¿Cómo llega a nosotros el mensaje musical? ¿Es mérito de nuestra capacidad auditiva únicamente, o así como quien precisa del salvador traductor de google para entender una letra de un tema en inglés, también necesitamos un traductor para poder comprender ese lenguaje complejo que es la música?

La música encuentra en el sonido su signo constitutivo, en él coexisten diversos significados similares y contradictorios, por lo cual el mensaje musical puede ser infinitos mensajes, y de eso trata la complejidad hermosa que nos atrae. Existen tantos mensajes en un signo como oyentes del signo existan.

Entonces para nosotros es muy sencillo… Subimos a los músicos a un escenario y listo: ¡Toquen! ¡Pum! Nubecita y aparece el mensaje sonoro. No, bancá. ¿No te percataste de que tus amigos músicos hablan un idioma que vos no entendés? Como músico ¿no te pasa que le decís algo a un no-músico y te mira como si hubieses hablado en una variedad de anglo-normando de la edad media? Es que sí, loco, son indescifrables. Y así como cualquier vínculo entre dos personas que no pueden entenderse está destinado al fracaso, en cualquier circunstancia de comunicación sonora (que aquí comprenderemos como evento musical, show, recital, tocada, zapada, etc..) si no nos entendemos con los músicos y ellos no nos entienden a nosotros, vamos para atrás. No hay conexión, no hay disfrute, no podemos recepcionar ese mensaje que constituye la puesta escena musical de una forma amena, y se frustra el objetivo principal de cualquier hecho cultural: la transmisión y la expresión pura de la pasión.

La semiótica del sonido, interesante disciplina en la que me he sumergido para encarar este artículo, define esta multiplicidad de significados que guarda el mensaje musical como “Ideas Musicales”, intraducibles a conceptos no sonoros y portadoras de significaciones sociales que circulan, nutren y constituyen nuestra cultura. ¡Ojo! Siempre hablando del sonido en las circunstancias en las que podemos considerarlo un mensaje.

En este proceso difícil y hermoso que implica disponer nuestros oídos a la experiencia musical, ya sea en vivo o con un material grabado, es indispensable como traductor y guía, la figura del sonidista como transmisor y comunicador del proyecto artístico.  Sí, ese ser marginado, que vive en las sombras y el humo, es la pieza fundamental para que florezca el amor entre los músicos y el resto de los mortales. Atrás de los cables y la consola hay un artista maravilloso, que trabaja casi de manera imperceptible para quien no se detiene a mirar, y que tiene el poder de lograr una comunicación exitosa y placentera. O todo lo contrario.

¿Seguís pensando que el sonidista es un factor invariable? Mirate un par de recitales de Charly del año 2001 o 2002 y decime si no te parece fundamental el arte del sonidista.

El sonidista diseña y crea todo el universo sonoro de un espectáculo público en términos de técnica, ambientación, atmósfera y variantes psicológicas. Su puesta en escena posee una creación en dirección doble, arriba y abajo del escenario, en complicidad con los músicos por un lado, y por el otro con el público.

Es una figura tan infinita como el signo con el que trabaja, y por eso tan determinante. Comprende el hecho musical en su totalidad, lo atraviesa y articula: los sonidos, las imágenes, las ideas, las respuestas corporales. En él se gesta  la fusión de algo que pocas veces se piensa posible: el arte y la técnica.

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Estamos frente a una dualidad interesantísima. Deben coexistir en este personaje una parte artística que lo haga jugar de intérprete para poder  captar y tratar la producción.; saber escuchar para poder narrar las características de la propuesta artística; proponer una lectura, una disposición de recursos materiales y humanos. Y otra parte relacionada al conocimiento específico que se necesita para saber operar sonido y que tiene que ver con un conocimiento más técnico o referido a las ciencias duras: electricidad, física, acústica, etc. También existe una propiedad importantísima para el sonidista y es la capacidad de adaptación: cada escenario, cada banda, y cada público es distinto de otro, por lo que el trabajo está limitado respecto del material con el que se trabaja y el espacio de realización. Entonces vamos a ver el talento desplegado en la medida en la que el sonidista pueda articular todas estas condiciones para lograr un sonido óptimo, y por lo tanto un mensaje transmitido exitosamente.

¿Cómo se anticipa a todas estas variables? Con la famosa prueba de sonido. Es vital para cualquier espectáculo, porque mas allá de que sea arte hablamos de un evento programado con un objetivo: transmitir determinadas sensaciones en el marco de muchas cuestiones que no son naturales sino que son programadas. Cuanto más complejo es el evento más incidencia tiene la prueba, es una coordinación de variables. Cuantas más variables tenés más tiempo se necesita para que se encausen en la forma deseada.

En la prueba de sonido lo que se busca en primer lugar es que el artista se sienta cómodo, y eso lleva un proceso; al mismo tiempo que sea viable transmitir lo que se busca transmitir. Paralelamente a esto y más allá de las capacidades del operador es importante contar con el material adecuado y el espacio propicio. Aquello implica también un conocimiento y un trabajo previo que permita optimizar la prueba de sonido.

Por eso acá somos fundamentalistas de la prueba de sonido: si sos músico, querés caer al evento y subirte sin haber tocado ni un micrófono, quiero decirte que no nos caes bien. Si sos espectador y ansioso, protestás por la prueba de sonido y te infiltrás, tampoco nos caes bien, y si sos sonidista y no haces prueba no sé cómo nos caes, pero sí sé que tenés que empezar a  implementarla porque además de constituir el momento de despliegue técnico, la prueba es una instancia de socialización, de conocimiento, de construcción. El momento en el que sonidista y músico empiezan a hablar el mismo idioma y entonces flotan ideas musicales y expectativas por todos lados. Si tenés la posibilidad de presenciar una prueba, aunque no entiendas ninguna palabra o movimiento que allí suceda, vas a darte cuenta de que es el momento previo a que algo grande ocurra. Se siente.

Yo lo vivencié, fui testigo y todavía me lo acuerdo como panorámica de paisaje: dos personas, músico y sonidista, en un salón. El sonidista con hoja y lápiz en una mano y la otra agarrándose la cabeza, sonrisa en el rostro. El músico sentado al lado, birra en mano mirando el escenario, proyectando ubicaciones, planteando necesidades, disfrutando nervioso. Del otro lado de la puerta todo es expectativa, ansiedad. El sonidista baja la mano de la cabeza y la deposita en la espalda del músico, que le convida un trago de birra.

Ya estaba todo dicho, la comunicación era un éxito y en mi cabeza sonaba, quemándome la bocha «Love is in the air…».

Texto: Leticia Fernández

Corrección: Belén de la Paz Sobral