chicas: la primera celebraba su cumpleaños allí, su nombre era Leila y eso sorprendió al Beatle, que preguntó si había alguna otra persona con ese nombre en el estadio: momento divertido. La segunda era brasilera, que se tuvo que comer los abucheos de todo el Estadio Único de La Plata. La tercera fue más al estilo trámite: rápido, conciso, una firmita y ya está. Todas tuvieron su firma, con el fin de convertirla en tatuajes y tenerla de por vida en su piel.

 Cinco canciones antes de terminar, luego de un largo rato tocando ‘Hey Jude’ –donde aplicó su ritual de hacer cantar a hombres por un lado y a mujeres por otro- fue el momento del intervalo. No se dilató mucho: en menos de 5 minutos empezaba a sonar ‘Yesterday’, el mítico tema McCartney. Otra vez momento Beatle.

Cerró la noche cantando ‘The End’, decorando el momento menos esperado para todos, poniéndole punto final a lo que fue uno de los mejores recitales que quien les escribe ha visto.

Fue un show dinámico, que duró unas tres horas, con un exponente increíble de la historia de la música arriba del escenario, mostrándose más vital, inclusive, que muchas bandas con integrantes de hasta cincuenta años menos que él.

Esto fue Sir Paul McCartney señores, y honestamente no creo que vaya a vivir otro recital igual.