La discusión en torno a la primera canción de rock & roll es eterna. Si bien el término fue acuñado en 1952, "That's all right", de 1954, es una de las candidatas principales. Gabriel Grätzer, músico, periodista y fundador de la primera escuela de Blues en Argentina, analiza el fenómeno alrededor del primer sencillo de Elvis Presley.

Hay canciones que producen una ruptura. En la música popular, los factores que hacen de esas obras hechos trascendentales no están necesariamente ligados, como en la música clásica, a la complejidad, a un alto estándar compositivo o a una cuestión estética. Son el momento, la coyuntura o una invisible combinación de elementos los componentes que convierten un tema en un hito.

El dato frío dice que “That’s all right” es el primer sencillo lanzado por Elvis Presley & The Blue Moon Boys en 1954; que la canción fue escrita por el músico de blues Arthur Crudup; y que el tema fue grabado en los estudios Sun, en Memphis. Pero hay una rica historia detrás para entender las razones que hicieron de esta canción, una de las más importantes de la música popular occidental.

Arthur Crudup era un blusero con cierto renombre en la escena de Chicago y, para 1946, llevaba cinco años en el negocio de las grabaciones, trabajando para el sello Bluebird, de Lester Melrose. Aquel año grabó, para la RCA Victor, “That’s all right mama” junto a Ransom Knowling en contrabajo y Judge Riely en batería. Un formato de trío eléctrico, algo novedoso en una época donde aún prevalecían las formaciones acústicas. Aquel registro no le significó un éxito personal, pero para un joven Presley, nacido en Tupelo, Mississippi, no muy lejos de Forest, de donde era oriundo Crudup, la música de este bluesman era fascinante, y lo marcaría para siempre.

Mientras tanto, Memphis, a más de una hora al norte, recobraba, lentamente, la fisonomía que la convirtió en el epicentro más importante de la música afroamericana de los Estados Unidos y que tuvo, en sus calles, bares y teatros una actividad que nunca antes se vivió en ese país. En ese resurgir, el 3 de enero de 1950, en el 706 de Union Avenue, abría sus puertas un nuevo estudio de grabación en la ciudad: Sun Records originalmente llamado Memphis Recording Service. Lo que en un principio Sam Phillips, su creador, concibió como un lugar para grabar demos caseros de aficionados a un bajo costo, pronto se transformó en el lugar donde todas las nuevas figuras iban a buscar fama con sus nuevas canciones: Ike Turner, Joe Hill Louis, Rosco Gordon, B.B. King, Little Milton, Howlin’ Wolf y, fundamentalmente, Rufus Thomas que, con su grabación de “Bear cat” (una especie de respuesta al “Hound dog” de Big Mama Thornton) le aportó el primer gran hit al estudio e ingresos suficientes como para poder mantenerlo abierto. Una fría tarde de agosto de 1953, un Elvis de 18 años entró en las oficinas de Sun dispuesto a grabar una serie de acetatos como regalo para su madre. Eran dos baladas, “My happiness” y “That’s when your heartaches begin”. Tras la sesión, Sam Phillips pidió a su recepcionista, Marion Keisker, que anotara el nombre del cantante. Debajo de la ficha, la propia empleada añadió un comentario personal: “Un buen cantante de baladas”.

Elvis, el día que firmó su contrato con Sun Records.

Para mediados de los 50, algunos cambios radicales se daban alrededor de dos de los géneros más populares de Norteamérica. En 1953, fallecía Hank Williams y el country blanco perdía a su máxima estrella. Mientras tanto, el R&B afroamericano entraba en su etapa de oro instalado definitivamente en Chicago, donde, desde los estudios Chess, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Little Walter, Etta James, entre otros, eran las nuevas figuras. Phillips necesitaba un sonido revolucionario, “un blanco que pudiera cantar como negro”, repetía. Necesitaba de alguien que, además, pudiera dar una imagen nueva, más desenfrenada, cuyo físico y actitud fueran espejo y portavoz de las nuevas formas de pensar de los jóvenes. En junio de 1954, arregló una sesión para aquél cantante de baladas algo tímido que, sin embargo, parecía tener aptitudes diferentes, pero los resultados no fueron lo que buscaba, entonces decidió convocar a dos músicos para rodear al cantante: Winfield “Scotty” Moore en la guitarra eléctrica y al contrabajista Bill Black. El encuentro entre los tres fue el 5 de julio y fue un rotundo fracaso hasta que, por la noche, en un alto en las pruebas de grabación, Elvis tomó su guitarra acústica y se puso a cantar un blues: “That’s all right mama”. Black comenzó a marcar el característico 1 y 3, en quintas, de la música country mientras Moore hacía unos dibujos de finger picking a lo western swing en su guitarra eléctrica. Al pasar por los controles, Phillips los escuchó y preguntó que hacían. Ellos respondieron que no sabían y les sugirió volver a empezar el tema entero mientras él grababa. Había encontrado el sonido que buscaba. Algo nuevo, nunca antes escuchado: una perfecta mezcla de blues y country. Tres días más tarde, Sam le acercó una copia de la grabación al popular DJ de Memphis Dewey Phillips (sin parentesco con aquél), quien le bastó con pasarla en su programa radial de la WHBQ Red, Hot, and Blue una sola vez para los oyentes llamaran constantemente preguntando qué era eso. La insistencia fue tal, que debieron pasar la grabación ¡14 veces! Los oyentes estaban convencidos de que se trataba de un afroamericano, no de un blanco.

A los pocos días, Phillips editó el sencillo bajo el número de catálogo “Sun 209”. La etiqueta decía That’s All Right (omitiendo el “mama” del título original). El éxito fue tan grande que pronto Phillips se vio desbordado en la demanda de las tiendas de música por comprar más copias del sencillo (sólo en su primera tirada agotó 20 mil copias). Finalmente, en febrero de 1955, vendió el contrato de Presley en la cifra récord (para entonces) de 35 mil dólares al famoso Tom Parker, quien se convirtió en manager del joven de Tupelo y lo hizo firmar con RCA Victor.

Sam Phillips ya había encontrado en otros jóvenes como Johnny Cash, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis o Roy Orbison continuadores de Presley, y lo logró porque había comprendido la raíz del sonido del “That’s all right”: cadencias melódicas y estructuras de blues con su característica vuelta de 12 compases, el “turn around”, el uso de las notas menores pero añadiéndole la típica marcación del acento del country en el 1 y 3 en el contrabajo mientras la subdivisión podía ser tanto ternaria (predominante en el R&B) como binaria (más común en el country). Nacía el rock & roll, esa mixtura de estilos cuyas raíces eran comunes gracias a la música folclórica (las danzas, baladas, reels, jubilees, waltzes, polkas, etc.) que los colonizadores europeos habían llevado a los Estados Unidos y que, en el desarrollo de cuatro siglos había tomado diferentes caminos conforme fue absorbida por los afroamericanos o por los blancos.  Pero, para mediados de los ’50, volvían a encontrarse y era un sonido con una impronta que resultaba del gusto popular. Era una idea nueva que se construía sobre las viejas bases y que lograba derribar las barreras estilísticas segregacionales para convertirse en un todo.

Desde la izq.: Presley, Black, Moore y Phillips.

Otros músicos como Little Richard, Chuck Berry o Jerry Lee Lewis marcaron pautas musicales más influyentes, lineamientos instrumentales más definidos y líricas más profundas a la hora de determinar qué canción marcó el inicio del rock & roll. De hecho, muchos otros temas pueden ser considerados arquitectos del género como algunas grabaciones de gospel de los 30 de Sister Roseta Tharpe, ciertas obras de down home blues de los 40 registradas por Big Bill Broonzy y Muddy Waters o temas puntuales como “Rocket 88”, de Jackie Brenston (1951), “Lawdy Miss Clawdy” de Loyd Price (1952), o, más aún, un éxito mundial como “Rock around the clock” de Bill Haley (1954), por citar unos ejemplos.

Que Elvis fuera blanco es un dato importante, teniendo en cuenta que su incipiente forma de rock & roll era notablemente más negra que, por ejemplo, la de Haley. Elvis tenía, sin dudas una cara muy atractiva para los cánones de la época, más que Price o que Rufus Thomas. Se contorneaba, era sensual y salvaje.  Seguramente, el rock & roll nació tras aquel “That’s all right” porque su cuerpo y su mente adolescente lograron encarnar los trazos musicales patentados con anterioridad por los músicos negros. “That’s all Right” abrió puertas a los afroamericanos que de otra forma hubieran permanecido cerradas, porque los problemas raciales en la sociedad comenzaron a manifestarse con crudeza conforme los músicos afroamericanos ganaron en exposición nacional en un contexto en el que comenzaba a irrumpir con fuerza la televisión. Sin embargo, cierto malestar radicó en la creencia de que los blancos robaron una idea musical folclórica ajena y luego se quedaron con el crédito. Mientras tanto, para los jóvenes blancos de esa generación, lo impactante fue cómo uno de los suyos podía encarnar tamaña rebelión, justamente, a partir de una música que era propiedad de una parte discriminada de la sociedad.

Muchos pensaron que Elvis era apenas una moda pasajera, una cara bonita cantando el ritmo del momento como lo habían sido, décadas antes, el ragtime, el fox-trox, o blues de vaudeville. Pero no, porque gracias al primer sencillo de Presley, el género derribó las barreras de la segregación racial. El rock & roll pudo haber comenzado antes, pero “That’s all right” significó la ruptura de un orden, por eso cambió la historia.