Hablamos con Lisandro Carcavallo, director de Cemento, el documental, quien comparó el camino a la popularidad de los artistas décadas atrás con la situación actual. Además, Herco Wisky y Maxi Oyarzábal, músicos referentes del circuito emergente, nos explicaron las claves para ganar reconocimiento en el ambiente.

Money, it’s a hit.
Don’t give me that do goody good bullshit.
I’m in the high-fidelity first class traveling set and I think I need a Learjet.

 

La búsqueda del éxito en los artistas emergentes no es un camino sin escollos, eso está claro. Las dificultades que deben sortear constituyen un común denominador para la mayoría de quienes quieran cumplir con esa meta y lo primero que debe tenerse en cuenta es que ese camino es distinto del que era hace treinta años. En ese entonces existían lugares de renombre donde los artistas tenían la oportunidad de darse a conocer, por lo que un buen show podía resultar la llave para potenciales contratos con sellos discográficos. Hoy, ese mecanismo ya no funciona.

Cemento, ese “monstruo rectangular” ubicado en el barrio porteño de Constitución, exactamente en Estados Unidos 1234, que tenía capacidad para mil personas, fue uno de esos lugares icónicos. Sus padres, Katja Aleman y Omar Chabán, le dieron vida en 1985, en el marco de una sociedad que comenzaba a “salir del agujero interior” durante el advenimiento de la democracia. La mordaza y el sufrimiento acumulados durante la dictadura más sangrienta de la historia argentina daban a luz un deseo irrefrenable de levantar el jaque que le habían hecho las fuerzas armadas a los Derechos Humanos. En ese sentido, Cemento fue un sinónimo de libertad de expresión y una guarida de emociones durante mucho tiempo a través del arte en sus múltiples formatos y sus maneras de comunicar.

Por esos tiempos, los artistas que se acercaban al espacio de Chabán y Aleman sabían que estaban encaminados. Como dice Mollo: “era el estadio que todos esperábamos y luego Obras, para la consagración”. Omar, el cerebro de Cemento, se encargaba de agendar las fechas con las bandas, publicitar los eventos, grabar los anuncios radiales y de todas aquellas cuestiones que hoy se conocen como marketing para lograr captar la atención del público. De esta manera, el propio Cemento gestionaba, como institución, la convocatoria y, por su lado, los grupos se encargaban de la difusión de su propio recital. Todo se hacía “a pulmón”: los volantes se armaban a mano, quien los podía fotocopiar lo hacía y luego se repartían por la ciudad en busca de espectadores para el show. Hoy, las bandas se autogestionan por completo: pagan en las salas de ensayo (que muchas veces están en pésimas condiciones y constituyen experiencias nefastas), se responsabilizan por la producción de su material, la divulgación de las fechas, de abonar para tocar en ciertos lugares y hasta se convierte en escencial el rol de un community manager que viralice la información en las redes.

“Cuando yo iba a Cemento en 2001, 2002, agarraba la Guía T, para ver a dónde iba. Ahora se reemplazó por Google Maps, que hasta te dice si la zona es iluminada y si hay un kiosco cerca. Hoy te enterás si una banda toca porque armó un evento en Facebook. En esa época me enteraba de los recitales por los volantes, escuchaba en cassettes: había una búsqueda de verdad”, afirmó Lisandro Carcavallo, director y productor de la película Cemento, el documental. “Si uno quería escuchar una banda es porque te la había recomendado un amigo o porque te pasaron un cassette o un CD copiado, pero la posta era ir a verlos. Era mucho de boca en boca, de comprar el Suplemento Sí! y revistas de rock”, añadió. En cuanto a la escena under, subrayó: “Sigue viva porque los que pateamos ese ambiente la vamos a mantener despierta siempre. Cuando uno está ahí, descubre tanto bandas increíbles, como gente que no puede vivir de eso. Pero yo creo que son otros tiempos. No sé si se le da más o menos importancia al rock o a los artistas emergentes, yo creo que estamos en un período de transición a una etapa muy digital, con otro tipo de herramientas que antes no se hallaba. Creo que desde el mercado hasta el público está viendo de qué forma adaptarse”. Remarcó, también, que hoy el rock está muy mediado por el marketing: “Lo que sí estoy seguro es que Cemento no se llamaba ‘Movistar Cemento’, como se llaman los lugares ahora, eso también influye.”

Presentación de Cemento, el documental en el último BAFICI.

En cuanto a las dificultades de las bandas nuevas para conseguir reconocimiento, el productor planteó: “La periferia, la desesperación que genera el ambiente y la competencia. Además, hay mucha fraternidad, mucha buena onda entre las bandas, pero creo que esta cuestión masiva de información hace que sea muy difícil, tenés que tener determinadas armas para defenderte dentro del ambiente, y tenés que ser constante”, objetó. Otro de los puntos importantes es la burocracia dentro de los ámbitos donde se despliegan las presentaciones de los artistas: que las bandas paguen por tocar es uno de los principales ejes de la discusión. Con respecto al tema, Lisandro afirmó: “Los dueños de los lugares se creen que si las bandas funcionan es porque marcha bien el lugar y es al revés: los lugares funcionan porque se destacan las bandas”.

 En ese sentido, también hablamos con dos músicos del ámbito under: Herco Wisky, cantante de Slenderman, y Maximiliano Oyarzábal, bajista y cantante de Vlad Tepes. Ambos son músicos hace más de una década y gestionan su propio material. Wisky detalló: “Las bandas tienen que tener un mayor conocimiento acerca de cómo se maneja la música. Esto quiere decir que hoy en día es todo plata. Sonar en una radio importante, tocar en un teatro importante y demás se puede, pero hay que invertir mucho dinero, sobre todo en publicidad y difusión”. También explicó: “Si uno quiere crecer como músico, tiene que invertir correctamente en lugar de pagar para tocar en bares. Hay que ofrecer un producto nuevo, distinto, innovador, imagen, canciones, escena e instrumentos y ahí lo empezás a vender”.  Con respecto a las redes, planteó que “son imprescindibles porque la gente vive conectada. Las páginas ya no tienen el mismo alcance que antes y esto es porque los algoritmos de Facebook cambiaron. Ahora te obligan a pagar para publicitar tu contenido, es lógico. Es una plataforma para que vos y un millón de personas más se puedan promocionar”.

En cuanto a la idiosincrasia de abonar por dar un concierto, el cantante indicó que está mal, añadiendo que “en otros países esto no pasa, pero también es cierto que uno como promotor de fechas o productor, entre llamar una banda que junta diez personas y llamar a Miss Bolivia o Leo Garcia o Dread Mar I, opta por lo segundo, porque es un negocio más rentable y sabés que te van a llenar el lugar, aunque sea más chico […] La brecha entre el under y el mainstream es más amplia que antes, porque si ponés 3000 pesos en publicidad, luego viene Maluma o cualquier artista de afuera, invierte 500 mil y vos dejás de existir automáticamente” […] “hay que dejar de esperar que las soluciones caigan de arriba. Hay que ir a tocar puertas y pensar un poco como publicista.” En la misma sintonía, Oyarzábal expresó: “El éxito en este rubro, lamentablemente, tiene que ver con la plata que la banda tenga para invertir. No sólo para ensayar o equiparse, que sería algo racional, sino para participar de algún festival o para sonar en radios con más llegada” […] “Las grandes productoras son las que eligen a qué conjuntos apoyar y a cuáles darle publicidad hasta que uno se aprende las canciones, aunque no te gusten. Y eso es algo muy difícil de combatir, porque no es una cuestión de talento o de creatividad, sino de quién gasta más plata”.

En conclusión, hacer algo distinto a lo que existe dejó de ser el eje. La problemática principal de las bandas emergentes para adquirir popularidad tiene que ver con el dinero: la inversión tanto para la logística, como para formar parte de un festival o tocar en algún espacio con prestigio y la difusión del contenido y las presentaciones. Las nuevas tecnologías definen que todo sea instantáneo y a demanda del consumidor. No existe un Omar Chabán que cumpla el papel de un publicista en los medios y que publique que tu grupo musical va a tocar, adelantando que la entrada cuesta solo tres pesos. Todo queda a cargo de los artistas y de los medios a los que accedan. Seguirán existiendo bandas famosas, claro que sí, lo importante consiste en entender el mercado. “Tarda en llegar y al final hay recompensa”, dijo Cerati. Sí, siempre y cuando dispongas de plata y tiempo.