Si bien es cierto que la llamada Era Digital hizo tambalear el mercado de compra de discos físicos, la edición, lejos de mermar, creció.

El día de ayer se subió a la web un artículo que indaga en la temática de la actual prominencia de la producción de música física en general, pero en este artículo nos abocaremos a una vertiente en particular. Por caso, el blues, un género que en el país no es masivo, pero que creció exponencialmente, editó, en los últimos cinco años, más discos que en los cuarenta y seis anteriores si tomamos como línea de partida el debut discográfico de Manal, en 1970. Muchos de los artistas consagrados siguen grabando: La Mississippi, Miguel Botafogo, Cristina Dall, Ciro Fogliatta, Cristina Aguayo, Alambre Gonzalez, Fernando Goin, entre otros. Pero, sobre todo las nuevas generaciones, presentan casi un disco mensual, promedio. No sólo impresiona la cifra, sólo superada en cantidad por Estados Unidos y Gran Bretaña, sino, el hecho de que casi todo este trabajo se hace de manera independiente lo cual, de ninguna manera, significa que las ventas sean menores o despreciables comparando, incluso, con ediciones de artistas reconocidos de otros géneros.
Entre las nuevas obras, algunos llaman la atención por su calidad y proyección internacional contando, incluso, con la participación, como invitados, de leyendas del Blues. César Valdomir (Working for the Blues); Flor Horita (Back to my Soul); Daniel Devita (Southside Blues); 50 Negras (Sed de Blues); Sol Bassa (Dedos Negros); The Boulevard Gospel Singers (Por los Caminos del Gospel); Tana Spinelli (Big Road Blues), Osvaldo Ferrer (Blues), Dario Soto (I Came From the South), Daniel Raffo (Raffo Blues), José Luis Pardo (Trece Formas de Limpiar una Sartén), Easy Babies (Tipos Raros); Lou Hernández (Blue), Sol Cabrera (Recién Empieza) y una enorme cantidad de otros CD del interior como el de Mario Elena, Semilla Negra, Pol Castillo, Rula, Damián Duflós, Mo’ Blues, La Lady Blue o Yergue la Oreja.
Como se puede apreciar, la lista es larga y no se trata de hacer una simple enumeración sino de exponer, sintéticamente, la realidad de un género que logró crecer y construir una escena a nivel local e internacional sin depender del circuito de producción habitual.
Para quienes están inmersos en el mundo del blues estos datos resultarán conocidos, a los que se suman Jams, Concursos Nacionales, Escuela de Blues, edición de libros y una veintena de músicos que giran por el mundo en los grandes festivales, entre otras cosas. Para aquellos que no conocen esta realidad, este artículo es una buena oportunidad para investigar a los artistas a través de las redes, elegir el favorito y sumarse a la lista de los miles de compradores de discos que hacen del blues una de las músicas más consumidas del momento.