Hay cada vez más ciclos o festivales y menos shows individuales. A primera vista parece simpático, pues se puede ver más de una banda. ¿Cuáles son los peligros de esta tendencia?

Para los habitués de los bares donde tocan bandas, es común encontrarse con ciclos musicales en lugar de fechas individuales. Hace unos meses, se planteó en un informe para este medio la incertidumbre de si este boom festivalero que protagoniza la escena musical de los últimos años viene a desplazar a los recitales independientes. Hoy lo explican algunos referentes de este fenómeno.

Claudio Di Domenico es el creador de Bren-Prod, una productora de ciclos musicales, en los que se destacan CDD Stoner Fest, la Misa del Caos, MonstoneR y Evitando el Ablande. Él interioriza sobre cómo inicia sus propuestas: “Armar un evento es una tarea que lleva bastante tiempo. Implica tener en cuenta varios factores, como qué se busca como producto final a ofrecer. Se evalúa la posible convocatoria y, en función de esto, se ve cuál es el mejor lugar para realizar el show”. Y añade: “Este punto también puede realizarse inversamente, seleccionando el lugar y después las bandas acordes. Hay que considerar con qué cuenta el lugar -sonido, backline, etc-. Un factor primordial, al menos para mí, es que la fecha les sirva a todas las partes que la conforman: músicos, público, productor, local. Cada uno sabe cuál es su ganancia”.

Un punto muy importante en estos momentos es la parte económica del asunto. ¿El ciclo afecta de forma positiva a los grupos? Una de las cabezas de la productora Elvis Attack es Nicolás Castro, que cuenta con más de 20 ciclos organizados por él; explica que es diferente el monto que paga la productora a la hora de contratar un lugar para los músicos a que si van estos a negociarlo, y agrega que cree que es por la confianza que tiene el lugar para con su nombre y por la cantidad de eventos realizados allí. Se ve a sí mismo como un intermediario facilitador. Destaca que hay lugares en los que es normal negociar los precios, pero depende de los encargados y la propuesta musical. Así también, Claudio suma su experiencia al respecto: “Habitualmente, la productora puede tener un beneficio porque quizás hace base en un local y, a partir de un ciclo, generar varias fechas. He negociado algo cuando tengo la certeza de que la noche va a funcionar y a todos nos va a rendir. Los costos de los locales varían según la zona, la disponibilidad o la preferencia del público. Prefiero ingeniármelas en ver cómo idear la mejor grilla para cubrir todos los gastos antes que ‘pelear’ el precio”.

Al hablar de ciclos en la noche porteña, es imposible que no aparezca en la mente El Emergente Bar, ya sea la sede de Almagro o de Abasto. Este local siempre se destacó por el gran abanico de propuestas de este tipo de festivales. Por este motivo, se consultó a Hugo Szmoisz, uno de los encargados de dicho lugar, y así explica la importancia de este fenómeno: “Los ciclos son básicamente como la columna vertebral del Emergente. Soy un convencido de que esto termina dando un respaldo de bisagra y de contención, más que nada en el under. La banda está empezando, desarrollándose y necesita llegar a nuevos públicos. Estos festivales tienen cierta identidad, ciertos conceptos y estéticas que hacen que se nucleen dentro de la misma propuesta”. Y diferencia: “Sino, como pasaba antes, que tocaba una banda, entraba su público, y cuando terminaba se iban. Sonaba la siguiente y lo mismo. Intenté desde el Emergente darle una vuelta de rosca: que haya mucha pluralidad y flujo de artistas y no echar a la gente”. Y comprende que “es necesario para ambas partes, tanto del lado del público y del lado del músico, que se nucleen bajo un mismo concepto al cual se sienten identificados. Así, los artistas se van conociendo, compartiendo y generando propuestas nuevas como también el público”.

«Quienes organizan estos eventos deben hacerlo con el cuidado y la curaduría correspondientes a fin de que los artistas tengan sentido dentro del marco de interacciones ofrecido. Y esto puede pasar en un Lollapalooza o en un ciclo local.»

Respecto a la incertidumbre de que los ciclos llegaron para matar a los recitales individuales, Claudio expresa que hay una gran cantidad de bandas que encuentran en ellos la solución a todo lo referente a la organización de la fecha y las responsabilidades que trae consigo. Para muchos grupos, la popularidad de un “festival” es el marco ideal para mostrarse. Y suma que: “Aun así, hay una gran cantidad de músicos que prefieren autogestionarse y producir sus shows”. Mientras que Nicolás aclara un poco estas dudas: “Los ciclos o festivales convocan más. Al menos en el indie, no así en otros rubros musicales. Son modas, momentos”. Y resalta que lo que faltan son más festivales medianos y apoyo de los medios y empresas. Asimismo, Hugo, desde sus años de experiencia, aporta: “Hoy hay más ciclos que recitales individuales, porque me parece que es una tendencia. Mismo, hay muchas bandas que tienen sus propios ciclos. La mayoría de los eventos externos que tenemos son de bandas, aunque a veces no toquen ellos. Se necesitan más producciones, pero bien hechas, de manera consciente”.

Quizá, lo que se está viviendo sea apenas una tendencia, pero es una tendencia que puede ser peligrosa si se cae en abarcar mucho y apretar poco. Por un lado, hay artistas y bandas que no podrían darse a conocer de la misma manera si no fuera por ciclos o festivales que facilitan su exposición pública. Por otro lado, quienes organizan estos eventos deben hacerlo con el cuidado y la curaduría correspondientes a fin de que los artistas tengan sentido dentro del marco de interacciones ofrecido. Y esto puede pasar en un Lollapalooza o en un ciclo local. Las bandas no son un relleno para una fecha, son una expresión que se complementa con un público específico que guarda ciertas características y predisposiciones. Si organizamos una jornada de bandas de blues y bandas de cumbia, bienvenido sea. Pero que por lo menos sea intencional y haya detrás un objetivo, no puede ser porque sí. No nos hagan enojar. A las bandas hay que bancarlas.