Luego del recital del Indio en Olavarria, se puso en el ojo de la tormenta a la organización y a las falencias que hay detrás de cada show. Analizamos las claves de este aspecto en eventos multitudinarios.

Parece que hubiese pasado mucho tiempo, pero no, solamente hace un mes y medio atrás dos personas perdieron la vida en el show del Indio Solarí en Olavarria. Como las autopsias revelaron las causas  de estas muertes, las cuales no sucedieron  porque una manada de salvajes los aplastó sino por fallas organizativas, parece que los grandes medios ya no tienen más nada que decir sobre este tema. Detrás de todo, hay una estigmatización enorme respecto al público que asiste a los recitales del rock, particularmente al público que consume rock nacional: los han tildado de sucios, irresponsables, inconscientes, vagos, entre otras cosas. Sin embargo, Argentina no es el único país que se cargó con tragedias, y se ha demostrado que estas no han sido culpa de una “sub cultura diabólica y desenfrenada”, sino responsabilidad de la avaricia y negligencia de algunos organizadores, como podremos ver a continuación.

1-    ROLLING STONES, ALTAMONT (1969)

El 6 de diciembre de 1969, los Stones ofrecieron un show gratuito en San Francisco. “Crearemos una sociedad microcósmica que sirva como ejemplo, para el resto de América, de que es posible comportarse bien en grandes eventos”, decía Mick Jagger. Sin embargo, la organización no estuvo a la altura de las circunstancias para un público de 300 mil personas. El  espacio destinado para este evento histórico se cambió constantemente hasta que dos días antes del show se definió en el autódromo de Altamont. Las instalaciones sanitarias brillaban por su ausencia, la potencia del equipo de sonido era insuficiente y el escenario era demasiado pequeño. Incluso, Jagger fue golpeado por un espectador en su llegada. Los encargados de la seguridad eran los Hells Angels, un grupo de motociclistas que solo cobraban 500 dólares más algunas cervezas por su trabajo. Y como es sabido, “lo barato, sale caro”.

Los Stones fueron teloneados por Santana, Jefferson Airplane, The Flying Burrito Brothers y Crosby, Stills, Nash and Young. Una vez iniciado el show, la avalancha era controlada y vallada con el uso de las motos de los “Ángeles del Infierno”, ocasionando heridas a varios espectadores. A medida que el show avanzaba, este tipo de roces enfurecían a los fans. En un momento, un joven afroamericano llamado Meredith Hunter mostró un revolver, situación que desembocó en una fuerte golpiza y su apuñalamiento en manos de Alan Passaro, uno de los encargados de la seguridad del show. El asesino fue condenado y luego absuelto por considerarse que actuó en defensa propia… Pero ¿quién debía controlar que los espectadores no ingresaran armados al recinto? Por supuesto que la organización, aunque el típico racismo de yanquilandia seguramente no permitió ningún cuestionamiento al respecto. Podés leer más sobre este suceso y sus repercusiones acá.

 

2-        THE WHO, CINCINNATI (1979)

Luego de tocar por varias ciudades de Estados Unidos, en el marco de una gira mundial, The Who llegó a Cincinnati el 3 de diciembre de 1979, con un total de 18.348 entradas vendidas. La mayoría de los tickets de admisión general, eran vendidos por orden de llegada.

Horas antes de iniciado el show, el público esperaba en varias puertas agolpándose cuando oyeron la prueba de sonido, ya que creyeron que el espectáculo estaba por comenzar. Fue entonces cuando los que esperaban más atrás,  iniciaron con los empujones hacia la parte delantera, hasta que se dieron cuenta de que las puertas seguían cerradas. Finalmente, algunos de los ingresos del estadio comenzaron a abrirse; al ver esto los que esperaban en otros sectores, y luego de golpear y empujar para que abrieran los accesos, se dieron cuenta de que no iban a hacerlo así que comenzaron a dirigirse hacia las que ya habían abierto. Esto provocó que muchas personas fuesen pisoteadas y terminaran con lesiones graves. En total fallecieron once personas  por asfixia y veintiséis fueron asistidos por lesiones.

El concierto continuó y no se habló de lo acontecido hasta después del show.

Las familias de los fallecidos demandaron a la banda, al promotor del concierto y a Cincinatti obteniendo cada uno lo que equivaldría a una suma actual de 360 mil dólares. Aun así, ninguna suma podrá devolverle la vida a esas once personas víctimas de la desorganización.

 

 

3-        PEARL JAM, DINAMARCA (2000)

Se esperaban cerca de 74 mil personas el 30 de  julio del año 2000, en el marco del Festival Roskilde, siendo Pearl Jam una de las mayores atracciones del evento. Sin embargo, aunque todo parecía marchar bien, cerca de la medianoche una avalancha humana aplastó a varias personas que se encontraban en la parte delantera, cerca del escenario. Eddie Veder, paró el concierto y le pidió al público que retrocediera, aunque ya era demasiado tarde: nueve personas fallecieron y otras más resultaron heridas.

Aunque esto a simple vista pareciera ser responsabilidad del público, uno de los encargados de seguridad declaró que durante quince minutos intentó detener el show al ver personas atrapadas adelante del escenario, pero el mensaje llegó demasiado tarde y cuando la banda interrumpió el show la fatalidad había hecho lo suyo.

Además, otros tres asistentes suecos contaron que también habían quedado atrapados y que el accionar de las fuerzas de seguridad fue pasivo.

El calor, la falta de oxígeno y de espacio imposibilitó que esas nueve personas pudiesen volver a ponerse de pie.

La agrupación en su momento, probablemente debido a sentimientos de culpa, canceló el resto de los shows e incluso pensó en separarse. Sin embargo, las investigaciones policiales concluyeron en que se trató de fallas técnicas y desligó a la banda.

 

 

4-    GREAT WHITE, RHODE ISLAND (2003)

El 20 de febrero del año 2003 Great White se presentó en la discoteca The Station. Al inicio del show, mientras tocaban su hit ‘Desert Moon’, el manager de la agrupación, Daniel Biechele, lanzó pirotecnia, la cual incendió la espuma utilizada como aislante acústico en las paredes y el techo, envolviendo el recinto en llamas y cubriendo el edificio con una humareda negra en un lapso de cinco minutos. Si bien el lugar contaba con cuatro salidas la multitud salió desesperada hacia la puerta principal, por lo que entre el calor, el humo toxico y la estampida fallecieron cien personas y 230 resultaron heridas. Quienes lograron salir “ilesos”, padecieron en su mayoría un estrés post traumático.

Luego del episodio, la banda siguió girando hasta que en un momento decidieron dividirse en dos grupos. En cuanto a la asignación de responsabilidad por la tragedia, fueron condenados los dos propietarios de la discoteca y el manger de la banda, quien se declaró culpable de los 100 homicidios, expresándolo del siguiente modo:

 

5-    CALLEJEROS, ARGENTINA (2004)

En nuestro país la peor tragedia por la perversa negligencia organizativa, la cual seguimos padeciendo, ocurrió la noche del 30 de diciembre del año 2004.

La banda de rock nacional Callejeros se presentaba en el local que tenía como propietario a Omar Chabán, República de Cromañon. A poco de iniciado el show, un asistente encendió una bengala, cuyos proyectiles impactaron en la media sombra desatando el incendio fatal que se llevó 194 vidas y dejó 1432 heridos.

El resto, ya lo sabemos: puertas cerradas, asistencia sanitaria insuficiente, sobreventa de entradas (la cantidad de público excedía la capacidad del local) y una puerta de emergencias trabada.

Hubo condenados, entre ellos organizadores,  funcionarios políticos y también los músicos que no han logrado sobreponerse psicológicamente a  este tristísimo evento que los va a perseguir por el resto de sus vidas.

 

 

Como vemos, el problema de la desorganización de los recitales, nada tiene que ver con el público ni con ser tercermundistas. En países donde supuestamente prima el orden, también existen productores hambrientos de avaricia, a quienes no les importa el cuidado ni las condiciones estipuladas por la ley y, enceguecidos por cifras abultadas, creen que no va a pasar nada, que van a poder salir a disfrutar de sus millones, cuando en verdad ponen en riesgo un montón de vidas que simplemente desean disfrutar de un cacho de cultura.

Nosotros no nos olvidamos de Javier León ni de Juan Francisco Bulacio, quienes fallecieron el pasado 11 de marzo mientras intentaban disfrutar del espectáculo de su ídolo. Cualquiera de ellos podríamos haber sido nosotros, pero parece que para la sociedad tenes que ser  “decente”, una persona “bien”, tenes que ser “blanco y rubio (y puro)”, para que salgan a pedir justicia si te pasa algo.

 

Texto: Natalia Porcel

Corrección y edición: Belén de la Paz Sobral