Una problemática sobre ser o no ser autentico en el rock que merece ser pensada desde sus bases.

tumblr_llthr2yfkU1qfojl2o1_1280

En la música encontramos una postura muy común: la del careta. ¿De dónde nace? Me arriesgo a decir que su origen viene de aquellos posicionados en la otra vereda, en este caso, los que no se consideran caretas y a la vez se sienten de alguna manera superiores para marcar qué es o qué no lo es en el otro. Esto se puede oír bastante si paramos las orejas en los lugares correctos.

No podemos obviar esa dicotomía invisible que divide ambas lados de la música. Sin importar las formas en que se presente, la cuestión de quién o qué es careta rodea al rock en general, y no podemos dejarlo pasar sin hacer una o dos reflexiones al respecto. Desde ya pido perdón, porque mi intención no es hacer más fuerte esta diferencia, pero temo que aquí van a terminar leyendo la palabra careta muchas, muchas veces.

Primero: ¿Qué es un careta? Podemos aplicar el adjetivo “careta” a cosas, acciones y personas. La palabra nos remite automáticamente a una máscara, un antifaz, un disfraz que uno se pone. Por eso podemos usarlo cuando llegamos a casa borrachos y “la careteamos”, o salir al balcón a fumar “un careta”. Esos son otros sentidos para el mismo término, pero nosotros, como ya dijimos, nos vamos a enfocar en el hermoso ámbito de la música. ¿Por qué la palabra es tan prolífica en este ambiente? Tengo una hipótesis.

De los muchos entretenimientos culturales que disfrutamos en sociedad, la música es la que más tiende a agrupar a las personas. La gente con gustos similares será más propensa a entenderse entre ella que con los de estilos dispares. En algún momento esta lógica comenzó a agrupar a esta gente en conjuntos cada vez más grandes se fueron masificando y delimitándose en congregaciones de personas con dirección semejante, siguiendo a las mismas bandas, usando peinados parecidos y ropas particulares. Como una lógica del uniforme que uno se prende por gusto. Sin ser historicista, hablo de la quintaesencia que está detrás de la formación de los hippies, los rockers, y los mods, como también sucede en los metaleros, los punks o los alternativos. Son estos clanes, fans, modas, tribus urbanas o como queramos decirles, que con su estilo y subcultura propia conformarán las bases para que después aparezcan los caretas, quienes intentaran copiarlos en un intento de pertenecer, y ellos por su parte van a señalarlos con el dedo para distanciar más las aguas.

Segundo: si el concepto de careta nos remite etimológicamente a una máscara, podemos pensarlo, dentro del rock, como el que se “disfraza” de fan. El que se pone el atuendo y nada más, para sentirse incluido, para aparentar, para pertenecer a un grupo aunque desconozca gran parte de su cultura. Y esta actitud no se limita al público, al contrario, hay una muy jugosa gama de artistas que entran en este juego de disfrazarse. ¿Quién arma e impulsa a esos artistas? La industria. Esa Industria, que como concepto engloba a todos los que vean al público como simples consumidores y se aprovechen de ellos. Porque los empresarios, los que detrás de sus escritorios definen en cuales proyectos invertir, descubrieron que lo importante no es desarrollar algo nuevo, o de calidad, o necesariamente fiel a sus cánones, sino que todo se centra en generar un público, un público que consuma en masa para multiplicar las ganancias. Es más fácil generar un ídolo que sea digerible por todos, diseñado para la moda actual, amoldado de entrada al sistema donde se va a mover, sin ningún interés en romper estructuras, y que obviamente se pueda hacer mucho, pero mucho merchandising.

Resultado de imagen para chetas con remera de los ramones

Por ende no es solo la industria de la música, también está metida la moda, que es la que por los ojos atrae a la gente. De una banda se venden más remeras y mochilas que discos y conciertos. La mayoría de la gente sabe más o menos reconocer a un punk o un gótico o un metalero con solo verlo, por los trapos que lleva puestos, pero muy diferente es saber qué bandas lo representan. El ciclo es fácil: la industria ve que hay una veta explotable en algo que ser bien recibido, entonces lo convierte en moda e impulsa a artistas que puedan tener mucha llegada pero que a la vez sean maleables por lo que quiere la disquera. Así se arma toda una vidriera preparada para que consuma la mayoría, se produce en serie lo que en alguien era un detalle, como un pañuelo al cuello, un gorro jamaiquino o una pulsera de tachas, para que todos lo usen alegando su individualidad, generando lo que a ojos de mucho es el público careta. Lo perverso de todo es que el mercado juega a dos puntas, porque es el mismo que da de comer a los fans de verdad, que asimismo les vende las ropas de bandas de culto y sponsorea sus recitales. Porque en sí, no tiene más ideología que la que le otorgue más ganancias.

Después de todo esto, ¿qué nos queda pensar? Lo único que hemos podido sacar de nuestra galera es que los caretas nacen con la constitución de los seguidores. En ese sentido es como si fuera un hereje moderno, lo que antes tenía ocasión en conventos y sectas medievales, con la sutil diferencia de que no lo chamuscamos en la hoguera. También nos damos cuenta de que nada es tan inocente, porque a todo esto se suma el poder que el capitalismo acérrimo tiene en toda la cuestión. No quiere decir que estemos agitando las banderas de la revolución comunista, pero tampoco podemos obviar las responsabilidades que tienen los bussinesmen, el negoción que es conseguir una tendencia para explotar. La pregunta que queda sin resolver sería ¿Y con los caretas qué hacemos? Nada concreto, porque no podemos dar una solución a algo que tiene tantas formas y es tan amplio. Recomendaría, como todo en la vida, lograr analizarlo de antemano y no disparar conclusiones ni acusaciones apresuradas. Hay personas que se las marca de careta pero con un poco de dedicación pueden ser grandes rockeros, mientras existen otras que solo se quedan con la pose. Lo mismo juega para los artistas, donde tenemos casos de músicos de gran calidad se terminan vendiendo al medio y produciendo solo para expandir sus arcas. No hay una respuesta correcta, depende de nosotros tomar la que creamos mejor, siempre y cuando no nos convierta en malas personas.

Tal vez toda esta catarata de ideas no terminen en ningún lugar, tal vez no hemos ayudado a solucionar nada, tal vez solo contribuimos a profundizar esta brecha en el rock. No lo sé, pero al menos yo, de ahora en más, cada vez que por mi mente piense que el que está adelante mío es un careta, me voy a poner a pensar en qué lugar estoy parado yo para juzgar, y quién está moviendo los hilos para que él sea lo que es, o lo que aparenta ser.