Que “la aplanadora del rocanrol” es Divididos, no queda duda alguna. Pero no siempre fue así. A 30 años de su debut como banda, revisitan su álbum debut 40 Dibujos ahí en el Piso (1989) sin reediciones: deciden volver a grabarlo de punta a punta. ¿Y ahora?

 

El gran ensayo de encontrar la eternidad

Antes que nada, habría que retomar algunos datos y referencias.
Por un lado, desde la llegada de Catriel Ciavarella en la batería (allá por 2004-2005), se editó un sólo álbum de canciones originales, Amapola del ’66 (2010), con el que venían amagando hacía tiempo. Por ende, hace 8 años que Divididos no edita ningún álbum de estudio y 16 desde el anterior: Vengo del Placard de Otro (2002).
Por el otro, sus dos miembros fundadores, Ricardo Mollo y Diego Arnedo, tienen 61 y 64 años respectivamente. No lo aparentan, claro está (Mollo vive rejuveneciendo y en el fondo Arnedo siempre fue igual), y menos cuando se suben a un escenario y la rompen: Divididos sigue siendo del Top 3 de bandas de rock en vivo -si no la mejor- en Argentina. Y si bien mantienen una altísima frecuencia de shows que duran más de 2 horas, la edad existe, está y es palpable. Esto se trasluce, por ejemplo, en los recitales para niños que dieron en El Teatro de Flores, que si bien puede leerse como la música atravesando barreras de generaciones, también puede apoyarse en la idea que la banda esta compuesta por abuelos copados.
Por ende, es fácil entender que Divididos haya entrado en una etapa de introspección y retrospectiva. Justamente por ser la gran banda que son en un género que pide recambio a gritos, a veces se les exige o critica cuestiones que, en verdad, no tienen asidero. Bien podrían retirarse y no nos quedaría otra que aplaudir de pie mientras cabalgan hacia el ocaso. Pero lejos de entregarse al museo, prefieren continuar activos y lúcidos -con sus tiempos, eso sí, pero presentes.


Waiting for 1989

Con 9 álbumes editados -contando éste-, hoy es fácil decir que 40 Dibujos… no representa realmente a la banda, pero en ese entonces la historia era distinta. Aquel álbum era la representación del post-punk que dejaba la muerte de Luca Prodan, donde Arnedo y Mollo se unieron a Gustavo Collado (en aquel tiempo, ex-baterista de La Sobrecarga) para elaborar el duelo en forma de música. En el álbum siguiente, Acariciando lo Áspero (1991), encontrarían su verdadero sonido gracias a la incorporación del baterista Federico Gil Solá, aunque Collado permanece componiendo y produciendo (incluso posteriormente habría problemas con la autoría del clásico ‘Ala Delta’). Esto hace que 40 Dibujos… posea el lugar de bicho raro en su catálogo discográfico, casi un paso en falso y lejos de ser el preferido de cualquier fanático que conozca a la banda post-Gil Solá.
En una serie de mini entrevistas publicadas por la banda, admiten no estar del todo contentos con 40 Dibujos ahí en el Piso, cuyo resultado atribuyen a que contaban con pocos recursos a la hora de grabar, tanto físicos como creativos. Lo más destacable es que durante las justificaciones que hacen a la grabación de Haciendo Cosas Raras, declaran que “vas elaborando razones a medida que van pasando las cosas (…) Y después caen solas”, quizás desnudando que en realidad todo está propulsado por sentimientos internos. Este sabor a revancha, de rejuvenecer y jugar, es la mejor manera de tomar un álbum que, con todo el trabajo de estudio correspondiente, bien podría asumirse como un enorme show en vivo donde Divididos recuerda sus inicios.

 

Esperas que bang, bang, bang, bang

La principal y significativa diferencia de Haciendo Cosas Raras con 40 Dibujos… se presenta en la canción originalmente instrumental ‘La Foca’, retitulada ‘Caballos de La Noche’, ahora con letra y línea melódica que antes no poseía; quizás el momento más flojo del álbum. También cambiaron el orden de las canciones y ‘Camarón Bombay’ ya no se encuentra subdividido en 3 tracks, sino que aparece una sola vez, despidiendo el álbum.
Así, encontramos canciones que no presentan prácticamente ninguna diferencia con el original mas que en el sonido (‘Che, Que Esperás’ tiene incluso la misma duración de 4:01), la reinterpretación en vivo que venían dándoles históricamente y alguna que otra zapada extra, como en ‘Haciendo Cosas Raras’, que poco difiere de la versión de Viveza Criolla (2000). ‘La Mosca Porteña’ suena rockera y no tan funk, mientras que ‘¿De qué diario sos?’ se acerca mucho más a lo mejor de Divididos que al sonido de la época en la que fue compuesto. Hilando fino, el baterista Catriel Ciavarella, cuyo rol compositivo muchas veces resulta menospreciado debido a la fuerza del dúo Mollo-Arnedo, empodera distintas canciones marcando una diferencia interesante con la performance original de Collado 30 años atrás. Más allá que algunas de estas versiones existían en vivo antes de su llegada a la banda, Catriel tiene mucha información para imprimir en las bases, haciendo de ‘Enciende mi fuego’ una pieza más vertiginosa y de ‘Los Sueños y las guerras’ algo menos electrónico. Es que tdo suena más a power trío que antes y por eso ‘Gárgara Larga’ ya no posee vientos, haciéndola más oscura pero todavía sin superar aquella gran versión de Vivo Acá (2003).

Foto: Prensa

¿Vale la pena?

Lo más interesante es que aunque esté grabado con tecnología, instrumentos y seres humanos del 2018, el álbum nunca pierde la idea estética de finales de los ’80. Suena a un disco de covers porque en el fondo lo es… y no hay nada de malo en eso. Respetuosos con el original, Divididos probablemente esté dándole a Haciendo Cosas Raras un lugar similar a 40 Dibujos ahí en el Piso en su discografía: un bicho raro cuya elaboración le permitió a la banda mantenerse emocionalmente sana haciendo aquello que tan bien hace.
Después de todo, Divididos se ganó la libertad de hacer las cosas raras que se les canten las pelotas.

Recomendados: ¿De qué Diario Sos?, La Mosca Porteña, Enciende Mi Fuego
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Mirá el videoclip de ‘Haciendo cosas raras’: