Lucha social, percusión frenética, y una figura poco reconocida en un continente poco reconocido.

Nos hemos olvidado de la hermosa África cuando hablamos del rock. Conocemos unas docenas de músicos ingleses y estadounidenses, unos cuantos de Europa, varios más en toda Latinoamérica, un puñado proveniente de Oceanía o el caribe, y otros tantos del Japón, China, Corea y el resto de Asia. No es joda, que de hasta Islandia nos aparecen nombres. ¿En quién pensamos cuando pensamos en África? Y no vale Die Antwoord. Yo por mi parte puedo nombrar a Fela Anikulapo Kuti.

¿Y quien fue Fela Kuti? El rockero más grande que ha tenido Nigeria y uno de los mejores que hayan nacido en el continente africano entero. Además, uno de los más carismáticos, revolucionarios y curtidos que el mundo ha podido ver. Si sabes de quien hablo, vos sos de los míos. Pero si, como la mayoría de la gente, el nombre no te remite a nada, dejame introducirte al loco mambo de Fela Kuti y el dinamitante género al que dio luz: el Afrobeat.

Todo comienza en el vasto país de Nigeria, en una familia culta -sinónimo de acceso a la educación- liderada por dos padres muy particulares, una luchadora feminista revolucionaria y un clérigo religioso que instaba por la unión de los pueblos del África. Era la fusión necesaria para crear un ídolo popular. Fela Ransome Kuti. Pero Fela era lento en la escuela, y no fue hasta pasados los 18 que decidió meterse en la música. Fela no era Mozart, no era un genio innato, pero era astuto y tenía mucho valor. Y cuando viajó a Estados Unidos se puso peor.

Digamos que los últimos años de los sesenta fueron muy convulsos. Y en la tierra de la democracia y Mickey Mouse los negros alzaban sus manos clamando por sus derechos. Estoy hablando de los mismos Black Panthers. Ahí fue donde Fela leyó a Malcom X, y sus ideas cambiaron, se ordenaron. Se despojó del nombre Ransome, porque era un apellido de esclavo: ahora sería llamado Anikulapo, “el que lleva la muerte en su bolsillo”. Encontró también un objetivo: denunciar la desigualdad a la que estaba sometida África y su gente, gritar sobre los gobiernos que no hacían otra cosa que aumentar la brecha social, políticos corruptos que malgastaban el dinero público a sus anchas, manteniendo al pueblo callado bajo los palos de la policía y el poder militar.

Eso mismo pasaba en Nigeria, que se había topado con enormes pozos petrolíferos y pasaba a ser uno de los más ricos países de la región. Pero la gente seguía pobre y todavía estaban enterrando los muertos de una guerra civil. Gobierno militar de facto y todo el paquete para destruir una nación. Faltaba organización, faltaba información, y eso fue lo que trajo Fela Kuti cuando aterrizó en Lagos. Primero, abrió un bar que se convirtió en referencia cultural del under nigeriano, el African Shrine, lugar que llegó a ser visitado por Paul McCartney, los músicos de James Brown, o Ginger Baker, el batero de Cream con el que sacó el disco Live!. Allí la banda de Fela, Africa ‘70, tocaba varios días a la semana, con una temática específica para cada día: uno, por ejemplo, dedicado a hablar sobre las desigualdades sociales. La gente iba y les presentaba sus problemas, compartían sus opiniones en el medio del show, y por cosas como esas la policía empezó a hacer redadas.

Dice la leyenda que Fela caía preso por cada disco que sacaba. Wikipedia, por otro lado, nos dice que sacó 77 discos a lo largo de su vida. La realidad es que estuvo más veces entrando en la comisaría de lo que una persona de su gremio está acostumbrada, y si algo no dudamos es que los uniformados nigerianos no tenían ningún problema en moler a palos a cualquiera.  Pero aunque le rompieran los huesos y lo hostigaran hasta el cansancio él seguía ahí, poniendo todo en el escenario, tocando el saxo, el piano, la trompeta o el tambor que tuviera enfrente.

Su fuerza fue tal que levantó murallas a su casa y la proclamó la República de Kalakuta, una comuna que buscaba ser un terreno independiente de Nigeria. Ayudó a cientos de familias, encontrando oficios para poder salir de las violentas calles que se empezaban a llenar de drogas. A Kalakuta llevó su educación, libros de pensadores negros y otros ideólogos radicales con los que predicó una filosofía para reivindicar la cultura y tradición africana. Todos en el barrio lo respetaban y para la ciudad era un referente social, pero una tragedia ocurrió después de lanzar Zombie, su trabajo más famoso.

 

“El Zombie no se mueve, a menos que le ordenes que se mueva 

El Zombie no se detiene, a menos que le ordenes que se detenga

El Zombie no gira, a menos que le ordenes que se gire

El Zombie no piensa a menos que le ordenes que piense”

 

Con un estribillo picante y un sonido rabioso, el tema apuntaba directamente al poder militar. El zombie fue una metáfora del soldado que todos lograron entender, porque Fela cantaba no solo en inglés, sino también en pidgin, una lengua muy utilizada en la región. Era 1977 y mientras en el mercado de la ciudad sonaba ‘Zombie’, porque en la radio estaba prohibida, la República de Kalakuta era tomada por asalto. Cientos de soldados irrumpieron con palos, gases lacrimógenos y ganas de romper. La casa comenzó a arder, la madre de Fela fue tomada y llevada al segundo piso. La arrojaron por una ventana. Funmilayo Ransome-Kuti tenía 77 años, fue la primer mujer en su país en manejar un auto y una de las más grandes activistas del feminismo africano. Murió luego de ocho semanas de estar en coma. Entonces su hijo, todavía lastimado y lleno de rabia, hizo el cortejo fúnebre hasta los barracones militares como forma de denunciar el asesinato. Y lo volvieron a moler a palos. Pero no importaba ya, su próximo paso era la carrera presidencial.Voy a ir directo al grano: no lo logró. En el medio su banda-orquesta África ‘70 se transformó en Egipt ‘80. El afrobeat mutó, pero no perdió nada de su magia. Fela, además de gran líder se había convertido en un músico exquisito.

El afrobeat se compone de una melodía que se repite como un loop eterno sobre una base de diferentes percusiones, y sus temas pueden durar veinte o treinta minutos. El efecto en el cuerpo es tribal, haciendo imposible no moverse. Los arreglos de los instrumentos, que varían en su volumen y entran y salen como si fuera una pista de baile, le dan al tema matices del soul, el funky y el jazz. Con Fela Kuti tenemos además su voz imponente lanzando frases que pocas veces entendemos, ya sea en pidgin o en inglés, pero que por alguna razón nos hacen sentir a gusto. El afrobeat es un viaje de ida.

El mayor rockero del continente grande se fue un 2 de agosto de 1997 producto de una complicación con el VIH. Cerca de un millón de personas asistieron a su funeral, que sucedió en el African Shrine, donde descansan sus restos. Con él se iba el uno de los mayores luchadores sociales que tuvo el rock. Un pionero de la contracultura, un transgresor como los hay pocos. Un buen hombre.

Hoy, a casi veinte años de su despedida, la música de él sigue viva a través de sus dos hijos, Seun y Femi Kuti, que son fieles al afrobeat, tocando con veteranos músicos que acompañaron a su padre. Sobre el legado de sus ideas parece que estamos faltos de un héroe que nos saque a bailar y a luchar contra el sistema con la misma facilidad. Tal vez ya no tenemos músicos como Fela, pero acá estamos, hablando de él, de la lucha que dio, y del ejemplo que es para todo el rock, así que puede que ese héroe no esté muy lejos.
Podemos empezar con pensar por nosotros mismos y no dejar convertirnos en un Zombie. Fela estaría de acuerdo.