Nahuel Bronzini es ingeniero de sonido y productor musical. Creció en Argentina, trabaja en EE.UU. y hace poco ganó un Grammy por el disco Please Don’t Be Dead. Hablamos del disco, los premios y qué hace a una buena producción, además de tirar un par de postas en una charla distendida.

Fotos: Cortesía Nahuel Bronzini

Si pensamos en los Grammy, la primera referencia es la de Homero Simpson desechándolo, así que resulta totalmente cholulo empezar este artículo mencionando que el entrevistado ganó uno de ellos. Pero fue pura coincidencia: para nosotros, Please Don’t be Dead de Fantastic Negrito fue el mejor disco del año 2018 y cuando nos enteramos que había un compatriota involucrado, lo contactamos. Después, el tiempo hizo lo suyo.

Nahuel Bronzini: ¡No me acordaba de esa escena de los Simpsons! (Risas) Creo que es una cuestión de percepción: mis pares y colegas lo ven como un logro. No necesariamente un logro a la excelencia técnica ni artística, porque hacer bien tu laburo es lo mínimo e indispensable, si no quizás a haber navegado los caminos de la industria, a seguir dándole para adelante, trabajando por mucho menos de lo que uno se propone… la verdad, todo lleva más tiempo de lo esperado y, al final, uno hace esto porque lo ama y quiere lograr el mejor resultado posible en cada proyecto; porque estar en el lugar adecuado en el momento indicado muchas veces implica haber estado muy cerca durante un tiempo.
En lo personal, es como un empujoncito de aliento que ayuda a poner en la balanza los sacrificios de estar lejos de tu lugar de origen, tener el corazón dividido, pero al mismo tiempo saber que las semillas plantadas por años no han sido en vano.

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I didn’t want to get too excited before anything happened….but here is a video of the moment it actually did happen… I am still processing this craziness! Yesterday night WE WON A GRAMMY for @fantasticnegrito ‘s album “Please Don’t Be Dead”… I am so grateful for this opportunity and for the experience of having recorded this album and also done some of the the mixing. Wow, thank you so so much for bringing me to this incredible project, @the_chileansensation , and thank you @dphrepaulezz for the trust and allowing me to become a piece of this work. It’s been a really cool journey so far, and we are already getting ready to release new music… This just wants me to get better and better at my craft and is a big encouragement to keep doing what I love. I am so thankful! Thank you to the whole team at the @fantasticnegrito project and Blackball Universe. I love making music in the Bay Area, let’s keep doing this! So much talent in the Bay… #grammywinner #recordingengineer #mixingengineer #musicproducer #musicproduction #bayareamusic #musicaargentina #produccionmusical #grammyweek #airshiplaboratories #contemporaryblues #bestcontemporarybluesalbum #61stgrammyawards

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Nahuel se fue a los EE.UU. a los 21 años sin saber qué le depararía, así que podría ponerse en términos de aventura. Pero no iba sin bagaje: estudió música clásica de conservatorio durante el secundario, ingeniería de sonido en la Universidad Nacional Tres de Febrero y música popular en la Escuela de Música Contemporánea. Luego de aplicar para carreras de composición de jazz en Berklee y Ohio, se decidió por estudiar música clásica en San Francisco.

NB: Después la vida me fue llevando y tres años se convirtieron en cuatro, y así. Y cuando te querés acordar, sos parte de una comunidad en un lugar nuevo, de una red de conexiones y relaciones que te hacen pertenecer. La verdad es que la aventura fue bastante «orgánica», digamos, ya que está tan de moda esa palabra.

¿Cómo llegaste a trabajar en Please Don’t Be Dead?
NB: La verdad es que Xavier [N. del E.: Xavier es Fantastic Negrito] no me conocía cuando me llamaron para trabajar en el disco. El que me llevó fue Tomás Salcedo, su guitarrista del grupo en las giras y mano derecha en el proyecto. El tema es que Xavier básicamente quería a alguien que ayudara a armar todos sus collages en Pro Tools, a grabar sus voces, el Hammond que tiene en una sala y las guitarras que hicieran falta. Para mí fue un todo un proceso, ya que estoy acostumbrado a tomar las riendas y encargarme de proyectos integralmente: contratar músicos, tocar varios instrumentos, hacer arreglos, grabar, mezclar, etc. Les resuelvo muchas cosas juntas. O sea, ¡es por eso que la gente me llama!

– ¿Y pudiste armarte un lugar más acorde a como trabajás?
NB: Yo sabía que iba a tomar tiempo para que nos conociéramos y viera qué tipo de laburo hago. Las primeras sesiones fueron más de conocernos y sentir la energía del otro para ir estableciendo la relación profesional que iba a darse, mientras Xavier iba descubriendo de a poco mi experiencia y qué cosas podía aportar al proyecto. Al par de sesiones ya nos acercamos bastante y terminé siendo su aliado para elegir tomas, sentarnos a escuchar el disco y decidir qué cosas mutear, crear texturas y loops de batería que funcionaran, inventar alguna cadena de efectos para lograr una transición y dirigir las sesiones con una cellista invitada en el disco. Eso fue otra sorpresa: Xavier no sabía que me dedico a hacer arreglos de cuerdas. Como me fui involucrando progresivamente en el disco, finalmente terminé mezclando dos de los temas, ‘The Duffler’ y ‘Never Give Up’, y armando todas las mezclas de referencia antes de mandarle el material a Matt Winegar, el tipo que mezcló el primer disco de Primus y también el anterior de Fantastic Negrito, para que mezclara el resto de los temas.  Ahora en 2019 acabo de mezclar un nuevo tema de Fantastic: un remake de The Last Days of Oakland, con Gaby Moreno de Guatemala como artista invitada.

 

Una de las especialidades de Nahuel son los arreglos de cuerdas y aún hoy sigue ejerciendo ese oficio. La cellista invitada era Mia Pixley (de nombre artístico Baeilou), quien después de conocerlo en las grabaciones de Please… lo llamó a mezclar su disco solista Inside Under. “Un disco hermoso con un sonido entre crudo y sobrenatural, como suelo decir en inglés (Risas)” dice Nahuel. Difícil discutirle: el disco derrocha buen gusto, con groove por todos lados.

Inside Under – EP by Baeilou

NB: Con Mía estamos por terminar la producción de un tema que compusimos juntos, donde me ocupo de guitarras, armonías, riffs y las texturas, mientras que ella se ocupó de las melodías, letra y líneas de cello.

– ¿Solo ustedes dos?
NB: No, es un proyecto con más colaboradores. Aaron Kruziki toca sintetizadores, McKay Garner la batería y Mani Draper está armando las partes de rap. Este primer single que estamos por sacar va a ser en conjunto con Andrés Mayo, en un proyecto de audio en 360 que está desarrollando… Así que viene con un gustito especial, ya que una parte se va  a realizar en Argentina.

No es lo único en lo que está trabajando: Nahuel también participó en un disco de Aaron Gibson, bajista y cantautor que reside en Oregon.

Horror Films and Sunday School (featuring Nahuel Bronzini) by Aaron Gibson

NB: Aaron toca bajo eléctrico con un estilo muy personal, por momentos rasgueado y por otros con ritmos que suenan casi a folklore argentino, ¡Pero sin que él fuera consciente! El disco se llama Horror Films and Sunday School, donde arreglé un cuarteto de cuerdas para 5 de los temas y toqué guitarra y piano en otros dos. También fui co-productor del disco e ingeniero de grabación y mezcla. Fue uno de esos proyectos donde el sentido de colaboración fue creciendo a medida que avanzaba nuestra relación y me involucraba cada vez más. Es un disco realmente muy especial para mí.

Menciona a Yuri Liberzón, virtuoso guitarrista con quien colaborará por tercera vez en un disco con adaptaciones de Bach y a varias bandas de la zona que está mezclando actualmente. Se le escapa el nombre de la remake que están haciendo Fantastic Negrito y Gaby Moreno (que se encuentra a días de ser publicada) y aprovechamos el desliz para volver al tema que nos convoca.

– Volvamos a Please Don’t Be Dead. Parece haber sido un desafío, aunque no en el uso tradicional de la palabra…
NB: La verdad es que fue la primera vez que tenía la oportunidad de trabajar en el disco de un artista con este nivel de reconocimiento actual. Xavier no será famoso como Adele o estrellas pop por el estilo, pero para la escena musical local del Bay Area es uno de los referentes más grandes hoy en día. Hacía unos años yo venía trabajando con D’Wayne Wiggins de Tony Toni Toné!, haciendo arreglos de cuerdas y tocando en vivo: el tipo es una leyenda por acá y con mucho más éxito y trayectoria que Fantastic Negrito… pero lo cierto es que al haber ganado un Grammy en 2016 y con una gira por EEUU junto a Chris Cornell, había mucha expectativa por la respuesta al disco anterior.

Bueno, en ese sentido me parece muy acertado el término respuesta a las diferencias con The Last Days of Oakland. Me sorprendió la mixtura sonora entre blues pre-guerra o gospel con tintes vanguardistas al estilo Nine Inch Nails. Puede que esté delirando, ¡pero quisiera saber si fue premeditado o se dio por casualidad!
NB: Sí, es una mezcla de raíces de música tipo delta blues bien tradicional, con sonidos que podrían venir de un disco de Hip Hop de por estos años… ponele. No es un disco con un sonido súper pulido, pero Xavier se encarga de que no le falte onda.
A ver, ese sonido fue parte buscado y parte consecuencia de las limitaciones del presupuesto de producción. Como nunca había trabajado con Xavier antes, me tomó un poco de tiempo ver de qué se trataba lo que querían hacer. Pero luego de un par de sesiones y de cómo marcaba el rumbo, estaba claro que era un disco de collage. Eso hizo que las sesiones sean densas y con muchas capas. Había baterías reales de sesiones de los ’90, tiempo donde Xavier vivía en L.A., con sesiones en Pro Tools de otros temas o simplemente como grooves posibles para el futuro. Entonces la tarea fue armar un rompecabezas gigante con pedacitos de todos lados, hasta Apple-Loops, baterías multicanal colapsadas a un stereo y pasadas por elastic audio para estirarlas o contraerlas al tempo adecuado, samples de baterías electrónicas combinados con palmas grabadas en la sala; el Hammond y Leslie de la sala con unas válvulas bastante viejas, doblado con Hammond de librerías virtuales… Y así.
Encima, la mayoría de las guitarras eléctricas que se escuchan, en especial las más bluseras  y rockeras, fueron tocadas en Japón y enviadas a distancia para que después nosotros cortemos, elijamos, y «frankesteinemos» a más no poder… (Risas)
Un detalle importante: no hay una gota de corrección de afinación en las voces. Y la mayoría de las voces que se escuchan las puso él mismo, incluyendo los coros.

Pienso en Geoff Emmerich, ingeniero de sonido de los Beatles pero que en el fondo obró de productor en muchos temas ¿Pasó algo de ese estilo en el disco?
NB: Sí, aquí pasó algo parecido en el sentido de que hubo mucha mano en todo lo que se escucha. Y cuánto más nos fuimos conociendo, más se me fue confiando en la toma de decisiones relacionadas a armar los retazos de un solo, elegir y armar las tomas adecuadas de bajo, encontrar la combinación de samples y capas que nos diera el timbre adecuado para cierta sección o sugerir cierta idea musical dentro de lo que estuviéramos haciendo. Xavier tiene muy claro qué es lo que quiere escuchar, él es el productor y siempre tiene la decisión final, pero en el proceso del disco siempre estuvo abierto a mis sugerencias o ideas. Este no es uno de esos casos dónde «la banda necesita que la produzcan porque si no la cosa no suena»: definitivamente no. El hecho de que yo, en líneas generales de trabajo, siempre haga producción, terminó siendo una adición al proyecto: pero recordemos que esa no fue la razón por la cual me llamaron. Yo diría que tomé roles de tipo de producción porque es lo que más disfruto, y siempre trato de aportar por ese lado sin ser «el productor” del disco. Es una diferencia importante.

– Pareciera que el gran protagonista de todo lo que mencionás son las relaciones y las energías. ¿Es eso lo que hace a un buen trabajo de producción?
NB: Es que para mí el trabajo que implica hacer discos, sea como productor o ingeniero, cuando se trabaja de uno a uno, es generar esa energía especial. Hay una cierta cuestión psicológica que va más allá de la música que es simplemente una relación humana: si eso no está, todo lo demás no importa.
Ahora, “cómo hacer un buen trabajo de producción” es algo tan difícil y amplio como la cantidad y variedad de situaciones posibles, que son muchísimas, y al mismo tiempo es sencillo, creo. Para mí el verdadero desafío es tener la intuición para detectar cuándo y cuánto es necesario intervenir. A veces es sólo reconocer que lo que está hecho ya es suficiente y cierra musicalmente. Sobre todo hoy en día, con la cantidad de herramientas y posibilidades al alcance de un click, me parece que lo más importante es el desarrollar conceptos y tener buenas razones para hacer: hacer por solo el hecho de hacer, es fácil.

¿Creés que estudiar música previamente fue de ayuda?
NB: En mi caso, creo que me ha ayudado mucho y aún hoy me ayuda en el día a día. De tocar cosas folklóricas, a un poquito de jazz, pop y luego volver a estudiar música clásica en San Francisco, fue un pantallazo de muchos colores y recursos técnicos que siempre vienen bárbaro para identificar qué es lo que ocurre en cierto “hecho musical”, cómo alterarlo o aumentarlo para lograr el resultado adecuado y cómo comunicarlo a otros músicos para que pueda ser tocado. La comunicación puede darse por muchos medios: una partitura, una parte tipo «lead-sheet», cifrado con melodía o bien una indicación verbal… pero creo que a la hora de llegar a un resultado, no importa el cómo, si no lográs llegar a puerto.

– Voy un paso más allá: ¿lo considerás indispensable?
NB: No, para nada… hay un sinfín de productores y músicos que no tienen formación académica haciendo música y producciones alucinantes: está todo en la cabeza, el oído y el corazón.
De lo que sí estoy convencido, es que la técnica y formación facilitan llegar a ciertos resultados de manera mucho más ágil y rápida. Por ejemplo, saber leer y escribir partituras me ha sumado un montón; ni hablar el tener experiencia haciendo arreglos para instrumentos de cámara y haber escuchado y analizado música de distinto tipo, desde sinfonías, cuartetos de cuerdas, temas de jazz, solos y canciones pop, donde muchas estructuras, inclusive clásicas, se ven repetidas… es una cantidad de acuarelas y colores que tenés listos para pintar en cualquier momento.

Hablamos de música un rato más, de su amor por El Cuchi Leguizamón y El Dúo Salteño así como de El Amor Después del Amor o Pelusón of Milk; de cómo sigue la carrera de sus compas de The String Quartet Experience, Ayelén Secches y Tomás Latorre; de Eruca Sativa, Nahuel Pennisi y Jorge Drexler. Todavía sigue en contacto con el mundo musical argentino.

NB: Hay muchísima gente talentosa allá. Tengo muchas ganas de producir discos en Argentina: lo voy palpitando, creo que pronto se alinearán todas las cosas para que se arme

– La pregunta de rigor es, por supuesto, si extrañás algo de acá…
NB: Cuando me hacen esa pregunta, es difícil descifrar la respuesta exacta. Sí, desde ya que extraño… aunque a veces no sepa exactamente qué cosas extraño. Pensá que viví casi un tercio de mi vida aquí y hay cosas que uno va incorporando; te amalgamás a otra cultura o quizás creás una nueva, con los pedacitos de cultura de toda la gente que vas conociendo… es un proceso muy interesante. Lo que indiscutiblemente extraño son los afectos, la familia, y la gente que me encantaría poder ver en el día a día de Argentina. Eso es lo más duro del desarraigo. No me llevé ningún “amuleto”, pero sí tengo un mate de calabaza que me regaló un amigo argentino músico que conocí acá y es algo que me acompaña cada día, en cada estudio, y sesión… quienes trabajan conmigo saben que no puede faltar.

– Mientras esperamos a que vengas… ¿te felicito por el Grammy?
NB: (Risas) Creo que la idea que uno debe adoptar es la de que un premio es sólo eso, un premio o a lo sumo un trofeo. Es como un título universitario o algo por el estilo: en sí mismo, no corrobora nada. Cada uno sabe dónde está parado… o más o menos cree saberlo. Todos estamos en un camino quién sabe hacia dónde, y no creo que haya pista de aterrizaje. Mozart y otros pocos genios quizás si la encontraron, pero, para el resto de los mortales, se trata de seguir aprendiendo todo el tiempo y hacer cosas que salgan con honestidad y autenticidad. Y eso me parece que va en cada pedacito de arte que uno haga.