Es cuando estamos más al pedo, cuando no entra nadie, cuando no se vende nada que los disqueros comenzamos a atraer-y vaya uno a saber qué oculta lógica responde a este hecho-la más variada y detestable fauna que pulula por las calles.

Gentes que en su vida pisarían una disquería, viejos que hace décadas dejaron de escuchar discos y también a sus mujeres. Aburridos caballeros que acodándose en el mostrador desgranan su historia personal que a nadie importa ni les fue pedida, relato matizado de tanto en tanto con anécdotas casi nulas. Son seres grises con abultadas sumas de tiempo para gastar, cansinos en el andar y lentos de reflejos que se transforman en odiados y fastidiosos convidados de piedra.

Situación que se potencia si encima llueve.

Son individuos que entran mirando las paredes y van repitiendo en voz alta los títulos de los libros o los discos que van leyendo al azar. Desenrollan las palabras como fuelle de bandoneón clavado en un calderón musical y parece que le están enseñando a leer a un imbécil: “¡I-r-a-cunnnn-dos!….” “Ellll Eee-t-er-nauuu-ta.”. “¡Rooo-lingg Stoooo….nes!”

Como la mejor táctica para deshacerse de estos plomos es que ingrese un decidido comprador –algo vedado porque estamos en “esos días”- optamos por: a) seguir hablando por teléfono, b) seguir mirando el video que estábamos mirando  c) indicarle que justamente íbamos al baño o a Marruecos que tanto da, porque ni nos oyen.

Y uno, que a ese eterno tiempo blanco y sin ventas le dedica las más variadas maneras de la angustia y que de aburridos dormitamos en la silla, nos viene hambre, nos viene frío, calor, cansancio, se bosteza como un digno ejemplar de hipopótamo africano pensando en un rico chocolate o un cremoso helado. Uno medita lo lindo que sería estar en casa durmiendo o paseando el perro. Es ahí cuando nos vienen también unas ganas tremendas de agarrarlo de una oreja y ponerlo fuera del local como una arrugada bolsa de basura llena.

Alejarlo lo más posible como una indeseada cáscara de banana o como una ex novia vieja, no garantiza que vuelva mañana o pasado mañana, en otro cuerpo, en otra cara, en otro ropaje y alegremente nos diga: “Buenassssss, ¿está abierto?”

-Buenassss, ¿Está abierto? Busco un disco muy raro. No me importa el precio, tampoco si es usado, si es original o si es segunda o tercera edición. Tampoco el formato aunque me gustaría-claro-fuese en long play, ya que soy coleccionista…Pero me da igual…

Hace mucho lo busco y una vez pude comprarlo pero no lo hice por motivos que no vienen al caso. Después olvidé donde lo había visto… Y de esto hace años. Fui un tonto ya que tendría que haberle pedido una tarjeta del local para recordar su dirección pero,..En fin… ¡Uno tiene tantas cosas en la cabeza!… Es un disco del año 1969, el grupo se llama Blind Faith… ¿Se podrá conseguir?

-Lo tengo. Y en muy buen estado. Casi nuevo. Edición inglesa y del 69.Con la tapa original del avioncito…

-¡Andaaa! A ver…Seguro que te confundís de grupo, el que yo busco es imposible, flaco.

Se lo alcanzo.

-Uyyyy!! Siii, es ésteee!!… Debe costar una fortuna pero lo vale. ¡Lo-va-le!

-El disco cuesta novecientos pesos.

-¡Ah, mirá vos! No es tanto… Considerando que es una pieza de colección… ¿Tarjeta tenés?

-Tengo.

-¿Aceptás dólares?

-Acepto.

-¿Hasta que hora tenés abierto hoy?

-Hasta las 8.

-¿Todos los días?

-Si, además el sábado a la tarde también abro…

-Aja…Bien…Supongo que si éste se vende conseguís otro ¿no? O tenés más en el depósito….

-Es el único que tengo. Vos sabés cuanto tiempo te costó encontrarlo.

-Bueno, gracias, por lo menos sé donde está.

Me lo devuelve e intenta irse.

-Deberías hacerte un nudito en el dedo para recordar donde lo viste y no repetir el error que tanto lamentás. ¿Verdad?

-¡Jajajaja! Tenés razón, te-nés ra-zón! Dame una tarjetita…Otro día paso… ¿Abrís los domingos también?

-No. Pero sería mejor que compres una cajita y allí guardes la tarjeta. Tu memoria no es muy buena. Yo le agregaría una cintita roja que se la pondría como un moño para que diferenciaras esa cajita de otras cajitas. La enterraría en el jardín de tu casa, con una piedra grande arriba pintada de color amarillo-limón flúo para recordar el lugar y a esa piedra le agregaría una gran flecha roja que apuntara al suelo con la inscripción “tarjeta” en letras grandes. La Arial tamaño 34 va cómoda, se ve muy bien desde lejos y si la escribís en negrita y le pones sombreado, mejor. Por las noches podés iluminar la flecha con focos de colores por si te vienen ganas de salir de nochecita a buscar el disco y ya está oscuro.

-¿Te parece…tanto lío?

-No creas, la suma de esos ritos es inversamente proporcional a tus ganas de comprar el vinilo pero bien será otra forma de recordarlo… ¿No?

Afuera llueve…