Es cuando estamos más al pedo, cuando no entra nadie, cuando no se vende nada que los disqueros comenzamos a atraer-y vaya uno a saber qué oculta lógica responde a este hecho-la más variada y detestable fauna que pulula por las calles.

Ingresan preguntando “¿Cuánto cuestan los discos?”  Pregunta algo tonta, porque no entramos en una carnicería preguntando: “¿Cuánto cuesta la carne?”. Atraídos por las luces y la música y los colores de las tapas de los discos, entran a la disquería como seres sin rumbo, mirando para todos lados, como mesmerizados entran. Otros, con una carga mayor de despiste, creen que la pregunta de más arriba ni siquiera vale la pena la redacción de esta nota. Pero allá ellos…Treinta años en el rubro no dan garantías de que lo que aquí se expone sea verdad, pero vaya usted por ahí y escuche. Preste oído atento y el rumor se hará paulatinamente notorio.


La muestra humana entra rápido como si se estuviera meando. Deja la

puerta abierta y no saluda. Va derecho a cualquier batea. Mira y olvida de

inmediato los discos que sus ágiles dedos van maltratando al pasar.

-¿Te puedo ayudar en algo?

-Chusmeo nomás…Si veo algo te digo…Gracias.

Al rato:

-¡Qué buenos discos! ¡Saladitos, eh, pero muy buenos! Jaaaa… ¡Qué lo

parió! ¿Qué caritos, no?

-Los discos buenos son caros en todo el mundo. Acá también…

-¡¡¡Uhhhh!!!…El primero de Hendrix… Mirá vossss… ¡El primero!…Este yo

lo tenía y…. ¿Pero, viste?… Las mudanzas, los divorcios… Jaaa…La

cuestión es que no lo tengo más. Lo perdí… A ver… Tiene Foxy Lady,

¿no?… ¡Foxy Lady! ¡¡Siiiiiiii!!! ¡¡¡Essssaaaaa!! Hace de Hendrix tocando

una guitarra imaginaria. Pero lástima que no sea Hendrix, lástima que sea

blanco y lástima que también sea tonto.

-¿Tarjetas?

-No. Sólo efectivo…

¡Qué temazo, por dios!… ¡Qué pena que no trabajes con tarjeta, sino me

llevaba todo!….¡Jaaaa!…..Si viene un amigo mío, seguro te compra el de

Jimi. Lo anda buscando hace décadas…Paga lo que le pidan…El no es un

rata como yo… ¡No señor! Mi amigo se conoce todas las disquerías.

Roberto se llama. Es uno grandote, de bigotes, medio panzón….Medio cara

de boludo…Siempre de traje y corbata…Trabaja en un estudio de acá a la

vuelta. Señala para cualquier lado. En un estudio de un abogado amigo del

primo de mi cuñado. Mi cuñado Jaime, el menor ¿viste?…. Seguro que el

Robert viene por acá…

-Jamás lo vi.

-¿Tenés una tarjetita del local? Así paso otro día con más tiempo…


-¿Uds. compran discos? Porque tengo en casa de mi abuela unos discos

hermosos…

-Sí, compramos. Pero nada más que de rock internacional y de rock

argentino. Nada más.

-¿Van a domicilio? Mire que son muchos….

-¿Cuántos?

– Y…A ver, a ver…Serán unos… Diez, más o menos….Tal vez quince….

-¿Por dónde está usted?

-En Jujuy. Pero solo a la noche, tarde… Trabajo todo el día. ¿Vio?.. Vine

ayer a Buenos Aires por un trámite y estoy parando en lo de mi prima.

Entré acá de puro pedo. Me vuelvo el martes. Pero usted puede pasar el

miércoles si quiere…Mire, tengo algunos de Sinatra, dos o tres de los

Chalchaleros, uno de Aldo Monges, ése está sin tapa creo, pero suena

lindo… El primero de King Crimson (ése fue un regalo, una pasada sola

tiene) y también tengo esos que venían en una caja bellísima, que eran de

Selecciones del Reader’s Digest, ¿Se acuerda?: “Música para soñar y hacer

buñuelos” creo que se llamaban… Esos están nuevitos… ¿Cuánto los

pagan?