¡Garage, bienvenido de nuevo al estudio! El arte de tapa del debut de Courtney Barnett, desprolijo y hecho a mano, es una muestra de su espíritu. La australiana vomita las canciones: escupe descripciones mundanas que nacen de su propia experiencia como joven de una ciudad cosmopolita, manteniendo vigente esa impronta inmediatista del rock & roll que a veces es olvidada o limitada injustamente al punk. Así,  Sometimes I sit and think, and sometimes I just sit se erige sobre una base clásica de dos guitarras, bajo y batería cuyo sonido dota al viejo rock de cochera de una frescura necesaria.

Las letras de Barnett son crónicas que satirizan las situaciones urbanas cotidianas, desde despertarse y caminar al trabajo hasta el dilema de comprar vegetales orgánicos o no, pasando por ahorrarse veintitrés dólares a la semana por haberse comprado una cafetera. En ese sentido, ‘Elevator operator’ y ‘An illustration of loneliness’ tienen una cadencia que parece acompañar los pasos avivados de un pibe que recorre la ciudad en zapatillas. Al mismo tiempo, hay momentos en los que esta ironía exhibe su lado más depresivo, como el blues de siete minutos ‘Small poppies’, ‘Depreston’, cuyo título se explica por sí mismo, o la oscura ‘Kim’s caravan’.

Salvo esas excepciones, como en una buena banda de garage, la mayoría de los temas de son guitarreros, explosivos y cortos al pie, con punteos interesantes pero sin solos. El hit ‘Pedestrian at best’, primer simple del álbum, es quizá su mayor exponente: apenas arranca, los cuatro instrumentos se funden en un estallido perfecto que no deja en paz al cerebro. Rápidamente se suma una voz furiosa y rapera que inunda la mente de palabras y el oyente realmente se siente cagado a trompadas por la canción. Al final, luego de tanto ajetreo, ‘Boxing day blues’ es una especie de epílogo acústico como para irse a dormir luego de escuchar el disco.

Que Sometimes I sit… sea una obra cruda y gritona, hecha a partir una formación tradicional (que hoy se podría tildar de minimalista) sin adornos barrocos ni trabajo obsesivo en el estudio no niega necesariamente un resultado pulcro y meticuloso. Courtney Barnett logra amigar dos instancias comúnmente opuestas: la pureza y calidez de la música casera hecha a mano y la producción, naturalmente más fría y cerebral. Pero nada de llamar indie rock a esta forma de hacer las cosas. Esto es solamente rock.

 

Sello: Marathon Artists
Duración: 43′
Destacado: ‘Pedestrian at best’