La escena indie tiene una nueva protegida llamada Courtney Barnett, quién,  después de un contundente debut, algunos EP’s y una colaboración con el cantautor Kurt Vile, edita un segundo disco cargado de expectativas. Pero en un mundo lleno de tags y subgéneros, Courtney solo quiere hacer canciones. Y nada va a detenerla en un viaje que se torna progresivamente más oscuro.

Foto: Pooneh Ghana

Crippling Self Doubt and a General Lack of Self Confidence

Es increíble lo mucho que llegó a cotizar Courtney en tan poco tiempo. No porque con su disco debut no  mereciera transformarse en una sensación internacional, pero pasó de ser artista de culto a ícono contemporáneo de un género en casi un instante. Aunque no es algo dogmático, este tipo de situaciones suelen someter al artista en algún que otro tipo de crisis que afecta la producción de su segundo disco, debido al cambio brusco de dinámica que implica volverse famoso. Pero, en este caso, la geografía está de su lado -o del nuestro. Courtney es Australiana, y por más grande y populoso que pueda considerarse al país oceánico, la “fiebre Courtney” sin duda será más ligera y controlable que en urbes mediáticas estadounidenses o del mainstream europeo, lo que le permite a Courtney mantener esa canchera serenidad que la caracteriza a la hora de la música.

No tag for you

En su primer disco Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2015) era fácil compararla con Elástica o The Breeders (quienes curiosamente participan haciendo coros en su nuevo disco y han regresado al ruedo como banda este 2018), mientras que Tell me how you really feel suena más a una combinación de Pixies y Lou Reed, quizás con alguna que otra pincelada de lo más lúcido de Sheryl Crowe.
Esta vez Courtney se concentra en la canción intimista de matices oscuros, con disonancias sueltas y un gran trabajo de melodías. Su interpretación suena fresca y auténtica: realmente se siente que está haciendo lo que quiere hacer, siendo este el punto más fuerte del álbum. No hay grandes artificios, simplemente una guitarra (eléctrica, eso sí) y cosas para decir. Y cada vez que parece que va a explotar hacia algún otro género, redirecciona natural y orgánicamente a su mundo cancionero, poseedor de un sonido familiar que ya escuchaste alguna vez: porque incluso si nunca lo hiciste, genera esa sensación. Esto también hace que el disco sea parejo, sin demasiadas sorpresas en la segunda mitad y donde durar poquito más de media hora casi asoma como una virtud.

White People Problems

Si ves que tu revista amiga con reseñadores de habla inglesa lo elige como uno de los 3 mejores discos del año y no te cierra, ahora vas a saber por qué. Quienes no se lleven del todo bien con el inglés, pueden pensar que la figura de esta muchacha está rodeada de humo -y tendría sentido que lo hagan. Sucede que su poesía la volvió una especie de fetiche para los medios especializados en indie gracias a sus reflexiones sarcásticas sobre una cotidianeidad algo depre y metáforas simples pero efectivas.
Desde títulos geniales en el track más visceral del disco como ‘Im not your Mother, I’m not your Bitch’ ["No soy tu mamá, no soy tu puta”] o parodias grunge como ‘Nameless, faceless’, -sin duda vinculado a ‘Endless, Nameless’ de Nirvana ya que esta canción bien podría ser una versión light de ‘Aneurysm’-, hasta frases post-fama, como “los amigos te tratan como un extraño/los extraños te tratan como su mejor amigo” o un buen análisis del tipo “Quiero caminar en el parque de noche/los hombres temen que las mujeres se rían de ellos/las mujeres temen que los hombres las maten/sostengo mis llaves entre mis dedos”, sin duda refresca la escucha mainstream de una escena que muchas veces peca de ejercer una psicodelia poética que no le corresponde.

Foto: Pedro Paredes

¿Vale la pena?

Courtney es una artista que podría ser una estrella punk, de garage o incluso jazz lounge. Pero decide hacer la suya.
Muchas veces lo que se escribe  puede contrastar con el audio, porque si bien este artículo tiene frases elogiosas por doquier, también es posible que se sientan exageradas porque no deja de ser un disco muy parejo en lo musical. El viaje melódico que Courtney propone exige una identificación con su timbre sensible y sonoro, que por suerte se da a la primera escucha o no se concreta, como ocurre con muchos artistas sinceros.
Después de todo, es solo un disco de lindas canciones narradas con desparpajo. Bueno, solo eso y todo eso a la vez.

 

Recomendados: ‘Hopefuleness’, ‘Nameless Faceless’, ‘I’m not your Mother I’m not your Bitch’
Escuchá el disco completo:

Mirá el videoclip de ‘Need a Little Time’: