Jack White está en lo más alto que puede estar un artista hoy día. Es reconocido mundialmente, un éxito comercial, considerado el artista más importante de los últimos tiempos, dueño de su propio sello musical y con un estatus divino donde cualquier cosa que tenga su nombre se transforma en una valiosa pieza de colección. Con todo servido en bandeja y una máquina de éxito que funciona sola, ¿qué va a hacer para su nuevo disco? Arriesgarse. Otra vez.

Well you’re in your little room; And you’re working on something good…
Las canciones fluyen a partir de una reclusión que Jack White se autoimpuso para componer  como Michael Jackson: “en lugar de escribir las partes en los instrumentos o tararear melodías, piensas en ellas; hago todo en mi cabeza, en silencio y en solo una habitación” (sic). Luego, se encarga de la grabación de prácticamente todos los instrumentos (aunque esté acompañado de un batallón de nuevos músicos comúnmente asociados a artistas de pop y hip-hop), estableciendo a Boarding House Reach como un proyecto muy personal.
Si bien el disco es increíblemente moderno, Jack lo encara desde sus orígenes: el tiempo en aquella habitación se graba con cinta en un magnetófono y dos canciones son viejos proyectos que nunca pudo terminar de concretar (‘Over and Over’ de la época de los White Stripes y ‘Ice Station Zebra’ de un fallido intento de colaboración con el rapero Jay-Z)

Mirando hacia adelante con ojos en la nuca
Luego de esta reclusión compositiva old-school, se sentó a la computadora a grabar con sonidos digitales y mezclar con una alquimia sonora de vanguardia. Ambos mundos, el tradicional y el moderno, coquetean continuamente: a veces presentándose en dosis equilibradas y otras tomando la posta en términos de protagonismo y liderazgo. Como en ‘What’s done is done’, una de las canciones más clásicas del álbum, se deja llevar por su estilo de composición característico, pero con pinceladas sonoras del nuevo soul electrónico que se encuentra en boga; mientras que ‘Hypermisophoniac’ es el más lejano a lo que estamos acostumbrados y son los trazos country los que dan sabor ecléctico.
¿La mezcla definitiva? ‘Ice Station Zebra’, con el espíritu propio de algún artista desconocido de los suburbios. ¿La sorpresa? La cantidad de momentos instrumentales y narrados.

What’s Done Is Done
Su nueva criatura es extraña y difícil de clasificar, quizá la nueva gran cosa que siempre estamos esperando tan ansiosos. Dispuesta a no competir directamente con Lazaretto (2014), bien podría definirse como blues-industrial-hiphopero-country-soul, algún engendro residual del inconsciente de Beck en sus años mozos mezclado con su propia experiencia; de cierta manera, una combinación de sus raíces con el mundo urbano moderno.
Este despelote de géneros produce un contraste de vanguardia deliciosamente orgánico, e incómodo para el etiquetador. Porque a pesar de explorar lugares a los que nunca había llegado antes, queda claro desde el minuto uno que se trata de Jack White, con sus riffs, su voz nerviosa y sus acordes en el piano. Su identidad está forjada en hierro y puede viajar a donde quiera elegantemente.

Get in the Mind Shaft
Se necesita más de un intento para verdaderamente entrar en el disco. Un consejo: los auriculares permiten la inmersión correcta. Porque si bien es moderno, no está pensado con la lógica de “lista de Spotify”, sino que todo es parte de una entidad. Su eclectisismo es coherente dentro de su propio universo incluso reproduciéndolo en random, pero mezclarlo con otros artistas hace que las locuras pierdan sentido en la gran imagen: desde la obvia rareza de ‘Respect Commander’ y sus cientos de cambios hasta el hecho de que pocas canciones tienen estribillo –y algunas de ellas son las mejores, como ‘Ice station Zebra’ o ‘Humoresque’-, y que probablemente no haya ningún hit. De primera mano, pareciera un recurso que fuerza al oyente, pero sin embargo todo se siente como parte de una unidad. Y no es poca cosa.

¿Vale la pena?
¿Disco del año? Estamos en Marzo, queda feo. Boarding Reach House es una montaña rusa que te lleva a donde quiere que vayas. Durante el viaje, quizá no se es del todo consciente de lo que está pasando, pero apenas termina queda una sensación extraña y placentera, esa que te hace decir “que discazo”. Los detractores argumentarán que este collage de “nuevos ritmos” van de la mano de la intención de penetrar un mercado de moda a cualquier costo -de ser así, pues… ¡Qué manera de hacerlo!
En una situación donde cualquier artista pondría el piloto automático, Jack se renueva una vez más intentando alcanzar nuevos horizontes y marcar el camino. Es un juego peligroso y es por eso que toda una generación lo ama. No solo porque lo juega, sino porque sus resultados son épicos.

Recomendados: Ice station Zebra, What’s Done is Done, Respect Commander
Escuchá el álbum entero aquí:

Mirá el videoclip de ‘Over and Over and Over’: