El calendario se rige por los recitales de Divididos, y en la noche del 27 de diciembre, tuvo lugar el último de 2014. Por suerte, pegado, arranca el nuevo año, y todo sigue.

A las 21 hs. en el Luna Park comenzó y terminó todo. Un ambiente cálido, genuinas sonrisas, sabíamos qué nos esperaba. Un telón blanco separaba el imaginario de la realidad. Las voces y palmas reclamaban eso que nos une, nos convoca y moviliza: «La mejor banda, del rock and roll, es Divididos la puta que lo pario».

Los primeros acordes  de  ‘Un Montón de Huesos’’ comenzaron. La marea que copo el campo del estadio, se agitó. Golpeaba contra el cordón de seguridad que reservaba el escenario, rebotaba y volvía a arremeter. Lo siguieron las canciones ‘Los Sueños y las Guerras’ y ‘Los Hombres Huecos’. De la marea nació una caricia a la banda, un zapatilla de bebe con el nombre “Catriel”, le fue arrojada a Mollo durante ‘Azulejo’, el guitarrista devolvió el gesto completando la canción, utilizando el presente para tocar. Seguido a ese bello momento y volando hasta el calzado de Ricardo, llego un objeto inesperado: una zanahoria. El desafío fue aceptado por el músico, que mostrando sobrada capacidad ejecuto un punteo memorable con esa improvisada púa. Luego siguieron las canciones ‘Que Tal?’, ‘Sábado’ y ‘Perro Funk’.

Un show donde se recordó a los que no están y se celebró la vida con todos los presentes, con la música de Pappo, Sumo, Sandro, menciones a Luis Alberto Spinetta y a la banda El Reloj.  Las canciones fueron: ‘La Rubia tarada’, ‘Debede’, ‘El tren de las 16’, ‘Blues del Atardecer’.

Doble bombo sonando, un ritmo familiar, Catriel de espaldas al público tocando una segunda batería, sobre un escenario giratorio. El sólo continúa y ya no hay dudas de a quien se está recordando cuando arroja las baquetas y continúa tocando salvajemente con las manos. La batería, el ritmo, la invasión de los punteos y acordes de Arnedo y Mollo, ‘Moby Dick’ de Led Zeppelin hace explotar en gritos al Luna Park.

Arrollándonos, un trío clásico y memorable ‘Ala Delta’, ‘Noche de Paz’ y ‘Next Week’, nos obliga a movernos, a saltar y dar lo que nos queda, nuestro último aliento.

La fuerza del concierto nunca menguó, un poder y una energía inmensurable. Fueron tres horas de música, y el deseo que no finalice el espectáculo. Pero llegó a su fin, al igual que el año, por suerte hay Divididos para rato.

 

Por Stefano Ranieri