A un año de su muerte, o su regreso al espacio, recordamos al fantástico Bowie y todo lo que nos dejó en la tierra.

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Seguro que David Bowie era más que una sonrisa y ojos de distintos colores. Supo hacer del escenario una puesta de escena teatral. Convertirse en un personaje y mutar, para ser otros. Reinventarse como concepto, expandirse a otros aspectos artísticos. Hoy ya contamos un año de su muerte, esa que nos dejó sin palabras, la que llegó después del cumpleaños, justo detrás de la salida de un gran álbum. ¿No es tiempo, ahora, que ya ha pasado la conmoción del momento, y podemos recordarlo y reverlo con más tranquilidad, el momento para contar aquellos grandes logros que David Bowie en su vida supo llevar adelante como artista? Esos logros que hicieron que se mantenga en escena durante más de treinta años, esos logros que lo convierten en un genio, no solo musical, sino uno que ha sabido abarcar y aprovechar todo el espectro del arte. Estos son algunas de esas victorias que el Duque Blanco nos ha dejado en su paso por nuestro planeta.

La personificación

Desde el inicio David Jones sabía que aquel que ganaría el amor del público iba a ser un personaje. Los tiempos cantaban esa consigna: la psicodelia convertía la realidad en puro aburrimiento, la juventud instaba por un cambio, y para llamar la atención se debían romper ciertos esquemas. De eso se trata su primera época, de buscar una imagen y un sonido. Est mod cuando lanza su álbum debut David Bowie y su estilo irá variando de disco en disco hasta el momento de encontrar un indicado. Eso fue en 1972 cuando se envuelve a sí mismo en latex para anunciar el descenso de Ziggy Stardust a nuestra atmósfera. Es su primer gran éxito en discográficas, pero es sobre todo un triunfo de la estética, de la figura que allí interpreta y de su trasfondo. Será desde allí que Bowie nunca dejará de actuar sobre el escenario. Pero como buen actor, sabe que no se puede encasillar en un solo personaje, lo que nos conecta con la siguiente característica suya.

La capacidad de reinvención

El alien sexual que cabalga arañas marcianas durará poco. Tres años después estará muerto, reemplazado por una caracterización tan opuesta como encantadora. El Duque Blanco (The Thin White Duke en inglés) representa un tipo frío y con sobrio estilo dandy. Lo veremos primero en Young Americans y se irá haciendo cada vez más oscuro disco a disco hasta desvanecerse en los ‘80, donde le sabrá agregar el color y el carisma del New Romantic.

Podríamos decir que aunque los años pasan y el estilo varía, el espíritu del Duque nunca termina por irse. Con más fuerza se puede ver de vuelta en su última etapa, en ese Bowie viejo pero que no ha perdido voluntad ni calidad. En el medio, la década de 1990 nos lo presentará con un estilo más suelto, de barba y ropas alternativas, mientras que el nuevo milenio lo verá de regreso al pelo largo, cargando una estética que recuerda a The Man Who Sold the World. La capacidad de mutar, reinventarse, cambiar, y a la vez mantenerse en pie es una habilidad que pocas veces se ha visto con tanta maestría en el ámbito del rock.

La experimentación y la vanguardia

Un gran amigo mío siempre ha dicho que David Bowie estaba cinco años adelantado a la música. Tal vez es una cifra dudosa, pero lo que es evidente es que siempre ha sido pionero con su sonido. Él no era un profeta, más bien era alguien atento a la vanguardia, y obviamente abierto a las nuevas olas. Muchos son los grandes artistas que nacen del under, pero pocos son los que logran revisitarlo (y disfrutarlo) cuando están llenando estadios. En ese sentido Bowie supo darle importancia a lo incipiente en vez de seguir explotando lo que se encontraba en boga. Además de combinar géneros que estaban encasillados como música de negros, y que eran fuertes en la escena americana, avanzó sobre la electrónica en su paso por Berlín, fue hacia el pop melódico cuando este escalaba lugares y volvió al sonido distorsionado entrando a los ‘90. Pero siempre con su característico estilo propio de trasfondo, conectándolo todo.

Su dedicación al arte

Me gusta dejar esta categoría para el final, porque creo que es la piedra angular de este genio. David Bowie fue un artista multifacético, y no sólo como músico, donde además de expandir su estilo se dedicó a manejar más de diez instrumentos diferentes. Su trayectoria también tiene grandes hitos en el cine, como protagónico pero también haciendo importantes cameos, muchas veces como él mismo.

Todos recordarán al perverso rey duende de Laberinto, que se robó los corazones de una juventud que lo desconocía vestido de glam. Poco menos conocida es la historia de cómo el Duque apareció en el videojuego Omikron de 1999, cuando el director del juego contactó con él para que le ceda algunas canciones como banda sonora. ¿Que hizo Bowie? Compuso una serie de canciones para el juego, que luego terminarían formando el disco Hours, pero además prestó su rostro y el de su esposa Iman para aparecer a través de captura de pantalla. Sumando a eso las intervenciones que ha tenido en el teatro o la pintura, sin nombrar los incontables trabajos de colaboración y producción que ha tenido con otros artistas, nos hablan de un alma artista. Que buscó llevar adelante un deseo de trascender, de romper ciertas estructuras, de innovar, de sorprender.

Podemos decir que fue un artista fiel hasta el final, con algunos errores y muchos aciertos. No podemos negar que lo hizo a su manera, que nos mantuvo cautivos y supo despedirse en medio de la conmoción, como si del despegue de una gran nave se tratase. Hoy lo recordamos, mirando a las estrellas y sabiendo que si hay vida en marte, seguro escuchan a Ziggy Stardust.

Texto: Riku López

Corrección y edición: Belén de la Paz Sobral