¿Cómo puede una canción sonar vigente casi treinta años después de su aparición? Repasamos los orígenes del hit de Rage Against The Machine, que a diferencia de otros temas de la época que se convirtieron en clásicos (lo que no es poco, claro), sigue siendo tan actual como en 1992.

Díganme un artista que se anime hoy, cuando todo lo que digas puede ser usado en tu contra, a coronar la portada de su primer disco con la imagen de un monje budista inmolándose en el fuego en todo su esplendor gráfico. ¿O a quién se le ocurriría lanzar su primer single con un estribillo que grita a garganta pelada ¡16 veces! “Fuck you I won’t do what you tell me / Andate a la mierda, no voy a hacer lo que me digas”? Cuatro palabras: Rage Against The Machine. Para el millenial desprevenido, se trata de una de las bandas de rap/funk/metal más cargadas e incendiarias que dio el siglo XX; una que mordía, que te hacía temblar e inducir en un auténtico estado de rabia. Una banda corajuda. En el panorama político global actual, 26 años después de su lanzamiento, “Killing in the name” sigue sonando más furiosa y vigente que nunca. ¿O me van a decir que “Basket Case” de Green Day -con todo el respeto que merece- sigue siendo un himno de la actualidad?

Para empezar, la génesis de “Killing in the name” se dio de una forma bastante casual: mientras Tom Morello estaba dando una clase sobre afinar las cuerdas de una guitarra en re, técnica que proporciona al instrumento un sonido mucho más denso y pesado, tiraba riffs para dar ejemplos y solito fue encontrando el que sería la base de “Killing…”. Al darse cuenta de que estaba escarbando sobre una posible mina de oro sonora, rápidamente detuvo la clase para grabar ese proto-riff en su grabador portátil para luego trabajarlo en los ensayos con el resto del grupo. Por otro lado, las líricas fueron fuertemente inspiradas por el clima político caldeado de la época, donde la violencia racial se cobró la vida del motorista afroamericano Rodney King en manos de cuatro oficiales de la Policía de Los Ángeles en marzo de 1991. Zach de la Rocha (líder mercurial de la banda), cuya conciencia social fue heredada por su padre (un político chicano) y su abuelo (un revolucionario mexicano), no podía callar más y escupió toda su furia y su veneno repitiendo aquel mantra contestatario que abre la canción: Some of those that work forces / are the same that burn crosses (Algunos de los que trabajan para las fuerzas / son los mismos que queman cruces).

El grupo no tardó en captar la atención de varias discográficas tras algunos shows, y al momento de tocar su himno hereje en su mugrienta sala de ensayo en San Fernando Valley frente a ejecutivos de Atlantic Records, no pudieron evitar preguntarse temerosamente: “¿De verdad quieren ir hacia esta dirección?”. Sorprendentemente, los RATM no creían que lanzar “Killing…” como su primer single fuera una buena idea. Michael Goldstone, representante de Atlantic, les pidió como condición que eliminaran dos secciones de la canción porque consideraba que era muy larga. La banda, fiel a su estilo, lo mandó a la mierda.

“Era tan tan difícil de tragar para los estándares de un single promocional que durante su circulación radial la editaron a más no poder, diluyendo su espectacular mixtura de metal, rap y los efectos sonoros de ciencia ficción que serían marca registrada de la idiosincrasia como guitarrista de Morello”

Como suele suceder con los clásicos de culto, “Killing in the name” no se convirtió en un hit instantáneo al momento de su lanzamiento en noviembre de 1992. La versión sin censura era tan difícil de tragar para los estándares de un single promocional que durante su circulación radial la editaron a más no poder, diluyendo su espectacular mixtura de metal, rap y los efectos sonoros de ciencia ficción que serían marca registrada de la idiosincrasia como guitarrista de Morello. De hecho, el propio guitarrista se atajaba a la idea de que la banda fuera “exitosa”. Lo que no se esperaba fue que, si bien en su país de origen eran fuertemente incomprendidos, en el territorio europeo la visceralidad de su sonido fue mejor acogida, alcanzando el puesto 26 en los charts británicos.

Increíblemente, entre las múltiples repercusiones que tuvo “Killing in the name” con el paso de los años (desde ser homenajeada por bandas como Phish e Infected Mushrooms hasta ser la cortina de cierre de los shows del comediante-provocador Bill Hicks), la más bizarra y controversial de todas fue el uso que le dieron como elemento de tortura en Guantánamo. El grupo, al enterarse de que su canción -que es un alegato contra las fuerzas represoras- fue usada para tan horribles fines, procedió a hacer una demanda legal pública contra el Departamento de Estado (aquí pueden leer sobre la campaña Close Gitmo Now donde tanto RATM como Pearl Jam, Nine Inch Nails y REM expresaron su disgusto por el uso indiscriminado de sus canciones en Guantánamo). Lamentablemente, tal como anticiparon proféticamente los Crickets, ganó la ley. Pero para amenizar semejante gusto amargo de derrota, los RATM tuvieron su victoria poética contra el establishment cuando “Killing in the Name” destronó a una balada melosa y apta para todo público parida en el seno del show de talentos The X Factor llamada “The Climb” (aquí pueden escuchar la versión) del chart británico usurpando el puesto Nº1 durante las vísperas de Navidad de 2009, tras una campaña impulsada en Facebook por unos fans londinenses. Gracias al éxito rotundo de la campaña, RATM donó todas las ganancias que obtuvieron por las ventas del single a ONGs e hicieron un recital gratuito en Finsbury Park en Londres en agradecimiento a todos sus fans.

En una entrevista hecha a Tom Morello por la revista SPIN, hasta el día de hoy sigue sorprendido por el poder de permanencia que ostenta su propia creación: “En una de las primeras paradas de nuestra gira por Sheffield o Manchester, fui a un club con nuestro tour manager”, recuerda. “Mientras estábamos parados ahí, estaban pasando ‘Killing in the Name’ al palo, y la gente estaba como loca. [El tour manager] me dijo, ‘ustedes pueden llegar a escribir mejores canciones, más sofisticadas, pueden hacer discos que sean más críticamente aclamados, pero tengo la sensación de que esta canción es una canción por la que la gente los va a recordar de acá a 20 años’. Y en el momento, pensaba, ¿de acá a 20 años? ¿Quién se va a acordar de algo de lo que estemos haciendo?”

Las grandes canciones, aquellas que sobreviven al paso del tiempo pese a que fueron a contramano del censo popular de su época, lo hacen porque su mindset es universal y no se limita únicamente a pintar un fresco de los eventos en que fue concebida. “Killing in the name” se vuelve esencial porque sus temas siguen siendo relevantes hasta hoy: la violencia institucional, la discriminación, la persecución ideológica y las consecuencias que conllevan pelear por sus ideales. En retrospectiva, Tom Morello admite que probablemente sea la canción más importante del disco: “Ha tomado una vida propia que está realmente separada de Rage, se ha convertido en uno de los himnos rockeros rebeldes para la gente que está en primera línea tratando de cambiar el mundo. Frederick Douglas, un esclavo liberado que se convirtió en abolicionista, escribió en su autobiografía: ‘El momento en que me liberé no fue cuando me liberaron físicamente de mis cadenas, el momento en que me liberé fue cuando el amo dijo sí y yo dije no’. ¡Y de eso se trata la canción! Se trata de hacer frente a la autoridad ilegítima dondequiera que asome la cabeza. A veces pueden ser los padres, la escuela, el lugar de trabajo o el gobierno. Ese ‘andate a la mierda, no haré lo que me digas’ resuena en muchos niveles”.

Y por si no les queda claro, el bueno de Zack te lo remata gritándote en la jeta, motherfucker. Eso sí es cerrar una canción.